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Inflación proyectada en 3,7% para 2026: leve presión, pero expectativas siguen ancladas

La previsión de los agentes económicos se ubica ligeramente por encima de la meta del Banco Central, aunque se mantiene estable en el mediano plazo. El escenario refuerza la percepción de una economía bajo control, pero con señales de presión en el corto plazo.

24 Abril de 2026
24 Abril de 2026
Proyección de inflación.
Proyección de inflación. Imagen de referencia.

Las expectativas de inflación en Paraguay comienzan a mostrar un leve ajuste al alza. Según la última Encuesta de Expectativas de Variables Económicas (EVE) del Banco Central del Paraguay, los agentes proyectan que el índice de precios cerrará 2026 en torno al 3,7%, una cifra que se ubica ligeramente por encima de la meta oficial del 3,5%.

Más allá de este ajuste, el dato clave está en la estabilidad: para 2027, los próximos 12 meses y el horizonte de política monetaria, las expectativas se mantienen en 3,5%, lo que refleja un alto nivel de confianza en la capacidad del banco central para mantener el control de precios en el mediano plazo.

En el corto plazo, sin embargo, aparecen señales de mayor presión. Para abril se espera una inflación mensual de 0,6% y para mayo de 0,5%, niveles superiores a los registrados en periodos anteriores, lo que sugiere un repunte moderado en la dinámica de precios.

Este comportamiento responde a múltiples factores: ajustes en precios regulados, dinámica del consumo y condiciones externas que todavía generan volatilidad. No obstante, el hecho de que las expectativas se mantengan ancladas indica que el mercado no anticipa desbordes inflacionarios, sino más bien una transición dentro de márgenes controlados.

El escenario macroeconómico acompaña esta lectura. Las proyecciones de crecimiento económico se mantienen en torno al 4,2% para 2026, mientras que la tasa de política monetaria se mantendría estable en 5,5%, lo que refuerza la idea de una economía en expansión, pero bajo vigilancia monetaria.

En términos económicos, una inflación en torno al 3,7% no representa una señal de alarma, pero sí marca un cambio respecto a meses anteriores donde las expectativas estaban plenamente alineadas con la meta. El desafío para la política económica será sostener ese anclaje en un contexto donde el consumo, el tipo de cambio y los precios internacionales comienzan a mostrar nuevas tensiones.

Así, más que un problema inmediato, la inflación proyectada se convierte en un indicador de equilibrio: una economía que crece y consume, pero que debe seguir administrando cuidadosamente sus variables para evitar desajustes en el mediano plazo.

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