Girasol: la nueva alternativa que busca arraigarse en el Chaco paraguayo
En los campos del Chaco paraguayo empieza a germinar la idea del girasol como opción productiva seria. Lo que hasta ahora se consideraba una experiencia piloto está ganando terreno entre agricultores que apuestan por rotaciones de cultivo y diversificación ante los vaivenes climáticos y de precios que afectan a los rubros tradicionales como la soja o el algodón.
Este año, se estima que se sembrarán unas 200 hectáreas de girasol en extensiones chaqueñas bajo evaluación, para ver cómo responde la planta en suelos sueltos, de clima exigente y variaciones hídricas. Hernán Fernández, asesor agropecuario, destacó que el girasol tiene una raíz pivotante capaz de penetrar más de dos metros, lo que le da ventaja en suelos profundos y secos.
Un punto fuerte del girasol es su resistencia: aunque enfrenta insectos, aves como palomas o cotorras que pueden causar pérdidas, su rusticidad le permite tolerar adversidades que otros cultivos no soportan. También su adaptación en sistemas de secano (sin riego) lo hace atractivo en partes del Chaco donde el agua escasea.
El mercado internacional impulsa ese interés. Si bien el girasol en grano tiene demanda, el aceite de girasol es el producto de exportación más codiciado, con mercados firmes en Europa central e India. Estados como Ucrania y Rusia concentran cerca del 80 % del comercio global del aceite, lo que abre oportunidades para países como Paraguay si logran calidad, escala y logística eficientes.
Oportunidades y contexto regional
La introducción del girasol en el Chaco ocurre en un momento clave: la región enfrenta retos climáticos crecientes (sequías, estrés hídrico), y los agricultores buscan cultivos menos exigentes, que ofrezcan retorno económico sin requerir insumos exorbitantes. En ese marco, el girasol aparece como alternativa estratégica.
Además, su combinación con otros cultivos de invierno o de cobertura puede mejorar la salud del suelo, ayudar en rotaciones y reducir la dependencia de monocultivos. Algunos productores ya lo siembran luego de rastrojos de trigo, aprovechando humedad residual.
En términos de mercado, existen desafíos para consolidar la cadena de exportación de aceite, especialmente en calidad, certificaciones y transporte. No basta con producir; es necesario contar con plantas procesadoras, logística para exportar y estándares que compitan internacionalmente. Paraguay tiene banca en esto si logra coordinar políticas, infraestructura y asociatividad.
Desafíos que deben superarse
Uno de los principales obstáculos es la depredación por aves durante la etapa de maduración. Las pérdidas pueden ser importantes si no se aplican medidas de control.
Otro reto es la variabilidad climática. La siembra del girasol en secano depende mucho del momento oportuno de las lluvias; si éstas no acompañan, puede no llegar a buen rendimiento. En algunos casos, las temperaturas altas o eventos extremos (granizo, estrés térmico) afectan plantas en etapas críticas.
Falta de experiencia local también pesa. Dado que el cultivo es relativamente nuevo en la zona, todavía hay pruebas que experimentar en cuanto a fechas de siembra, densidad, fertilización y manejo integrado de plagas. La curva de aprendizaje será determinante para ver si se escala.
Finalmente, el acceso a financiamiento, mercados formales y cadenas de procesamiento juegan un papel clave. Sin planta de aceite cercana, sin transporte adecuado o sin compradores definidos, el cultivo podría quedarse en la escala experimental.
Si los productores —apoyados por instituciones, investigación y políticas públicas— pueden afrontar los riesgos, la diversificación agropecuaria con girasol puede convertirse en una vía para mejorar ingresos, reducir dependencia de monocultivos y hacer al Chaco más resiliente frente al clima.