El ingeniero zootecnista Matías Moraña analizó el inicio del año 2026 para la ganadería regional y destacó un escenario internacional favorable, con tendencias alcistas en los precios del kilo vivo y una demanda sostenida de proteína animal, especialmente para los países exportadores del Mercosur como Paraguay, Argentina, Uruguay y Brasil. No obstante, advirtió que este contexto de oportunidades viene acompañado de desafíos que obligan a los productores a mejorar la eficiencia, incorporar tecnología en los procesos y planificar con mayor precisión, especialmente en un contexto de costos de insumos estables o a la baja.
Al referirse al impacto del calor en los animales, Moraña explicó que bovinos y ovinos son animales homeotermos, capaces de regular su temperatura corporal, pero a un costo energético elevado cuando las condiciones ambientales son extremas. Ese gasto energético extra se traduce en menor energía disponible para producir carne, leche o reproducción, afectando directamente la productividad. En este sentido, subrayó que garantizar sombra y agua de calidad es una de las medidas más simples y efectivas para mejorar el confort térmico, reducir el estrés calórico y sostener el consumo voluntario de forraje.
El especialista detalló que el estrés por calor se manifiesta rápidamente en la producción, con caídas en el consumo, menor ganancia diaria de peso y reducción en la producción de leche, y alertó sobre impactos más profundos en la reproducción. Según explicó, la falta de sombra puede generar pérdidas de hasta un 10% en preñez, lo que representa un impacto económico significativo para los sistemas de cría. Además, indicó que existen diferencias según razas y sistemas productivos, destacando que las razas con mayor influencia cebú muestran mayor tolerancia al calor, mientras que en sistemas a corral es clave ajustar las dietas hacia alimentos más digestibles o "dietas frías" para evitar aumentos excesivos de la temperatura corporal.
Finalmente, Moraña advirtió que las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas, por lo que el productor debe anticiparse y no actuar de manera reactiva. Recomendó planificar el verano con potreros que aseguren sombra y aguadas, disponer de forraje de buena calidad en momentos críticos y evitar movimientos, encierres o trabajos sanitarios en horarios de altas temperaturas. El estrés generado por estas prácticas, explicó, no solo impacta en el momento, sino que deja secuelas a mediano y largo plazo, afectando la condición corporal y los índices reproductivos del rodeo, en un contexto donde cuidar al animal es clave para sostener la eficiencia productiva.
Fuente: Megacadena.