Paraguay acumula casi dos décadas de estabilidad macroeconómica. Sin embargo, ese desempeño no se traduce en mejoras sostenidas en los ingresos reales de la mayoría de los hogares. Para buena parte de la población, cubrir las necesidades básicas sigue siendo un desafío cotidiano.
Para dimensionar esta realidad, conversamos con tres casos representativos.
El primero es el de una pareja con ingresos considerados por encima del promedio. Antonio es profesional independiente y percibe más de G. 6 millones mensuales, mientras que su esposa, Carmen, licenciada en enfermería, trabaja en doble turno: uno en el Ministerio de Salud y otro en el IPS.
En conjunto, el hogar supera los G. 12 millones mensuales. Sin embargo, la estabilidad es frágil. Antonio trabaja bajo contrato, sin beneficios sociales, una situación común en el sector privado.
La pareja tiene tres hijos que asisten a un colegio de nivel medio. Solo en cuotas y transporte escolar destinan unos G. 2 millones al mes. A esto se suman G. 2,5 millones por un vehículo y otros G. 2,5 millones en alquiler. En total, estos compromisos fijos alcanzan los G. 7 millones.
El gasto en combustible y alimentación ronda los G. 3 millones, en un contexto de constante aumento de precios. El consumo también se ha ajustado: el asado pasó de ser semanal a quincenal, con cortes más económicos.
Además, la familia paga un lote, ayuda a un familiar y mantiene cuotas por electrodomésticos. Con todo, los ingresos apenas alcanzan para cerrar el mes.
La pregunta es inevitable: ¿cómo sobrevive un hogar con salario mínimo? Con ingresos cercanos a G. 3 millones, cubrir lo básico resulta prácticamente imposible.
El segundo caso es el de Marcos, funcionario del Poder Judicial, soltero y sin hijos, con ingresos de G. 7 millones mensuales. Según relata, depende del crédito para sostener sus gastos cotidianos.
El tercer caso es el de Teresa, adulta mayor que subsiste con G. 700.000 mensuales de un subsidio estatal. Su economía se basa en ajustes permanentes para cubrir necesidades mínimas.
Poder adquisitivo en retroceso
Una parte importante de la población carece de poder adquisitivo suficiente y recurre al endeudamiento para sostener un nivel básico de consumo.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) publica mediciones de desigualdad en la distribución del ingreso, basadas en la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) para el periodo 2022-2025. Estos datos permiten analizar la situación a nivel nacional, por área urbana y rural, así como por departamentos.
Las últimas actualizaciones metodológicas incorporan el valor monetario del almuerzo escolar dentro del ingreso familiar, en el marco del programa "Hambre Cero". Este ajuste sigue la misma lógica aplicada previamente al desayuno escolar, al considerarse ingresos en especie relevantes para los hogares.
Si bien esta inclusión mejora la medición técnica, también introduce debates sobre la percepción real del ingreso disponible.
Una mejora macro que no alcanza
Los datos muestran una paradoja persistente: crecimiento económico sin mejoras proporcionales en el bienestar.
A pesar del desempeño macroeconómico, cerca de un millón de paraguayos no accede a tres comidas diarias. Menos del 1% de la población percibe ingresos superiores a G. 15 millones, mientras que el salario mínimo continúa rezagado frente al costo de vida.
Debate sobre el salario mínimo
Esta semana se analizó en audiencia pública un proyecto de ley para modificar el mecanismo de cálculo del salario mínimo, actualmente ajustado según la variación anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC).
Representantes de sectores públicos y trabajadores coinciden en que este sistema resulta insuficiente. Con una inflación interanual del 1,9% al mes de marzo, el ajuste proyectado sería de apenas G. 55.082 sobre el salario mínimo vigente de G. 2.899.048.
Un ajuste insuficiente
La economista Verónica Serafini ha sostenido de forma reiterada que el salario mínimo en Paraguay no cubre la canasta básica y que los ajustes resultan insuficientes.
Entre sus principales observaciones se destacan:
- Los reajustes basados en la inflación llegan tarde y no reflejan el costo real de vida.
- El salario mínimo no permite cubrir las necesidades de una familia promedio.
- Existen brechas importantes, como en el caso del trabajo doméstico, donde los ingresos son menores al mínimo general.
En 2023, Serafini calificó un aumento de G. 130.065 como "útil hace diez años", evidenciando el rezago entre ingresos y precios.
El problema de fondo no es la falta de crecimiento, sino su distribución. Mientras la macroeconomía muestra estabilidad, los hogares enfrentan una presión creciente sobre sus ingresos. La distancia entre indicadores y realidad cotidiana sigue ampliándose, planteando un desafío estructural para la política económica y social del país.