Visita de ingeniero mexicano

El maíz entra en carrera global: producir más con menos, el nuevo desafío del agro

Expertos advierten que la demanda mundial obligará a duplicar la producción hacia 2050. En Paraguay, el foco se desplaza hacia eficiencia, tecnología y rentabilidad como claves para competir.
Ingeniero agrónomo mexicano Ernesto Cruz González. Gentileza.

El negocio del maíz está entrando en una nueva etapa marcada por una presión global creciente: producir más, pero con menos recursos. La ecuación ya no es solo agronómica, sino económica. Y en ese escenario, Paraguay aparece con potencial, pero también con desafíos estructurales que definirán su competitividad en los próximos años.

Durante la feria Innovar 2026, uno de los principales eventos del agro en el país, el ingeniero agrónomo mexicano Ernesto Cruz González —referente mundial en altos rendimientos— planteó un diagnóstico que reconfigura el mapa productivo: la demanda global de maíz crece a un ritmo muy superior al de la producción. Mientras el rendimiento avanza en torno al 38%, el consumo lo hace al 77%.

La consecuencia es directa: para abastecer el mercado mundial, será necesario duplicar la producción de maíz hacia 2050.

Lejos de ser solo una advertencia, el planteo abre una oportunidad para países agrícolas como Paraguay, que ya han demostrado capacidad de expansión y adaptación tecnológica. Sin embargo, el salto productivo requerido no podrá sostenerse bajo los esquemas tradicionales.

El cambio clave pasa por la lógica económica del cultivo. "El verdadero costo a reducir es el de la tonelada producida, no el costo por hectárea", fue uno de los conceptos centrales expuestos en la feria. Este enfoque redefine la toma de decisiones: ya no se trata de gastar menos, sino de producir más de manera eficiente, diluyendo costos a través de mayores rendimientos.

En ese contexto, la productividad deja de ser un objetivo técnico aislado y se convierte en una estrategia de negocio. El productor competitivo será aquel que logre maximizar toneladas por hectárea, mejorar la fertilidad del suelo y sostener la rentabilidad en un entorno cada vez más exigente.

El desafío no es menor. El mercado global impone nuevas condiciones: estándares más altos de calidad e inocuidad, mayor competencia internacional, distorsiones por subsidios en países desarrollados y un entorno climático más incierto, con impacto directo en rendimientos y costos.

A esto se suma una restricción creciente de recursos —suelo, agua, insumos— que obliga a repensar los sistemas productivos desde una lógica de eficiencia integral y sostenibilidad.

Para Paraguay, el momento es estratégico. El país viene consolidando su perfil como productor agrícola competitivo, con incorporación de tecnología, genética e innovación en los últimos años. Pero el salto hacia una agricultura de alto rendimiento requerirá algo más que inversión: implicará cambios en la gestión, en la planificación y, sobre todo, en la mentalidad productiva.

De hecho, uno de los puntos más enfatizados por los especialistas es que la principal barrera no siempre es tecnológica, sino cultural. La adopción de sistemas de alto rendimiento exige asumir riesgos, trabajar con información y tomar decisiones más complejas en cada ciclo productivo.

En ese escenario, espacios como Innovar se consolidan como plataformas clave para acelerar esa transición, conectando tecnología, conocimiento y negocios en un sector que sigue siendo el principal motor de generación de divisas del país.