Alejandro Zuccolillo, el joven empresario que materializa el hogar de toda una generación
En economía existen indicadores que no siempre figuran en los informes oficiales, pero que dicen más que una tabla del Banco Central. Uno de ellos es el movimiento de los "ladrillos". La construcción, el acceso a la vivienda y el desarrollo inmobiliario han sido históricamente un termómetro silencioso de la salud económica de un país. Y en Paraguay, este termómetro marca una tendencia clara: una nueva generación que, ante la falta de oportunidades tradicionales, decidió diseñar su propio camino hacia la propiedad, el ahorro y la inversión.
En ese contexto aparece ZUBA, un modelo habitacional que no responde al esquema clásico de inmobiliaria ni al rígido molde del sistema financiero. La propuesta combina planificación urbana, financiamiento accesible, comunidad y una visión de largo plazo sobre cómo debe crecer una ciudad. Al frente del proyecto está Alejandro Zuccolillo, joven paraguayo que supo traducir una necesidad colectiva en un modelo de negocio con impacto económico y social, y a quien El Nacional elegió como uno de los empresarios del año 2025.
El origen del proyecto no proviene de una gran corporación ni de un fondo de inversión internacional, sino de la observación directa de un problema cotidiano. "Nos dimos cuenta de que miles de jóvenes trabajan y ganan su sueldo todos los meses, pero no tienen posibilidad real de acceder a una casa", explicó Zuccolillo. En Paraguay, donde gran parte de la población joven percibe ingresos mensuales que rondan los USD 700, el crédito hipotecario tradicional se vuelve prácticamente inaccesible.
Demanda insatisfecha
Según relata, una simple publicación en una plataforma inmobiliaria reveló la magnitud de la demanda insatisfecha. "En un día recibimos más de 150 consultas por un solo anuncio en Fernando de la Mora. Ahí entendimos que el mercado estaba desesperadamente mal atendido", recuerda. Esa experiencia marcó un punto de inflexión: ya no se trataba solo de construir viviendas, sino de diseñar un sistema completamente nuevo para acceder a ellas.
ZUBA no compite en el segmento de lujo ni apunta a una minoría privilegiada. Su foco está en la clase media emergente, en jóvenes de entre 25 y 40 años que buscan independencia, estabilidad y la oportunidad de construir patrimonio. "No queríamos vender metros cuadrados, queríamos devolverle a la gente la esperanza de tener algo propio", sostuvo.
En un país donde históricamente la vivienda fue más un privilegio que un derecho efectivo, el modelo rompe varios paradigmas. En lugar de exigir créditos bancarios inalcanzables, el emprendimiento plantea un sistema de aportes, membresía y construcción progresiva. La persona no compra simplemente una casa: ingresa a una comunidad, a un ecosistema pensado para acompañar su crecimiento económico.
Uno de los elementos más disruptivos del proyecto es lo que Zuccolillo denomina la "zubanización": la concentración planificada de viviendas en un mismo espacio bajo una lógica de comunidad organizada. "No estamos creando barrios al azar; estamos construyendo una forma nueva de vivir en la ciudad", afirmó.
Esta "zubanización" implica mucho más que casas ubicadas juntas. Incorpora comercios aliados, beneficios para miembros, sistemas de puntos, canjes y una economía interna que fortalece el consumo local. Es una especie de microeconomía circular aplicada al concepto de vivienda. En términos técnicos, se trata de un ecosistema productivo que reinvierte dentro de su propia comunidad, un elemento valioso en un país como Paraguay, donde gran parte de la renta termina fugándose al exterior.
Ir más allá
El impacto de este enfoque ya comienza a notarse, no solo en la demanda creciente, sino también en la reacción del mercado tradicional, que ha intentado replicar ciertos aspectos del modelo. Sin embargo, el emprendimiento mantiene una ventaja clave: su propia estructura de financiamiento. "Cuando otros empezaron a copiar la idea, entendimos que teníamos que ir más allá y desarrollar nuestro propio sistema", señaló el empresario.
Esta decisión resulta fundamental en un entorno donde el crédito sigue siendo un cuello de botella para el desarrollo. En ese sentido, el caso ZUBA no solo representa innovación inmobiliaria, sino también una respuesta al déficit estructural del sistema financiero paraguayo en materia de vivienda.
El apellido Zuccolillo —ligado históricamente al desarrollo agrícola, industrial y financiero del país, así como al ámbito de los medios de comunicación— vuelve a aparecer, esta vez vinculado a la transformación urbana. Desde las antiguas chacras hasta los edificios actuales, la historia familiar puede leerse como un resumen de las etapas productivas del Paraguay. Sin embargo, Alejandro se desmarca de cualquier narrativa heredada. "Se trata de entender el momento del país y hacer algo útil para esta generación", afirma. Su discurso conecta más con la lógica emprendedora moderna que con la tradición empresarial clásica: habla de propósito, soluciones reales, empatía y comunidad.
En términos macroeconómicos, este tipo de iniciativas aporta mucho más que viviendas: dinamiza la economía, formaliza empleo, fomenta el ahorro interno y reduce la presión migratoria hacia otros países. Al ofrecer una alternativa concreta de progreso dentro del territorio, el proyecto contribuye a fortalecer el tejido social y económico desde abajo.
"Lo que más me motiva es ver a alguien que dijo toda su vida 'nunca voy a tener casa' y que hoy está a punto de lograrlo", expresa Zuccolillo. Esa frase resume mejor que cualquier discurso técnico el sentido profundo de su proyecto. Así, el movimiento inmobiliario joven se convierte en una señal potente, no de un boom especulativo, sino de un crecimiento orgánico conectado con la necesidad real de la gente. Porque, si los ladrillos hablaran, en Paraguay estarían contando una nueva historia: la de una generación que, en lugar de esperar, decidió construir.