Wimbledon: Djokovic se impone ante Sinner y llega a su novena final

Wimbledon: Djokovic se impone ante Sinner y llega a su novena final

El serbio Novak Djokovic no faltará a su habitual cita del último domingo de Wimbledon. Disputará su novena final en el All England Club, contra el vencedor de la semifinal entre el español Carlos Alcaraz y el ruso Daniil Medvedev.

Llega la hora de pelear directamente el trofeo. Aparece un Djokovic, de 36 años y número 2 del mundo, mejorado respecto a las jornadas anteriores. Construyó un muro contra el que se estrelló el italiano Jannik Sinner, 21 años y número 8. Ganó Nole por 6-3, 6-4 y 7-6 (4) en 2h.46'. Salvando imperial dos puntos de set con 4-5, 15-40, en el tercero, que remató con su decimoquinto tiebreak seguido dominado. Bajo techo, por un día más de lluvia, y sobre un césped traidor por la humedad de la condensación. Ni uno ni otro se libraron de los resbalones, que sufrió más el transalpino.

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Arrasó a su manera, con una contundencia regular. Silencioso pero letal. Como si no anduviera por la Catedral, hasta que llegaba el momento cumbre, y su figura se agigantaba. Una lección de cómo manejar el escenario y la ronda de privilegios que eran. Y guardó lo que pudo. No hubo un esfuerzo ni una exhibición de más, porque miró todo lo que pudo a la final.

Más cuando se había puesto en alerta porque tenía bien fresca en la memoria el arranque de los cuartos de la pasada edición, cuando tuvo que superar un déficit de dos sets en contra frente a un Sinner que en esta ocasión ha mejorado su resultado en Wimbledon y su historial de Grand Slam.

Le falta un poco más al transalpino para que su clase aporte más ventaja en partidos trascendentes. Cuestión de convicción. El oficio se adquiere sumando experiencias. Djokovic ya es el tenista que se ha clasificado para más finales de Grand Slam: son 35, dejando atrás las 34 de la estadounidense Chris Evert. Roger Federer se retiró con 31 (mantiene el récord de 12 en la hierba del AELTC). Rafael Nadal aspira a domar la lesión de cadera y subir las 30 actuales.

Las apabullantes cifras de Djokovic se corresponden con el tenis que va modelando según van consumiéndose días de las dos semanas del evento. La curva de rendimiento se va disparando hacia arriba. Son 34 partidos consecutivos ganados en Wimbledon y sobre hierba, 26 en Grand Slam.

Tan centrado se halla en la misión de cazar un 24º torneo grande, poder presentarse en el US Open con la opción de hacer un pleno (4 de 4), que domina incluso elementos que no pocas veces le han sacado de sus casillas.

Aguantó el desafío que planteó el juez de silla, el inglés Richard Haigh, en el cuarto juego del segundo set. Iba break arriba (2-1) y había dominado el primero (6-3), lo que invitaba a no salirse de la ruta tomada. Y así hizo cuando escuchó hindrance (obstáculo, traba). El árbitro paraba el punto al considerar que Djokovic había gritado en exceso. No en el impacto de la bola, sino cuando la misma ya iba camino de Sinner, interpretando que había molestado la devolución del italiano.

Una regla cuya rara ejecución queda a deliberación del juez de silla. Djokovic se quejó, pero no mucho. Era 15-30, aunque más tarde tuvo bola de break. Salvada, otro castigo arbitral. Con iguales Haigh clamó warning (aviso) al serbio por exceder el tiempo de saque. Ni así se desequilibró Djokovic.

Tampoco cuando se vio 4-5, 15-40, dos bolas de set Sinner. Le molestó una reacción de un espectador fallando el saque. Se motivó a su manera, en modo el mundo está contra mí. Remontó, se llevó el dedo al oído. E hizo un gesto como de llorón. Pero controlando emociones.

Un maestro. Lo demostró desde el primer game, el más complicado, ya que debió levantar dos bolas de rotura ante un Sinner pegador. Luego, él ganó el saque del italiano. Un 2-0 revelador de lo que vendría después. Sinner aumentó estérilmente el tiempo de supervivencia gracias a que salvó 9 de 11 bolas de break, que nunca se rindió. Casi roba un set, pero Djokovic no regaló nada.

Fuente: Mundo Deportivo.