Paco Vallejo, el gran maestro que encontró en Paraguay un hogar
De niño ya sabía que sería ajedrecista profesional. No fue una decisión repentina ni una vocación tardía: para Paco Vallejo, uno de los mejores jugadores de España, el ajedrez fue desde siempre el camino natural. Los resultados llegaron pronto y el proceso se dio de forma casi imperceptible. "El proceso de adaptación fue muy gradual y apenas noté una diferencia", recuerda. Si tiene que señalar un punto de inflexión, no duda: el título mundial sub-18 marcó definitivamente su rumbo.
Convertido en gran maestro siendo adolescente y durante años el número uno de España, Vallejo reconoce que su mayor aspiración fue la más ambiciosa de todas: el título mundial absoluto. "No quedé muy lejos, pero tampoco muy cerca", confiesa Paco en una entrevista para El Nacional. Cree que para alcanzar esa meta debían alinearse factores que nunca terminaron de coincidir.
En el mundo del ajedrez de élite, las diferencias son mínimas. Vallejo llegó a superar los 2700 Elo, la frontera simbólica de los supergrandes maestros, y sabe que el salto hacia la verdadera élite mundial se define por detalles. "Al final son pequeños factores: pueden ser cosas a nivel técnico, físico o de mentalidad. Cada jugador es diferente", explica el experto de las 64 casillas.
Más que cálculo
Para el público general, el ajedrez suele asociarse con la inteligencia pura o el cálculo matemático. Vallejo relativiza esa idea. Si fuera sólo cálculo, asegura, jugar bien sería sencillo. "Hay que combinar muchos factores. De hecho, gente muy inteligente puede ser un pésimo jugador".
Esa complejidad es también la que hace tan duras las caídas. En pocos deportes la responsabilidad es tan individual como en el ajedrez. "Las derrotas son difíciles porque cuesta encontrar excusas. Es casi un ataque al ego", admite. Durante su carrera tuvo la oportunidad de trabajar con el campeón mundial Veselin Topalov, y aún recuerda su capacidad para sobrellevar los malos momentos. "Era impresionante lo bien que se tomaba los momentos complicados", revela.
Para los aficionados, el consejo es claro: no obsesionarse con las aperturas. Según Vallejo, el error más común de los jugadores amateurs es enfocarse demasiado en las primeras jugadas y descuidar la comprensión profunda del juego. Lo importante, insiste, es entender la esencia.
El ajedrez en tiempos de computadoras
La irrupción de los módulos de análisis y la inteligencia artificial transformó por completo el ajedrez profesional. Vallejo describe esa evolución como un proceso de "cientificación" del juego, aunque confiesa cierta nostalgia. "Echo un poco de menos los tiempos más bohemios", dice.
Hoy el nivel medio es más alto que hace dos o tres décadas, en gran parte por la facilidad para acceder a información y herramientas de entrenamiento. Sin embargo, esa democratización hace que destacar sea cada vez más difícil. El ajedrez tiene una particularidad: es súper accesible. "El umbral de entrada es muy bajo y compites potencialmente contra el mundo, mientras que, por ejemplo, en el tenis, el 95 % de la población no puede invertir el tiempo ni el dinero necesario".
La preparación con computadoras, reconoce, puede volver el juego más monótono, aunque lo considera un reflejo natural de una sociedad más avanzada tecnológicamente.
Entre los campeones modernos destaca a Magnus Carlsen, a quien define como un jugador de enorme sensibilidad en posiciones aparentemente simples, además de alguien con una profunda pasión por el ajedrez y capaz de construir sobre el legado de sus predecesores. Asimismo, considera que países como India y Uzbekistán están formando a las generaciones más fuertes.
Una vida sin hogar fijo
La carrera profesional tuvo también un costo personal. Vallejo admite que en varios momentos pensó en dejar el ajedrez y que incluso se tomó descansos prolongados. Nunca imaginó dedicarse a competir toda su vida. Lo más difícil no fue el estudio ni la tensión de los torneos, sino la vida itinerante. "Cargar maletas arriba y abajo, viajes constantes y no tener un hogar es lo más difícil".
Si el ajedrez no hubiera sido su camino, cree que igualmente habría encontrado su lugar en el deporte. "Se me daban bien, así que cualquiera habría sido divertido", dice.
Paraguay, un lugar con futuro
Después de años viajando sin pausa por el circuito internacional, Vallejo encontró estabilidad lejos de Europa. Eligió Paraguay como lugar de residencia y no oculta su entusiasmo por el país.
"Me encanta todo de Paraguay: la comida, la gente, la ausencia de frío", cuenta. También valora que no sea un destino turístico masivo y que conserve un carácter propio. Sobre todo, dice ver un país en crecimiento: "Veo un lugar con ambición y trabajador. Veo un lugar con futuro".
Desde esa perspectiva observa también al ajedrez paraguayo, donde valora el trabajo de iniciativas privadas, aunque cree que aún hay margen de crecimiento institucional. Considera que el apoyo público podría potenciar el desarrollo del deporte. "Es barato y fácil de implementar", destaca, convencido de que forma a jóvenes con pensamiento crítico y autonomía intelectual.