Olimpia: 12 años del resbalón más doloroso

Un 24 de julio como hoy, pero de 2013, Olimpia perdía una final de la Copa Libertadores. Fue ante Atlético Mineiro, equipo al que una semana antes había derrotado por 2-0 en el encuentro de ida que albergó el Defensores del Chaco. Parecía una cómoda ventaja, suficiente para soñar.

El Franjeado hizo un buen primer tiempo en el Mineirão: terminó con el arco en cero y manejando la ansiedad del rival. No había sufrido sobresaltos en defensa, manteniéndose compacto. Incluso, desperdició un par de oportunidades claras para ponerse en ventaja antes que Mineiro.

La cosa se complicó en el arranque de la etapa complementaria: Wilson Pittoni resbaló dentro del área en su intento desesperado por despejar un centro que provino desde la derecha del ataque de los brasileños. La pelota cayó en el pie de Jô, quien no perdonó y marcó el 1-0.

Todo empeoró a falta de 7 minutos para el pitazo final. El partido seguía 1-0 y Olimpia gozó de una inmejorable ocasión de contragolpe: Pittoni envió un pase largo y preciso para Juan Carlos Ferreyra, quien encontró a la defensa rival adelantada. En su desesperación, el arquero brasileño Víctor salió a cortar con todo. El Tanque lo eludió y quedó con toda la portería a disposición. No se animó a patear en primera instancia y prefirió eludir a la defensa antes de definir... Craso error y gran desperdicio. Se produjo otro resbalón inoportuno y se perdió el gol del campeonato soñado. Fue el doloroso adiós de Olimpia a la cuarta Copa Libertadores de su rica historia.

Un minuto después, el árbitro expulsó a Julio Manzur. El férreo zaguero recibió su segunda tarjeta amarilla por una falta contra Alecsandro al borde del área de Olimpia, sin opción de protestar. Fue una jugada que cambió el partido, dejando al equipo con 10 jugadores y menos esperanza.

Ya terminaba el compromiso. Transcurría el minuto 86 y llegó lo que más se temía: el 2-0 que igualó la serie. Jorge Báez perdió un balón por derecha, situación que ya no se pudo remediar. La acción derivó en otro centro enviado desde la derecha —izquierda de la defensa de Olimpia— que el defensor Leonardo Silva conectó de cabeza con enorme precisión: gol y drama.

Pese a aquel tanto y jugar con un hombre menos durante toda la prórroga, Olimpia aguantó estoicamente hasta los penales, resistiendo cada ataque con entrega absoluta. Allí, los brasileños fueron más certeros y contaron con un arquero que se adelantó en un par de tiros sin sanción alguna. Una "viveza" —con el VAR, hoy sancionada— que le valió el título a Atlético Mineiro.