Una voz distinta

Lise Klaveness, la dirigente que desafía a Gianni Infantino y pone contra las cuerdas a la FIFA

Al frente de la Federación Noruega, la exfutbolista desafía la cultura de silencio del fútbol internacional y reclama un modelo de gestión con más controles.
Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega de Fútbol. Foto: Stian Lysberg Solum / NTB vía AFP.

Mientras Noruega vive un momento histórico con su regreso a un Mundial después de casi tres décadas, otra de sus representantes también gana protagonismo en el escenario internacional. No está dentro de la cancha ni viste la camiseta de la selección: se trata de Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega de Fútbol, una de las voces más críticas hacia la conducción de la FIFA.

En un organismo donde las federaciones nacionales suelen evitar las confrontaciones públicas con sus autoridades, Klaveness eligió un camino distinto. Desde que asumió la presidencia en 2022, convirtió a la transparencia, la gobernanza, los derechos humanos y la rendición de cuentas en temas centrales de su gestión, llevando esos debates a los propios espacios de la FIFA.

Su perfil explica parte de esa postura. Antes de convertirse en dirigente fue futbolista profesional. Disputó más de 70 partidos con la selección noruega y, tras retirarse, se graduó como abogada con especialización en derecho laboral. Esa combinación entre experiencia deportiva y formación jurídica marcó una conducción poco habitual dentro del fútbol internacional.

Su irrupción en la escena mundial se produjo durante el Congreso de la FIFA realizado en Doha, pocos meses antes del Mundial de Catar 2022. Frente al presidente Gianni Infantino y representantes de las 211 asociaciones miembro, cuestionó públicamente la situación de los trabajadores migrantes que participaron en la construcción de la infraestructura mundialista y reclamó garantías para los aficionados de la comunidad LGBTQ+ que asistirían al torneo.

El discurso generó repercusión internacional y posicionó a Klaveness como una dirigente dispuesta a expresar cuestionamientos que muchos prefieren discutir en privado o evitar.

Desde entonces, sus críticas no se limitaron a Catar. También cuestionó los mecanismos utilizados por la FIFA para definir las sedes de los Mundiales de 2030 y 2034, al considerar que los procesos carecieron de suficiente competencia, transparencia y debate entre las asociaciones.

Su postura no implica un enfrentamiento con la FIFA como institución, sino con la forma en que, a su entender, se ejerce la conducción del organismo. Klaveness sostiene que las federaciones nacionales deben tener un papel más activo en las decisiones estratégicas y que la gobernanza del fútbol debe responder a estándares más elevados de transparencia y responsabilidad.

Ese posicionamiento también está vinculado con la tradición de la Federación Noruega, una entidad que históricamente impulsó políticas de igualdad y desarrollo del fútbol femenino. Bajo su liderazgo, la federación mantiene esa línea y promueve una mayor representación de mujeres.

Para Klaveness, el crecimiento del fútbol no puede medirse sólo por los ingresos comerciales o la expansión de las competiciones. También debe evaluarse por su capacidad para garantizar derechos, fortalecer la confianza en las instituciones y ofrecer igualdad de oportunidades dentro y fuera del campo de juego. El presente deportivo de Noruega le otorga aún más visibilidad a ese mensaje. Mientras la Selección vuelve a instalarse entre las mejores del mundo, la dirigente aprovecha ese escenario para reforzar una agenda que trasciende los resultados deportivos.