Atleta de élite y siervo de Jesucristo

Foto: @coparaguay.

Hace un par de días, en la pista de atletismo del Comité Olímpico Paraguayo, un buen número de espectadores se puso de pie cuando la jabalina de Lars Anthony Flaming cruzó el cielo y aterrizó a los 81.56 metros. No fue sólo un lanzamiento: resultó el récord panamericano junior y la medalla de oro para Paraguay en ASU2025. El abanderado del Team Paraguay cumplió con creces.

La crónica oficial lo resume en números: distancia, marca y boleto a los Juegos Panamericanos Lima 2027. Pero Flaming lo cuenta distinto: "Los resultados que más valoro son los que más tardaron en llegar y más me costaron. No existen atajos a los lugares que valen la pena ir".

Su historia comienza mucho antes de ese lanzamiento dorado. "Participé por primera vez de una competencia de atletismo infantil en Canadá, a los 11 años. Desde el quinto grado en el Chaco, el atletismo fue el deporte principal de mi colegio. Y a los 12 años ya competía con los mayores de la secundaria en lanzamiento de jabalina", recuerda Lars en una entrevista para El Nacional.

Hoy, con 20 años, su vida se reparte entre tres pilares que repite casi como un credo: descanso, alimentación y entrenamiento. "Debo consumir cerca de 3.750 calorías al día. Tengo tres sesiones de pesas explosivas, otras con pesas especiales y dos prácticas específicas de lanzamiento por semana", detalla, como quien enumera partes de un reloj que debe funcionar a la perfección.

Pero lo más singular ocurre justo antes de competir. No habla de playlists ni de cábalas raras. Habla de fe: "Sí o sí oro constantemente en mi mente durante el calentamiento y la competencia. Necesito calmarme y no apurar los ejercicios ni los movimientos al lanzar. La oración me ayuda a confiar en que no debo apurar ni forzar nada". Y después de orar, se ríe con los rivales, bromea y los trata como si fueran amigos de toda la vida. "Muestro que estoy cómodo y en casa. Sea en donde esté compitiendo, esa es mi casa. No estoy nervioso por lo que me rodea", cuenta. Y agrega: "Antes de cada lanzamiento me grito para concentrar toda mi energía y potencia, y así quito de mi mente cualquiera molestia o dolor que pueda estar sintiendo. De ahí en adelante, el lanzamiento es: mente relajada y repetir lo que practiqué o lo que me indica el entrenador". Salió perfecto.

Lejos de la pista, Flaming tiene otros escenarios: su iglesia, la teología y los amigos que lo invitan al cine o a jugar a las cartas. "Entreno un turno al día. En el otro turno estudio teología. Tengo el privilegio de ser discipulado y enseñado en mi iglesia. Aprovecho ese tiempo para descansar mi cuerpo mientras busco conocerle más a Dios", revela. Y si el destino le quitara la jabalina, él ya tiene otra vocación en mente: "Me gustaría servirle a Dios a tiempo completo como misionero".

No se olvida de agradecer a quienes lo sostienen: "Mi representante, mis entrenadores, el Comité Olímpico, la Federación de Atletismo, la Secretaría Nacional de Deportes. Y, sobre todo, mi familia, mi iglesia y mis amigos, que cada semana me ayudan a soltar la carga de los entrenamientos".

Después del oro y del récord, Lars volvió a su rutina: entrenar, orar, agradecer. Para él, todo depende de Dios. Considera que su mayor lanzamiento no es la jabalina, sino la fe que lo sostiene.