15 años del Paraguay vs. España en Sudáfrica 2010
Se cumplen 15 años de ese partido que los paraguayos no olvidamos, no por lo que fuimos, sino por lo que estuvimos a punto de ser. Porque esa noche en Johannesburgo, más que un partido, jugamos un sueño. Y aunque ese sueño no se cumplió, nos hicimos más hinchas que nunca.
Era un 3 de julio como hoy, pero del 2010. Estadio Ellis Park. Estábamos en cuartos de final de un Mundial por primera vez. Eso ya era una hazaña. Óscar René "Tacuara" Cardozo nos había llevado hasta ahí con el penal más valiente de todos. Y ahora... otra vez él. Minuto 58. Penal para Paraguay.
Piqué agarra a Tacuara como si estuvieran bailando en un San Juan. Y ahí iba Cardozo, con el peso de un país en la zurda. Se para. Respira. Patea. Iker Casillas se lanza a la izquierda, como si supiera de antemano el guion más cruel de todos. Bloquea el tiro. Y el silencio que oímos ese día no fue del estadio, sino el de toda una nación. Todos nos atragantamos ese grito de gol.
Después vino lo inevitable. Minuto 83. Tiki-taka. Villa. Palo. Otro palo. Y gol. Porque el fútbol tiene esa manía de ser injusto con los valientes. España siguió. Salió campeón del mundo. Y nosotros, con el alma en la boca, volvimos a casa sin copa, pero con una historia que contar para siempre.
Ese penal que no entró no es una mancha. Es una cicatriz. Y las cicatrices no son fealdades: son los tatuajes de la dignidad. Porque hay derrotas que son más queridas que muchas victorias, y hay héroes que no levantan copas, pero sí levantan pueblos. Ese día, Cardozo no falló; fue humano.
Hoy, 15 años después, seguimos volviendo a ese momento, no para sufrirlo otra vez, sino para recordarnos que estuvimos ahí. Que alguna vez estuvimos a un penal de cambiar nuestra historia. Y que la historia igual nos cambió. Porque en ese día no ganamos el partido. Ganamos algo más difícil: el orgullo de ser paraguayos. Ese que hoy aflora con la Albirroja de Gustavo Alfaro.