Orgullo azulgrana que trasciende generaciones

113 años soplando como un Ciclón: Cerro Porteño, la pasión que nunca se apaga

Foto: @CCP1912oficial.

Un 1 de octubre de 1912, en la humilde casa de Ña Susana Núñez, ubicada en lo que hoy es la intersección de las calles San José y Río de Janeiro, nacía una pasión que con el tiempo se transformaría en una de las instituciones más emblemáticas del Paraguay: el Club Cerro Porteño.

Lo que comenzó como el sueño de unos jóvenes —guiados por los hermanos Antonio y Cándido Vasconcellos, y arropados por la hospitalidad de los Núñez— pronto se volvió un fenómeno popular. Nacía, de forma oficial, un club que ya venía gestándose en potreros y baldíos, y que estaba destinado a convertirse en parte fundamental de la historia del fútbol paraguayo. Ese grupo encendió una chispa que con el correr de los años se tornaría en un Ciclón de pasiones.

El nombre remite a una batalla histórica, la de Cerro Mba'e, en Paraguarí, donde el coraje paraguayo doblegó a las tropas porteñas de Belgrano en 1811. Los colores, propuestos por Ña Susana, fueron todavía más simbólicos: rojo y azul, como un abrazo entre bandos políticos.

El recorrido fue meteórico. Apenas 10 meses después de su fundación, el joven Cerro Porteño se consagraba campeón de la liga paraguaya. Ese fue el primer capítulo de una historia que hoy suma 34 títulos de Primera División y que lo coloca como el segundo club más laureado del país.

Con el paso de los años, Cerro Porteño fue protagonista también fuera de casa. Ocho veces alcanzó las semifinales internacionales. Generaciones enteras de futbolistas han vestido la azulgrana y han dejado huella en la Albirroja, ampliando el legado del club más allá de su hinchada.

La Nueva Olla, estadio donde el equipo ejerce su localía, es hoy el escenario que mejor representa la fuerza del Ciclón. Inaugurado en 1970 y remodelado en 2017, con capacidad para 45.000 espectadores, se erige como el escenario más imponente del país. Allí late el corazón azulgrana.

Cerro Porteño cumple 113 años y sigue siendo mucho más que un equipo de fútbol. Es identidad, herencia. Es la emoción de un barrio que se volvió pueblo, y de un pueblo que se volvió multitud.