Una invitacio?n a leer la historia del Paraguay con nuevos ojos

“Paraguay. Escrituras y representaciones del pasado” -libro que acaba de aparecer publicado por Intercontinental Editora- reu?ne diez trabajos sobre distintas formas de escrituras y de representaciones del pasado del Paraguay en los siglos diecinueve y veinte.
Una invitacio?n a leer la historia del Paraguay con nuevos ojos

Entre 1896 y 1897 Blas Garay (1873-1899), un joven intelectual que procedi?a de una familia marginal a las e?lites asuncenas, publico? cuatro obras histo?ricas fundamentales: Compendio elemental de la historia del Paraguay, Breve resumen de la historia del Paraguay, La revolucio?n de la independencia del Paraguay y El comunismo de las misiones de la Compan?i?a de Jesu?s en el Paraguay. Por varias razones, La revolucio?n de la independencia se nos revela como la de mayor peso historiogra?fico puesto que el autor busco? reconstruir, a trave?s de hechos “comprobados”, es decir, pegado a una ingente cantidad de documentos, el proceso de emancipacio?n poli?tica entre mayo de 1810 y junio de 1811; hizo reposar el relato en materiales disponibles en el Paraguay y en otros pai?ses, y sento? un posicionamiento teo?rico y metodolo?gico sobre la pra?ctica de la historia que, entendi?a, debi?a ser “desapasionada y sana”. De modo que estamos ante el primer esfuerzo erudito de escribir y de originar una reflexio?n sistema?tica acerca de los ori?genes de la nacio?n paraguaya. No obstante, ni la Revolucio?n ni los otros tres libros de Garay se pueden considerar como un punto cero en la escritura de la historia decimono?nica, pero el contexto poli?tico y cultural determinaron un ritmo y unas caracteri?sticas peculiares que explican el salto cualitativo que significo? la produccio?n histo?rica de Garay [1]. Para ello hemos de remontarnos al gobierno de Jose? Gaspar R. de Francia quien establecio?, entre 1814 y 1840, un progresivo aislamiento internacional que dificulto? las relaciones del Paraguay con el exterior. Sin embargo, aunque Francia restringio? el ingreso y la salida de personas del pai?s, cerro? los colegios y no tolero? las reuniones de clubes literarios, no planteo? objecio?n a un aprendizaje elevado per se, en tanto tuviera lugar en forma discreta y no importara una amenaza para el gobierno. Prueba de esa porosidad fueron, por ejemplo, los escritos histo?ricos que en esos an?os redacto? Jose? Falco?n (1810-1881), entre los que figura un compendio de los principales acontecimientos poli?ticos del Paraguay al que titulo? Apuntes y documentos histo?ricos 1840-1870; tambie?n Mariano Antonio Molas (1780-1844), uno de los principales actores de la emancipacio?n poli?tica, redacto? la Descripcio?n histo?rica de la antigua Provincia del Paraguay, aunque se conoceri?a bastantes an?os despue?s [2]. Y en Buenos Aires vieron la luz de la imprenta textos relevantes sobre la historia paraguaya: en 1817 aparecio? el Ensayo de historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucuma?n, del dea?n Gregorio Funes (1749-1829) y en 1836 se dieron a conocer los Anales del descubrimiento, poblacio?n y conquista del Ri?o de la Plata, del paraguayo Ruy Di?az de Guzma?n (1560-1629), gracias a la iniciativa de Pedro de A?ngelis.

Blas Garay, joven (1890) y una de sus obras más conocidas. Cortesía

Luego del fallecimiento de Francia, los gobiernos de Carlos Antonio Lo?pez (1842-1862) y de Francisco Solano Lo?pez (1862-1870) morigeraron el aislamiento internacional y promovieron el conocimiento de la realidad histo?rica paraguaya en el exterior: en 1849 en la imprenta del Estado se imprimio? El Paraguay: lo que fue, lo que es, lo que sera?, del abogado y diploma?tico Juan Andre?s Gelly (1782-1856) y en 1862 el coronel belga Alfred Du Graty (1823-1891) publico? en Bruselas La Re?publique du Paraguay, como parte de un acuerdo con el gobierno de Carlos Antonio Lo?pez para dar a conocer el pai?s en Europa. Asimismo, el presidente Lo?pez impulso? las primeras instituciones pedago?gicas y culturales: en 1842 se fundo? la Academia Literaria y se contrato? para ejercer labores docentes al escritor espan?ol Ildefonso A. Bermejo (1820-1892). A Bermejo se debio? la organizacio?n del Aula de Filosofi?a, en la que surgio? el primer grupo de escritores paraguayos que tuvo a cargo la edicio?n de La Aurora. Enciclopedia mensual y popular de ciencias, artes y literatura, la primera revista cultural paraguaya que circulo? entre 1860 y mediados de 1861.

Páginas de La République du Paraguay, de Alfred du Graty, Bruselas, 1862. Cortesía

Esa andadura cultural se vio dra?sticamente detenida con el inicio, en 1864, de la guerra del Paraguay contra la Triple Alianza (Argentina, Uruguay, Brasil), cuyas consecuencias determinaron por completo la vida poli?tica, social y econo?mica. En medio de la extrema pobreza, del marasmo econo?mico, de los esfuerzos por reedificar el Estado y sin archivos, bibliotecas o colecciones documentales que sostuvieran una trama intelectual, aparecieron obras paraguayas entre los siglos diecinueve y veinte como, por ejemplo, Monografi?as histo?ricas, que Juan Silvano Godoy (1850-1926) edito? en Buenos Aires, Recuerdos histo?ricos. Homenaje de los pro?ceres de la Independencia, que Jose? Segundo Decoud (1848-1909) dio a conocer en Asuncio?n al an?o siguiente; Gregorio Benites publico?, en 1906, Anales diploma?tico y militar de la guerra del Paraguay y La revolucio?n de mayo 1814-1815. El contexto de la posguerra influyo?, sin duda, en las preocupaciones y en la eleccio?n de los temas por parte de estos autores que comenzaron a expresarlas a trave?s de otros canales. El principal fue la prensa, pero tambie?n destacaron algunas revistas, entre las que hay que mencionar la Revista del Instituto Paraguayo, que comenzo? a editarse en 1906. Fue la publicacio?n ma?s importante de esos an?os y en sus nu?meros podi?an leerse aportes de Victorino Abente, Rafael Barrett, Jean-Paul d'Aile (Casabianca), Manuel Gondra, Manuel Domi?nguez, Blas Garay, entre otros autores de prestigio. A partir de 1907 se hizo cargo de la jefatura de redaccio?n el escritor espan?ol Viriato Di?az-Pe?rez, que propicio? una ma?s acentuada propensio?n a la literatura en cuanto a sus contenidos y al aporte de literatos extranjeros.

RIP (detalle). Colección Vera-Scuderi. Cortesía

En 1902, pocos an?os despue?s que Blas Garay diera a conocer las obras que mencionamos al inicio de este escrito, se produjo la primera pole?mica sobre la historia del Paraguay y la de mayor perdurabilidad en los imaginarios sociales. Sus protagonistas fueron el joven profesor de Historia del Colegio Nacional, Juan O'Leary (1879-1969) y uno de los ma?s respetados intelectuales de esa e?poca, el abogado Cecilio Ba?ez (1862-1941). La controversia tuvo tal envergadura que sento? las bases del modo de concebir y de practicar la historia durante el siglo veinte. En el transcurso de la disputa O'Leary construyo? la visio?n de un pasado heroico y glorioso, correspondiente a la primera mitad del siglo diecinueve, en el que la sociedad paraguaya vivi?a feliz y pro?spera hasta que la guerra contra la Triple Alianza la condeno? a la postracio?n. En cambio, Ba?ez desgrano? una visio?n cri?tica de los gobiernos de Francia, de Carlos Antonio Lo?pez y de Francisco Solano Lo?pez, a cuyos sistemas poli?ticos defini?a de tira?nicos, hacie?ndolos responsables de la ignorancia y del embrutecimiento del pueblo paraguayo y de llevarlo a una guerra que lo dejo? en completo estado de abatimiento [3]. Fue el discurso histo?rico de O'Leary el que perduro?; tuvo, en los an?os que siguieron, una notable recepcio?n en amplios sectores de la sociedad. En obras como Nuestra epopeya (1919), El mariscal Solano Lo?pez (1920 y 1925), El libro de los he?roes. Pa?ginas histo?ricas de la guerra del Paraguay (1922) y El centauro de Ybycui?. Vida heroica del general Bernardino Caballero en la Guerra del Paraguay (1929), O'Leary logro? transformar al mariscal Solano Lo?pez de dictador responsable por desencadenar una guerra desastrosa para el pai?s en he?roe vi?ctima de la agresio?n de los imperialismos sudamericanos, convirtio? el cataclismo be?lico en “epopeya nacional” y al pueblo paraguayo en el “invicto vencido”.

Unos an?os despue?s del debate historiogra?fico en torno a la conmemoracio?n del centenario de la independencia, en 1911, un nu?cleo de intelectuales -entre los que figuraban Enrique Solano Lo?pez, Manuel Domi?nguez, Fulgencio Moreno, Ignacio Pane, Moise?s Bertoni y Juan O'Leary- se reunieron para editar la obra colectiva titulada A?lbum Gra?fico de la Repu?blica del Paraguay: 100 an?os de vida independiente, que se puede considerar como la principal empresa de erudicio?n histo?rica hasta ese momento y que teni?a el propo?sito, de acuerdo a lo declarado por su editor, Arsenio Lo?pez Decoud, de mostrar una “biografi?a nacional”, es decir, una visio?n orga?nica de la nacio?n paraguaya que adquiri?a la madurez despue?s de un lento proceso de gestacio?n y de infancia no exenta de dificultades. A pesar de la diversidad de temas que componi?an los capi?tulos del A?lbum, los trabajos coincidi?an en resaltar rasgos aglutinantes del pasado que sirvieron de sustento para esfuerzos interpretativos posteriores. En primer lugar, transmiti?an la idea segu?n la cual el Paraguay constitui?a, en su origen, una nacio?n mestiza, entendida como algo superador a la indi?gena y asimilada a una nacio?n de raza blanca sui generis; situaba, por primera vez, a los pueblos indi?genas, como sujetos histo?ricos en el peri?odo anterior al descubrimiento constituye?ndose, de este modo, en el primer intento por construir una historiografi?a guarani? no dependiente de los cronistas coloniales. Pero quiza?s el rasgo ma?s considerable que presentaban los textos reunidos en la obra colectiva fue el impulso por exaltar lo propio hasta tal punto de representar a la nacio?n paraguaya como algo especi?fico, especial, absolutamente original.

Álbum Gráfico de la República del Paraguay. 100 años de vida independiente 1811-1911 (detalle de portada). Cortesía

En los an?os que siguieron iri?a in crescendo la agitacio?n pu?blica por el conflicto de Paraguay con Bolivia por el dominio de la regio?n del Chaco. Los sucesivos intentos diploma?ticos destinados a finiquitar el litigio por la vi?a diploma?tica contribuyeron a la promocio?n de los estudios histo?ricos para probar la justicia de la demanda paraguaya; intelectuales dedicados a esas labores tuvieron que adentrarse en temas de historia poli?tica y diploma?tica y remontarse hasta la e?poca de la fundacio?n y ocupacio?n de la regio?n en el siglo diecise?is. Manuel Domi?nguez (1868-1835) y Fulgencio R. Moreno (1872-1933) destacaron por su profusa produccio?n histo?rica en esa direccio?n. Una de las primeras obras de Domi?nguez aparecio? en el an?o 1917 con el ti?tulo Paraguay- Bolivia: cuestio?n de li?mites, a la que siguieron otras monografi?as como El derecho de descubrir y conquistar el Paraguay o Ri?o de la Plata (1918), El Chaco Boreal: informe que arruina las tesis bolivianas y expone los ti?tulos del Paraguay sobre dicha zona (1918), El Chaco boreal fue, es y sera? nuestro (1925), Nuestros pactos con Bolivia (1928). Por su parte, Fulgencio Moreno ya habi?a hecho visible el tema chaquen?o en el an?o 1904 cuando publico? Diplomacia paraguayo-boliviana y se robustecio? en el contexto de la puja diploma?tica durante los an?os veinte, en cuyo transcurso publico? La extensio?n territorial del Paraguay al occidente de su ri?o: breve exposicio?n de los ti?tulos (1925), y en 1933, poco antes de su fallecimiento, Paraguay-Bolivia: cuestio?n de li?mites. Asimismo, como un modo de adiestrar a los jo?venes en la defensa juri?dica de los derechos territoriales frente a eventuales demandas por parte de otros pai?ses limi?trofes, se creo?, al finalizar la guerra del Chaco, la ca?tedra de Historia Diploma?tica en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asuncio?n.

Finalizada la Guerra del Chaco, la fundacio?n del Instituto de Investigaciones Histo?ricas en el an?o 1937 significo? un parteaguas en el proceso de institucionalizacio?n de la historia. Entre los iniciadores, las figuras de R. Antonio Ramos (1907-1984), Hipo?lito Sa?nchez Quell (1907-1986), Julio Ce?sar Chaves (1907-1989) y Efrai?m Cardozo (1906-1973) compusieron un nu?cleo que brego? por hacer de la historia un saber acade?mico. Habi?an coincidido en las aulas del Colegio Nacional de Asuncio?n, los unificari?a una sostenida y robusta produccio?n histo?rica caracterizada por el apego a la cri?tica documental como actividad medular en la pra?ctica de la historia. Chaves publico?, en 1937, Historia de las relaciones entre Buenos Aires y el Paraguay y, en 1941, El Supremo Dictador. Por su parte, Ramos dedico? mayores esfuerzos al estudio de las relaciones diploma?ticas que mantuvieron la Repu?blica del Paraguay y el Imperio del Brasil en la primera mitad del siglo diecinueve: en 1944 publico? La poli?tica del Brasil bajo la dictadura del doctor Francia, posteriormente dio a conocer los resultados de sus investigaciones sobre la figura del diploma?tico Juan Andre?s Gelly (1972) y, poco despue?s, reunio? los resultados de tres extensas estadi?as de trabajo en los archivos brasilen?os en La independencia del Paraguay y el Imperio del Brasil (1976). Cardozo, por parte, pergen?o? una historia general del Paraguay a la que concibio? como una primera si?ntesis histo?rica del pai?s. Si bien su propo?sito quedo? trunco con su muerte acaecida en 1973, las secciones que alcanzo? a redactar aparecen como el corolario de un esfuerzo relevante y sostenido en esa direccio?n: La fundacio?n de la ciudad de Asuncio?n (1941), El Paraguay independiente (1949), El Paraguay colonial (1955), Historiografi?a paraguaya (1959), Historia cultural del Paraguay (1964) y Breve historia del Paraguay (1965).

Julio César Chaves. El Supremo Dictador. Cortesía

Los cuatro historiadores asumieron tambie?n un rol activo en el espacio universitario a partir de 1947 cuando se fundo? la Facultad de Filosofi?a de la Universidad Nacional de Asuncio?n y se comenzo? a dictar la carrera de grado y, posteriormente, el doctorado en historia. Durante los an?os cincuenta Cardozo obtuvo la ca?tedra de Historia colonial, R. Antonio Ramos la de Historia americana y Julio Ce?sar Chaves la de Historia diploma?tica del Paraguay.

Claro esta? que las labores de los historiadores aglutinados en el Instituto Paraguayo de Investigaciones Histo?ricas, devenido en la Academia Paraguaya de la Historia (1965-1966), asi? como los responsables de las ca?tedras en la Universidad Nacional de Asuncio?n, se vieron determinadas por las condiciones poli?ticas durante la posguerra del Chaco. Desde 1936 y hasta finales de la de?cada del ochenta, el Paraguay fue dirigido de manera casi ininterrumpida por gobiernos autoritarios que asociaron a civiles y militares. En el poder desde 1948, el Partido Colorado se constituyo? en uno de los tres pilares, con el aparato del Estado y las Fuerzas Armadas, en que se sustento? el gobierno del general Alfredo Stroessner (1954-1989) durante el cual la historia se constituyo? en un elemento esencial del sistema de encuadre poli?tico. El historiador Juan O'Leary, la “pluma en la sombra” del presidente Stroessner en ocasio?n de actos oficiales relacionados con efeme?rides patrias y recordaciones histo?ricas, se convirtio? en el principal proveedor de una lectura del pasado de cun?o nacionalista que hizo de la guerra contra la Triple Alianza el epicentro de la cultura histo?rica del stronismo. De modo que la lectura del pasado que edifico? desde su precoz pole?mica con Cecilio Ba?ez paso? a ser conocida, en el argot historiogra?fico, como revisionismo paraguayo, y se constituyo? en el armazo?n de una escritura oficial de la historia.

Juan E. O'Leary y Cecilio Báez. Archivo

Las relaciones entre historia y dictadura, las consecuencias que supusieron el aislamiento disciplinar frente a la innovacio?n y plenitud que desde 1945 atravesaba la historiografi?a occidental, y la re?mora que significo? para la profesionalizacio?n de la historia el prolongado re?gimen poli?tico de Stroessner son cuestiones que, de momento, hace falta conocer con mayores precisiones. Resta analizar, por ejemplo, a los historiadores paraguayos como un conjunto y a las instituciones en el seno de las cuales se formaron y trabajaron; distinguir los principios fundamentales de su pensamiento historiogra?fico y, muy en particular, examinar la existencia de grupos al interior del re?gimen poli?tico, en pugna por el predominio por la visio?n del pasado. Falta estudiar, por ejemplo, de que? modo en una institucio?n como la Academia Paraguaya de la Historia, que funciono? ininterrumpidamente durante los an?os del gobierno de Stroessner, se conjugaron las visiones del pasado de Hipo?lito Sa?nchez Quell, identificado con el Partido Colorado (pero no propiamente stronista), la de Juan E. O'Leary, al que Stroessner declaro? como “historiador nacional”, la del diploma?tico Alberto Nogue?s (1912-2000), nacionalista cato?lico, y las de otros miembros de esa corporacio?n como Efrai?m Cardozo, Julio Ce?sar Chaves y Rafael Eladio Vela?zquez (1926-1994); en fin, co?mo se entrecruzaban lealtades poli?ticas y compromisos acade?micos. Asimismo, hace falta profundizar los estudios sobre instituciones asociadas a la pra?ctica de las ciencias sociales y humanas que proponi?an para?metros profesionales entre sus integrantes y la necesidad de un ana?lisis social riguroso, como el prestigioso Centro Paraguayo de Estudios Sociolo?gicos, que funciono? desde 1964, el Museo del Barro y el Instituto Paraguayo de Estudios Geopoli?ticos e Internacionales, constituidos a fines de la de?cada de 1970.

A este panorama sobre la escritura de la historia en el Paraguay hemos de sumar las trayectorias de mujeres provenientes de los campos de la literatura y de la antropologi?a que aportaron nuevas claves para comprender el prete?rito a trave?s de una perspectiva teo?rica plural y cin?e?ndose a una mayor rigurosidad metodolo?gica. Entre ellas hay que mencionar a Josefina Pla? (1903-1999) y sus ana?lisis del papel de las minori?as en la historia paraguaya, que recogio? en trabajos de singular importancia como Hermano negro. Historia de la esclavitud en el Paraguay, publicado en el an?o 1972. Tambie?n a la antropo?loga de origen esloveno Branislava Susnik (1920-1996), con sus investigaciones fundamentales sobre las etnias indi?genas que dio a conocer a trave?s de un repertorio amplio de textos como Dimensiones migratorias y pautas culturales de los pueblos del Gran Chaco y su periferia (1972) y El indio en el Chaco paraguayo (1974), entre otros.

Branislava Su?nik. Archivo Museo Etnográfico Andrés Barbero. Cortesía

Los exilios obligados por la guerra civil de 1947 y por la posterior dictadura condicionaron que se entablaran algunas relaciones acade?micas que se materializaron en publicaciones concretas. Es el caso de Carlos Pastore (1907-1996), quien durante su extenso exilio en Uruguay se dedico? a investigar el desarrollo largo y azaroso de la propiedad de la tierra en el Paraguay y que tuvo como corolario la aparicio?n, en 1972, de La lucha por la tierra en el Paraguay, una obra de notable calado documental y cuyos planteamientos originales contribuyeron a sentar las bases de la pra?ctica de la historia social en el Paraguay. Dentro de la generacio?n de intelectuales que crecio? durante el re?gimen poli?tico de Stroessner hay que destacar los esfuerzos de Alfredo Seiferheld (1950-1988), quien emprendio?, entre los an?os 1975 y 1988, un aute?ntico proyecto de historia poli?tica contempora?nea valie?ndose, en gran parte, del testimonio oral de los propios actores poli?ticos, sociales y culturales de la vida paraguaya en el siglo veinte. Seiferheld hallo? en la trabazo?n de su actuacio?n profesional como periodista con la profesionalizacio?n como historiador una forma de circulacio?n del conocimiento histo?rico a trave?s de la prensa que evadi?a el control del gobierno, es decir, una estrategia que pergen?o? para normalizar la pra?ctica de la historia frente a la cultura histo?rica impuesta por el re?gimen poli?tico imperante. Entre sus proyectos que vieron la luz de la imprenta figuran El Paraguay visto a trave?s del idioma alema?n (1981), Los judi?os en el Paraguay (1981), Estigarribia, veinte an?os de poli?tica paraguaya (1983), Economi?a y petro?leo durante la Guerra del Chaco (1983), Conversaciones poli?tico-militares (1984-1987).

Alfredo Seiferheld. Cortesía

Una serie de acontecimientos originados en los an?os crepusculares del siglo veinte abrieron un nuevo contexto poli?tico y cultural que ha incidido en la pra?ctica de la historia: la cai?da del re?gimen de Alfredo Stroessner en 1989, la integracio?n regional del Mercosur, en 1991, y la promocio?n de la investigacio?n cienti?fica en el Paraguay a trave?s de la creacio?n de organismos como el CONACYT, confluyeron para avanzar hacia una historia intelectualmente abierta a nuevos territorios y enfoques teo?ricos, a la expansio?n institucional, asi? como al paulatino incremento de posibilidades de conexio?n con el resto del mundo. Como boto?n de muestra figura la publicacio?n, desde el an?o 2018, de la Revista paraguaya de historia, de la mano de jo?venes historiadores y de cientistas sociales graduados en la Universidad Nacional y en la Universidad Cato?lica de Asuncio?n. Esta revista es la expresio?n ma?s reciente de una zaga de reconocidas publicaciones acade?micas como Historia paraguaya, el Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, la Revista Paraguaya de Sociologi?a -editada por el Centro Paraguayo de Estudios Sociolo?gicos- y Estudios Paraguayos, la revista de la Universidad Cato?lica de Asuncio?n, vigentes desde la segunda mitad del siglo.

Números de la revista Estudios Paraguayos, publicada por la Universidad Cato?lica de Asuncio?n. Cortesía

El robustecimiento de la institucionalizacio?n de la historia se manifesto? en la creacio?n, en el an?o 2015, del Comite? Paraguayo de Ciencias Histo?ricas (CPCH) que reu?ne a historiadores profesionales paraguayos y de otros pai?ses, favoreciendo, de ese modo, el desarrollo de las necesarias redes acade?micas y colaboraciones con investigadores del resto de Ame?rica Latina y de Europa. Ejemplos de esto son tambie?n la conformacio?n, en Uruguay, del grupo “Tendencias y debates historiogra?ficos en Uruguay y la regio?n (siglos XIX y XX)”, que dirige Toma?s Sanso?n Corbo en la Universidad de la Repu?blica y que tiene en curso la realizacio?n de tesis de posgrado y de li?neas individuales de investigacio?n sobre la historia y la escritura de la historia paraguaya; en Brasil figuran los proyectos y publicaciones que lidera Ana Paula Squinelo en la Universidad de Mato Grosso do Sul, y Luiz Felipe Viel Moreira y Marcela Cristina Quinteros en la Universidad de Maringa?; en Argentina destaca la edicio?n, desde el an?o 2012, de la revista Paraguay desde las Ciencias Sociales, gracias a los esfuerzos del Grupo de Estudios Paraguay desde las Ciencias Sociales radicado en la Universidad de Buenos Aires.

En este contexto hay que situar esta obra que reu?ne diez trabajos sobre distintas formas de escrituras y de representaciones del pasado del Paraguay en los siglos diecinueve y veinte. Son el resultado de una extensa trayectoria de labores colaborativas, de dia?logo intenso y de utili?simos debates sobre la dina?mica histo?rica e historiogra?fica en el largo plazo entre investigadores de la Universidad Cato?lica de Asuncio?n (Paraguay), de la Universidad de la Repu?blica (Uruguay), de la Universidad de los Andes (Chile), de la Universidad de Granada (Espan?a) y de la Universidad Paris Cite? (Francia), con integrantes del Grupo de Estudio Escrituras y Representaciones del Pasado (GEREP), radicado en el Instituto de Historia (UCA), y que integra el Instituto de Investigaciones Histo?ricas, Econo?micas, Sociales e Internacionales (IDEHESI) dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Cienti?ficas y Te?cnicas de la Repu?blica Argentina (CONICET). Los textos reposan sobre un conjunto de procedimientos de investigacio?n sujetos a los protocolos actuales de la historia de la historiografi?a, de la historia cultural y la cri?tica literaria. Pretenden mostrar los resultados ma?s recientes de una perspectiva metodolo?gica que se enfoca en la figura del historiador, en el entrecruzamiento de los discursos histo?ricos dirigidos a la esfera pu?blica, como las obras de historia, impresos y textos para la ensen?anza de la historia, con escrituras producidas en la esfera privada, como cartas privadas, memorias y escritos autobiogra?ficos. Por ello, este libro es una invitacio?n a leer la historia del Paraguay con nuevos ojos, a dirigir nuestras miradas hacia quienes escribieron sobre ella, a las representaciones sobre su pasado y a los condicionantes que incidieron en la perdurabilidad o no de los discursos histo?ricos. Los autores de los capi?tulos han llegado atrai?dos, desde distintos caminos, a la historia paraguaya. Y, en el caso de quien escribe esta presentacio?n, este libro es manifestacio?n de una fascinacio?n duradera por el Paraguay.

Notas

[1] Esta presentacio?n recupera y amplia un conjunto de observaciones sobre la dina?mica de la escritura de la historia paraguaya que se iniciaron en ocasio?n de preparar los textos titulados “La Historia y los historiadores” por Liliana M. Brezzo para el libro Nueva Historia del Paraguay. La primera edicio?n en Asuncio?n, Taurus, 2010, pp. 12-34; una segunda versio?n corregida y ampliada del capi?tulo mencionado para la edicio?n correspondiente a Buenos Aires, Sudamericana, 2020, pp. 7-39.

[2] El texto de Molas se edito?, por primera vez, en Buenos Aires, en 1868, por la imprenta Casavalle. El manuscrito que redacto? Falco?n se mantuvo ine?dito en la coleccio?n Manuel Gondra que alberga la Universidad de Texas hasta la edicio?n que prepararon Thomas Whigham y Ricardo Scavone Yegros. Ve?ase Jose? Falco?n. Escritos histo?ricos, Asuncio?n, Servilibro, 2006.

[3] La disputa entre Ba?ez y O'Leary ha sido publicada en Pole?mica sobre la historia del Paraguay, Asuncio?n, Tiempo de Historia, 2012.

 

Nota de edición: Este texto es la presentación de Liliana M. Brezzo a Paraguay. Escrituras y representaciones del pasado, libro coordinado por ella (Asunción, Intercontinental Editora, 2022, 408 páginas). La edición reúne trabajos de Carolina Alegre Benítez, María Florencia Antequera, Nicolás Arenas Deleón, Matías Borba Eguren, Bárbara Gómez, María SIlvia Leoni, María Gabriela Micheletti, María Laura Reali y Renzo Sanfilippo.

 

* Liliana Brezzo es licenciada y doctora en Historia por la Universidad Católica Argentina, con estudios posdoctorales en Historia de la historiografía contemporánea en la Universidad de Navarra, España. Es investigadora principal del Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la República Argentina (CONICET). Es miembro correspondiente de la Academia Paraguaya de la Historia.