Artes visuales

"Tres ojos ven más que dos", obras recientes de Ricardo Álvarez

Sobre las obras recientes del artista, expuestas en Espacio K Arte y Naturaleza.
Obra de Ricardo Álvarez. Cortesía

... el jaguar que encontré en la selva tenía razón, era él el humano, yo no era 
sino su presa animal. Yo era un tapir o un venado, tal vez un cerdo. 
Eduardo Viveiros de Castro [1]

Desde hace ya un tiempo se instauró el discurso de que la identidad es aquello construido en oposición a un otro. Dentro de esa operación se ubican, por ejemplo, aquellos grupos humanos que animalizaron a los de su misma especie para así justificar opresiones. Pero ¿qué cambia si en lugar de reconocernos desde parámetros antagónicos, lo hacemos a partir de aquellas prácticas compartidas o de los elementos que nos afectan en común? 

Pensemos en la mirada que la filósofa Vinciane Despret [2] dedica a los nidos de pájaros jardineros y las dudas que aborda sobre si serían obras de arte. Ya que decir las intenciones de un ave es una tarea engañosa, por imposible, Despret opta por prescindir de los motivos de la obra y en su lugar privilegiar la materia. Invita a asumir su agencia frente a los sujetos: la "cosa" llama a ser usada, rearticulada en otro modo de existir. 

Responder a tal demanda, dice, es una acción instintiva que deriva en obra o nido. 

Con este desplazamiento en la lectura de las obras, Homo sapiens y otros bichos se pueden encontrar en el instinto. Solo que ya no bajo una figura condicionante, sino a partir de una correspondencia generativa entre seres y cosas. Las obras recientes de Álvarez se inscriben de forma directa en esta consumación responsiva. 

Obra de Ricardo Álvarez. Cortesía

Son la derivación de un sueño del que despierta con la urgencia del lápiz y la reproducción compulsiva de un rostro que es varios. A veces, un óleo pide la imagen del recuerdo. Cada vez con mayor intensidad, entre la idea del artista y la forma que el objeto sugiere, del amasijo de barro surge una apariencia que termina por ser reconocible. 

De este modo, por ejemplo, una cincuentena de flechas tiene que atacar al avión o, aunque eficaz en la presentación convencional, igual las manos amasan una, dos, tres cabezas y un pequeño órgano vital sobre la superficie del jarrón. Alterar la materia, y con ello instituir escenas, es un llamado, no diría inevitable —porque no lo es—, pero un llamado al que se decide atender. 

Y los objetos no solo afectan a quien los manipula; una vez construida la obra en ese vaivén constreñido y desafiado por las condiciones de la materia, esta incide en quienes observan. Además del encuentro persona-animal propiciado por el método entendido como instinto, las presentes obras derivan a su vez en tramas multiespecie, donde lo artificial-orgánico, urbano-selvático integran naturaleza y cultura dentro de un mismo universo. 

Obra de Ricardo Álvarez. Cortesía

Este contacto no neutraliza las relaciones en escena. El concepto etnográfico de "perspectivismo amerindio", presente en gran parte de las comunidades indígenas del continente, explica muy bien cómo el intercambio no implica la homogeneización, ya que los cuerpos pueden alternar de forma, pero el lugar que ocupan en la interacción es lo que determina el carácter humano, animal o de espíritu. Entonces, al encontrar en las obras de Álvarez roles trastocados u ópticas inusuales, cabe preguntarse qué perspectiva está siendo asumida. 

Pues, el líder y pensador indígena Ailton Krenak [3] dice que personificar la naturaleza es la forma que tenemos para reconocerla en igualdad de condiciones. Es decir, prestar atención al monte y sus personajes es una apertura hacia lo otro, pero sobre todo es un aviso de la naturaleza a la cual seguimos perteneciendo en tanto especie humana, en la medida en que somos capaces de afectarnos o identificarnos en este universo. 

Obra de Ricardo Álvarez. Cortesía

Cuando Krenak ensaya La humanidad que queremos ser, invita a habitar los sueños no como un mundo paralelo, sino como uno potenciado por la reordenación de las relaciones y los espacios. Así, en el momento en que en estas escenas — indudablemente oníricas— nos cautive el vuelo de aves, astronautas y ángeles, o en las más pesadillescas, encontremos demasiado familiar la ira en las fauces de la bestia, no nos resistamos: se trata de lo terrible y lo hermoso de responder al instinto. 


Notas

[1] Viveiros de Castro, E. (2013) La mirada del jaguar: introducción al perspectivismo amerindio. - 1a ed. Buenos Aires: Tinta Limón.

[2] Despret, V. (2018). ¿Qué dirían los animales... si les hiciéramos las preguntas correctas? Buenos Aires: Editorial Cactus.

[3] Krenak, A. (2020). Ideias para adiar o fim do mundo. São Paulo: Companhia das Letras.

 

Nota de edición: El presente texto acompaña la muestra, habilitada en Espacio K Arte y Naturaleza (Santa Rosa 586). 

 

* Sophia Ruiz (Paraguay) es mediadora cultural y maestranda en Literatura Comparada en la Universidad Federal de Integración Latinoamericana. Investiga las relaciones entre memoria, archivo, producciones poéticas y justicias alternativas.