Lectura crítica

La poesía como resistencia y refugio: "Fronteras hilvanadas" de Maricruz Méndez Vall

En tiempos de dispersión, violencia y desarraigo, la poesía puede convertirse en uno de los pocos espacios donde se respira con dignidad. En "Fronteras hilvanadas", Maricruz Méndez Vall construye ese espacio desde la vulnerabilidad, pero también desde la lucidez y la persistencia. Su obra es una costura fina entre cuerpo y palabra, entre exilio y memoria, entre la herida y la forma que la sostiene.
Tapa de la obra "Fronteras hilvanadas" de Maricruz Méndez Vall. Cortesía

Desde el título, el libro evoca tensión: Fronteras hilvanadas sugiere límites que no son estáticos ni rígidos, sino cosidos, atravesados por un hilo común. Esas fronteras son geográficas, sí, pero también simbólicas: las que dividen lo íntimo de lo colectivo, el dolor personal del dolor social, el silencio de la palabra.

Dividido en tres secciones —"Buscadores", "Realidades" y "Que las pequeñas cosas nos salven"—, el poemario articula una cartografía emocional de la experiencia migrante, del cuerpo como campo de resistencia, y de la escritura como forma de enfrentamiento ético. La poeta no escribe desde la torre de marfil, sino desde el barro del presente, habitando el mundo con una voz que se atreve a nombrar sin grandilocuencia, pero con nitidez.

El estilo de Méndez Vall se caracteriza por un verso libre, rítmico, pero no pautado, que privilegia la cadencia natural del pensamiento y la emoción. No hay en su escritura búsqueda de brillo vacuo: cada imagen cumple una función simbólica o afectiva. Así, metáforas como "el sol alarga sus brazos de pulpo" o "versos empastillados" no buscan deslumbrar, sino provocar una lectura sensorial del mundo. Son metáforas activas, que piensan y sienten al mismo tiempo.

En un entorno saturado de imágenes huecas, esta poesía apuesta por la densidad: cada palabra parece haber sido elegida con un sentido de responsabilidad hacia el lenguaje. Este rigor no impide, sin embargo, que la autora despliegue ternura, ironía, o una delicada belleza. Al contrario: la contención potencia el efecto emocional del texto.

Uno de los poemas más representativos del tono del libro es "Contraataque". Aquí, el yo poético rechaza la pasividad ante el sufrimiento: no se niega el dolor, se lo reconfigura. "Elijo el dolor trashumante", dice, en oposición a un "dolor estancado". El adjetivo "trashumante" introduce una idea clave: el dolor que se mueve no pudre, no ancla. Se desplaza, como lo hacen las identidades migrantes o las heridas que se procesan.

El poema propone una ética: elegir la mano tendida antes que el puño cerrado, resistir la embestida de los aguijones con la levedad de un colibrí. Y si toda falla, aún queda la pluma, la escritura como última defensa. En ese acto de "desenvainar" la pluma se condensa una idea poderosa: escribir no es un pasatiempo, es una forma de lucha. De ahí que la autora logre —con elegancia y sin solemnidad— situar la poesía en el terreno de lo político sin perder su intimidad.

En otro registro, "La espera" nos enfrenta con una desesperanza latente. Se trata de un poema que se balancea en el filo de la rendición, pero no se entrega. "La tierra no es tierra sino infierno", afirma, y sin embargo, algo se mantiene: el zumbido del viento, la persistencia del jazmín. Aquí también, como en buena parte del libro, hay una crítica al desencanto colectivo: "que el hombre sea lobo de los hombres / y quimera la lengua de la patria". Frente al deterioro del lenguaje, del vínculo, de la comunidad, la poesía plantea una única salida: la espera digna. No como quietud paralizante, sino como acto de fe silenciosa. "¿Alguien lo duda?", pregunta el texto al final. Y en esa pregunta está la esperanza: todavía hay alguien a quien interpelar.

Méndez Vall logra un delicado equilibrio entre lo individual y lo social. Su poesía no es panfletaria, pero tampoco se retrae ante la injusticia. El cuerpo aparece muchas veces como territorio colonizado, enfermo, silenciado. Sin embargo, no se lo representa como víctima sino como agente de memoria, de búsqueda, de resistencia.

Este enfoque se emparenta con una tradición poética latinoamericana comprometida, pensemos en Gioconda Belli, Carmen Berenguer, Diana Bellesi, pensemos en Carmen Soler. Se destaca, sin embargo, por su tono íntimo, menos declarativo. Lo político en Fronteras hilvanadas se filtra en las grietas de lo cotidiano: en una lluvia tardía, en una ventana raída, en el recuerdo de una canción que no fue cantada.

Otro de los poemas más reveladores es "Despertar/es". Desde su título, el poema propone un juego semántico que encierra una clave central del libro: no hay un solo despertar, sino muchos. Despertar al día, a la conciencia, al dolor, al deseo. La luz que entra en la habitación es también revelación, y la guitarra dormida espera la voz que la despierte: metáfora de la palabra poética que necesita ser pronunciada para existir.

Este texto condensó bien el ideario del libro: despertar es un gesto cotidiano, sí, pero también puede ser un acto espiritual, político, estético. Despertar soñando, dice la autora, "guarda el misterio profundo / de los buscadores". Así, se configura una figura clave del poemario: el buscador, ese ser que no se resigna, que sigue caminando, aunque no tenga certezas.

La tercera sección del libro —"Que las pequeñas cosas nos salven"— propone una ética del detalle, una mirada capaz de encontrar sentido en lo mínimo. En un mundo saturado de estímulos, esta poesía ralentiza la percepción para volver a mirar. La fragilidad de las cosas se vuelve entonces su fuerza: lo pequeño resiste porque no se deja atrapar por la lógica de lo espectacular.

Aquí, la autora nos recuerda que no se necesita gritar para ser escuchado, ni alardear para resistir. A veces basta con escribir un verso preciso, con observar el jazmín persistente, con no renunciar al lenguaje.

Finalizando, Fronteras hilvanadas es una propuesta ética y estética. Maricruz Méndez Vall construye con su obra un lugar donde el dolor puede ser nombrado sin sentimentalismo, donde el cuerpo herido encuentra forma, donde la palabra aún tiene poder. Su poesía es una invitación a resistir sin perder la ternura, a mirar sin ceder al cinismo, a esperar sin cerrar los ojos. Este libro ofrece silencio, hondura y lucidez. Y eso, en estos tiempos, ya es mucho más que poesía: es un gesto radical de humanidad.

Contraataque 

Ante el dolor estancado
elijo el dolor trashumante
la lluvia fresca y las alas del colibrí
resistiendo la embestida
de los aguijones
intento calmar al cuerpo
cada vez que la impaciencia
escala por mi espalda
prefiero la mano tendida
al puño cerrado de la bronca
anunciando el golpe
y si nada de esto fuera posible
en el mundo del revés
desenvaino una afilada
pluma

Maricruz Méndez Vall

 

Nota de edición: Maricruz Méndez Vall, Fronteras hilvanadas, Editorial Rosalba, Asunción, 2025.


* Fides Gauto es docente universitaria e investigadora.