La belleza de las rosas es alabada desde tiempos remotos. Ya en la antigua Grecia estas flores eran muy estimadas por sus cualidades estéticas, a las que se les adjudicó incluso numerosos valores simbólicos. Del mismo modo, los jardines especializados en el cultivo, conservación y exhibición de variedades de rosas -comúnmente denominados rosaledas o rosedales- poseen un gran prestigio en todo el mundo, acumulado desde fines del siglo XIX.
Se considera como primer ejemplo de este tipo de jardines la Rosaleda del Valle del Marne (Francia), creada en 1894. La iniciativa pronto se expandió a otros puntos del continente. Tal el caso del Europa-Rosarium de Sangerhausen (Alemania), considerado la rosaleda más grande del mundo (12,5 hectáreas), inaugurada en el año 1903.
El entusiasmo por estos jardines no tardó mucho en cruzar el océano. Es así que, en 1912, Montevideo inauguraba su Rosaleda Juana de Ibarbourou, en el barrio Prado de la ciudad y, en 1914, Buenos Aires hacía lo propio con su Rosedal de Palermo, situado en el parque Tres de Febrero de esa capital y declarado patrimonio cultural.
En Asunción, Anna Gertz fue la encargada de diseñar el Rosedal del Jardín Botánico. La ejecución de este proyecto recién se inició, sin embargo, luego de su fallecimiento, ocurrido en 1920. Karl Fiebrig, quien fuera su marido y director del Botánico, expresaba años después en un informe que en la materialización del jardín se respetó el proyecto original de Doña Anna.
Rosedal, vista de uno de los paseos laterales, ca. 1920. CortesíaLa geometría y simetría de este jardín daban cuenta de su estilo neoclasicista, muy pertinente a su temática (rosaleda). La creación de subdivisiones pequeñas y paralelas, antes que pretensiones de diseño, obedecían a una finalidad práctica: facilitar el mantenimiento periódico sin dañar los parterres con pisadas.
Inserto en una parcela rectangular, el resultado formal fue una planta cuadrada que constaba de varios senderos rectilíneos (longitudinales, transversales y diagonales) que convergían en el centro, todos de tierra pero bien definidos y mantenidos. El sendero longitudinal estaba situado sobre el mismo eje de Kamba'i, permitiendo una conexión visual entre ambos jardines, aunque no física. El centro, denominado “pabellón” o “glorieta central”, estaba constituido por una cúpula apoyada sobre ocho columnas, con vegetación trepadora, generando un techo verde.
Rosedal, glorieta central, ca. 1930. Guía geográfica de turismoLos extremos de los senderos longitudinales y transversales -accesos al interior del jardín- estaban remarcados por un mobiliario diseñado específicamente para el lugar, compuesto por un par de bancos enfrentados a cada lado del camino, unidos por arcos cubiertos de vegetación, conformando pequeñas pérgolas. Los senderos diagonales también tenían arcos en sus extremos para remarcar su inicio, pero sin bancos. Todos esto arcos constituían marcos o portales que jerarquizaban los accesos. En los laterales del conjunto también existían algunos bancos sencillos.
En cuanto a vegetación, además de las variedades de rosas, existían especies trepadoras sembradas en la base de la glorieta central y arcos, además de gramíneas para los bordes de los parterres y también para el interior de los mismos.
Todos los arcos llevaban en su punto más alto una estrella de cinco puntas, mismo emblema observable en el Jardín Romano e incluso en otros jardines del mismo predio constituidos en décadas anteriores.
Tampoco existen ya los arcos, bancos, ni otros elementos originales. La plataforma central y las cuatro esquineras -todas de ladrillo- aún se encuentran en estado aceptable, con algunas piezas rotas o faltantes y vegetación espontánea creciendo entre sus juntas.
En el caso del Rosedal, la pérdida no es únicamente la de un testimonio único y antiguo. Con su desnaturalización ha quedado para todos vedada la posibilidad del goce estético de un escenario bello y sublime, un carnaval floral para los sentidos.
* Carlos Zárate es arquitecto, docente, investigador. Magíster en Restauración y conservación de bienes arquitectónicos y monumentales (UNA-IIF). Coordinador de Área de Teoría y Urbanismo (FADA-UNA).
* Marli Delgado es arquitecta, investigadora. Docente de las cátedras Historia de la Arquitectura del Paisaje en Paraguay y Arquitectura 5 (FADA-UNA).