Historias viscerales para rescatar memorias
Tenía referencias de la labor de escritor de Oscar Bogado Rolón desde hacía algunos años. Especialmente de su trabajo en el género del ensayo, que en el Paraguay no tiene muchos cultores habituales que diversifiquen su enfoque más allá de la épica histórica. Además de algunos temas propios de nuestra historia política, Bogado Rolón abrió su espectro temático hacia las manifestaciones musicales y folclóricas de nuestro país, por ejemplo.
Así, conocí su estupendo libro sobre el Nuevo Cancionero paraguayo, un valioso rescate de una época en pleno régimen estronista en que la música fue un elemento de resistencia, con la llegada de una generación de creadores que renovó los aires del acervo conocido y, al mismo tiempo, recuperó antiguas piezas musicales que estaban olvidadas o marginadas por designios políticos.
Hoy, al extender su horizonte creativo, Oscar Bogado Rolón incursiona en el relato, un género que le sienta cómodo desde el momento en que juega equilibradamente en los lindes entre la ficción y la memoria real.
Historias viscerales es el título con que el autor enmarcó estos 14 cuentos o relatos de una apreciable diversidad temática. Varios de los textos tienen un acendrado sabor de lo costumbrista, de extracción popular y hasta folclórica.
Es reconocible también, en la mayoría de ellos, el aire de káso ñemombe'u, o de cuentería, pues la oralidad está presente en la estructura de algunas de las historias desplegadas en el libro. El estilo de caso se percibe especialmente en la presencia funcional de un narrador omnisciente que guía al lector y lo conduce por las peripecias página tras página.
En todas las historias luce el estilo limpio, claro del lenguaje, que se asocia en su elegante sencillez con la linealidad de los relatos, que fluyen fácil en su redacción y en su comprensibilidad. A través de dicho lenguaje se establece una comunicación estrecha del autor con quien se interna en las páginas de Historias viscerales.
La gimnasia narrativa que fue adquiriendo con el transcurso de los años y la escritura de libros de temática variada le dio amenidad al estilo de Oscar, y sus textos suenan como una conversación coloquial y animada en una tardecita cálida o en una noche cerrada de aliento fresco.
Son 14 los relatos, las historias, los cuentos en algunos casos, que pueblan este libro que lleva el sello de Arandurã. Varios de los textos están enmarcados en Ypacaraí, el pueblo y luego ciudad que adquiere aquí categoría de protagonista, más allá de lo meramente escénico, en ciertos pasajes.
El libro se abre con un escrito con todos los aditamentos del cuento, especialmente por su final. En "El artista", tal su título, la historia transcurre en la reducción jesuítica de Santa María. Allí, varios indígenas se dedican al tallado en madera y la imaginería. La visión se centra en Simón, un nativo con gran talento al que el jefe de taller, un padre Grimau, pesca tallando la imagen de una mujer sonriente.
Esto le valió a Simón un cruel castigo: fue azotado en la plaza frente a toda la población del lugar. Y aquí aparece toda la simbología que encierra el cuento. En aquellos tiempos, y en aquel escenario sacro, todas las imágenes debían tener una faz solemne o angelical. La sonrisa, el humor -más aún en la imagen de una mujer- se consideraban elementos pecaminosos. Esto nos remite en cierto modo a la novela El nombre de la rosa, en la que la causa de una serie de asesinatos en una abadía se debió a un libro de humor cuya lectura estaba prohibida. El humor era signo de pecado. Y en este cuento se plantea un factor esencial que en aquellos tiempos era difícil mantener: la libertad. La libertad para pensar, la libertad para crear, la libertad para obrar.
"El santo sin rostro" es el segundo relato del libro. La historia tiene como protagonista a un “santo” muy peculiar producto del sincretismo entre lo religioso y el sentimiento popular. Algunos lo llaman El Señor de la Buena Muerte; otros, simplemente San Lamuerte. Nos recuerda la novela de Juan Bautista Rivarola Matto, San Lamuerte, con las peripecias de esta devoción pagana.
El tercer relato se titula "La puerta que no se abrió a tiempo". Tiene el aire de los aciagos sucesos de venganzas familiares en los pueblos, frutos de reyertas y muertes que ocurrían casi cotidianamente al calor de borracheras o de antagonismos que el tiempo alimentaba camino a la tragedia.
"El espectro de Boquerón" narra en primera persona la historia del sargento Esquivel, cuyo espíritu siguió guiando un asalto aún luego de ser abatido por balas bolivianas. Tiene reminiscencias del célebre cuento "El aviso misterioso", de Teresa Lamas, sobre una aparición fantasmal y fulgurante del padre Egidio Cardozo, ex párroco de Las Mercedes, para evitar una matanza de paraguayos en plena guerra. Solo que este aviso del padre Cardozo llegó cuando él ya había muerto, víctima de una enfermedad en plena guerra. El espíritu del sargento Esquivel y del padre Cardozo se unen aquí en un tema que alude al lado fantástico del conflicto bélico.
"El pescador". Este relato tiene como escenario a Villa Florida y el río Tebicuary y nos narra las peripecias de Francisco Bernal, un hombre con destino de perdedor que logra su redención en un hecho milagroso. Un tema recurrente en los cuentos populares.
"Expiación". Esta es una de las historias más duras del libro. Nos cuenta del destino de un comisario retirado que debe expiar su pasado como torturador y asesino durante el régimen estronista, sobre todo en la represión contra la OPM en los años 70. El final, inesperado, remata la tragedia narrada.
"La despedida de Mangoré" revive la parte final de la vida de Agustín Barrios en el Paraguay antes de emprender su gira, de la cual no volvería nunca. La historia recrea un concierto en la estación de Ypacaraí, en una crónica plena de emotividad.
"La canción perdida de Flores" es el título de una crónica de la parte final de la relación directa de Flores con Ortiz Guerrero, poco antes del fallecimiento de éste y del viaje del Maestro a Buenos Aires. Habla de una supuesta melodía de Flores, inspirada en los terribles días de Boquerón, a la que el maestro llamó Yuhéi, sed, y que nunca fue concluida en su musicalización.
"El piano de Madame Lynch" rememora el periplo del piano de la dama irlandesa compañera de López. La historia se enmarca en un relato lineal, como un parte final a la memoria de un pasaje de aquella guerra que se suma a las tantas leyendas nacidas en la gran tragedia, y que escapan a la épica pura.
"Marta y María" es otro de los títulos del libro. La historia de dos hermanas, que termina siendo finalmente la de una de ellas, María. Hay un muy bien engarzado juego de realidad y fantasía, como un guiño metaliterario con que se cita a escritores como Arnaldo Valdovinos y Augusto Roa Bastos, para acentuar la veracidad de un relato que quiere trascender los límites de lo meramente fantasioso. El lenguaje es muy cuidado aun cuando se debe describir algún lugar especial:
...ingresaron como pupilas en un prostíbulo de las afueras, hasta donde llegaban los clientes bajo el amparo de la noche que borraba las huellas del camino y el rostro de los peregrinos.
"Profanadores" es una historia macabra recubierta por una pátina de humor muy a lo Mark Twain.
"Suplantación". Este relato narra la posible suplantación de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús de la iglesia de Ypacaraí. Hay un personaje, en este relato, que aparece súbitamente y luego se diluye en un final misterioso y teatral.
"El concierto interrumpido". Esta es la descripción de la noche del 4 de mayo de 1954, durante el golpe militar con el que Alfredo Stroessner derrocó al presidente Federico Chaves para luego hacerse con el poder. Y narra específicamente aquel curioso y recordado caso en que la Orquesta Sinfónica de la Asociación de Músicos del Paraguay, dirigida por el maestro Carlos Lara Bareiro, tuvo que interrumpir su concierto en el Teatro Municipal al recrudecer el tiroteo en el centro de la ciudad. El autor rescata también la memoria de Roberto L. Petit, el ilustre mártir de aquella noche, el jefe de Policía más llorado en la historia del país, según coinciden historiadores y cronistas.
El libro se cierra con el cuento "Malavisión". típico relato de misterio, de lo que podríamos llamar terror pueblerino.
Prepárense un mate, un tereré, un té, un café, escancien un buen vino o la bebida que elijan, y sumérjanse en estas Historias viscerales de Oscar Bogado Rolón, quien, con su prosa diáfana, armoniosa, tersa, eufónica, cuidadosa, sin rebusques, les guiará al fascinante mundo de los hechos convertidos en fantasía.
* Bernardo Neri Farina es escritor y periodista. Es presidente de la Academia Paraguaya de la Lengua Española (APARLE).