Sobre Independencia Nacional casi General Díaz, formando parte de la estructura del Colegio Presidente Franco, se erige el que podría ser el edificio en pie más antiguo de nuestra capital: el último vestigio del Convento Grande de San José del Paraguay de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced para la Redención de los Cautivos (una parte del mismo), conocido como el Convento de la Merced.
A diferencia de otros edificios emblemáticos que han sido reformados o reconstruidos, este muro es materia original. Sus ladrillos colocados algunos "de canto" y su ventana de hierro forjado son testimonios físicos del siglo XVII que sobrevivieron a la supresión de las órdenes religiosas por el Dr. Francia en 1824 y a su posterior uso como cuartel.
Arqueología certificada: El valor de lo auténtico
Este sitio no es solo un recuerdo histórico, es un hito arqueológico vivo. Tal como se destaca en las investigaciones Centro de Estudios Arqueológicos e Históricos del Paraguay - CEAHP y en la obra fundamental de Margarita Durán Estragó, "Templos de Asunción 1537-1860" en el contexto de investigación sobre Conventos, ermitas, iglesias y parroquias del Paraguay colonial, esta estructura posee una antigüedad pre-francista documentada.
Apoyados en los estudios de Benjamín Velilla, quien fuera pionero en identificar estos espacios, estamos ante arqueología urbana pura. Un fragmento de la Asunción colonial que se niega a desaparecer y que se mantiene como la construcción más vieja en pie desde la época de la colonia en la ciudad, (Los Mercedarios recibieron de parte de Irala lotes en Asunción y posteriormente en Areguà), en el año 1782 año se completó una de las etapas más significativas de su reconstrucción, otorgándole una apariencia más sólida y acorde al auge edilicio de la época en la capital paraguaya, esta pared incluso su ventana se conserva increíblemente desde ese año, la piqueta del progreso solo pudo taponear en estos años la"tronera" defensiva original.
El crisol de nuestros símbolos patrios
La historia de nuestra bandera no fue un evento único, sino una evolución que tuvo en este convento mercedario uno de sus escenarios principales. Tras la gesta de mayo de 1811, Paraguay utilizó primero una bandera azul con una estrella blanca. Poco después, en el Congreso de junio de 1811, apareció una tricolor que incluía el amarillo en el centro. Fue finalmente hacia agosto de 1812 cuando se adoptó la franja blanca en lugar de la amarilla. En el célebre Congreso de 1813, celebrado en este recinto, se ratificó esta identidad y con certeza se gestó el Sello Nacional: la palma y el olivo entrelazados con la estrella en el centro, símbolos de justicia, paz y esperanza que nos representan hasta hoy.

El primer asilo político de América
El valor de este rincón asunceno trasciende nuestras fronteras. El 14 de septiembre de 1820, José Gervasio Artigas ingresó a este convento buscando refugio. Este hecho es reconocido como el primer asilo político documentado en el continente, un hito que sitúa a Asunción en la génesis del derecho humanitario internacional, una historia que resuena en la labor de organismos como ACNUR.
Memoria social: De la "Ranchería" al Cuartel
El convento no era solo un espacio de oración. En la zona que hoy ocupa la Plaza de la Democracia y el Hotel Guaraní se ubicaba la "Ranchería" de esclavizados, un componente fundamental de la sociedad colonial. En la actualidad un obra musical los recuerda: Kamba la Merced. Tras 1824, el Dr. Francia convirtió el edificio en Cuartel de Caballería, uso militar que permitió que este muro lateral sobreviviera, sirviendo incluso de hospedaje a cronistas como Félix de Azara.
Un llamado a la puesta en valor
Este artículo es una invitación a mirar con nuevos ojos la calle Independencia Nacional. No se trata solo de una pared de colegio; es el testigo material que escuchó los debates de los próceres y dio cobijo al Protector de los Pueblos Libres. Reconocer el valor arqueológico certificado por el CEAHP y documentado por Velilla y Durán Estragó es asegurar que el latido más antiguo de Asunción no se apague en el olvido.
* Roberto Schiappapietra es investigador y comunicador.