El "Libro de Oro", de los imaginarios a las páginas
Origen del Libro de Oro: la primera asamblea de mujeres en América
Tras las continuas derrotas militares sufridas en el primer semestre de 1866, Solano López resolvió mantenerse a la defensiva, eligiendo para el efecto la fortaleza de Humaitá como baluarte de su sistema. Fortificó el río Paraguay en Curuzú y Curupayty y construyó una red de trincheras que circunvalaban el fuerte. Estableció su cuartel general en Paso Pucú, el cual se unía con los otros sectores por medio del telégrafo. Reorganizado sus batallones amalgamando los restos de muchos otros, en julio de ese año embistió con éxito en Yatayty-Corá, Sauce y Boquerón, y dos meses más tarde -el 22 de setiembre- la victoriosa batalla de Curupayty, acciones bélicas que levantaron la moral del ejército paraguayo.
El fervor entusiasta se difundió por todo el país. En ese contexto, un grupo de damas de la sociedad asuncena también se propuso demostrar su patriotismo y, en consecuencia, doña María Escolástica Barrios de Gill, ya viuda para ese entonces de Juan Andrés Gill [1], convocó el 10 de enero de 1867 a ciertas mujeres de la elite a una reunión en su residencia. Asistieron a la misma unas treinta señoras y señoritas, pero otras mujeres, interesadas por la convocatoria, “acudieron y se instalaron en los corredores, en los patios y en las veredas” [2]. La dueña de casa, después de agradecer tan relevante presencia, expuso el motivo de la reunión, manifestando que era hora en de que todas las mujeres del país también colaboraran a favor de la causa nacional. Para ese cometido, se instó a la donación de joyas, reliquias y otros efectos que pudieran ser útiles para subsidiar la contienda.
Los encuentros prosiguieron durante el mes de enero y para el 24 de febrero se invitó a una magna asamblea a celebrarse en la Plaza 14 de Mayo. La convocatoria congregó a miles de mujeres y algunos hombres de distintos estamentos sociales, en cuya oportunidad hicieron uso de la palabra varias señoras. La confluencia masiva del sector femenino, sin distingos de clases, alentó a las organizadoras de la reunión y estas se prolongaron por espacio de cuatro días. Los emotivos discursos produjeron en la concurrencia un entusiasmo singular para donar sus alhajas “por una causa justa y legítima”.
Después del enérgico discurso de doña Escolástica Barrios de Gill en la asamblea de mujeres celebrada el 24 de febrero de 1867 -la primera en América-, las reuniones se efectuaron en 73 comunidades de todo el país y en los 5 distritos de Asunción [3]. En todos los encuentros, las alocuciones eran similares, en cuanto a la manifestación de alhajas y otros enseres que se recibirían en donación para ayudar en los gastos de la defensa.
La asamblea de febrero resolvió, además, formar una comisión de doce señoras para representar a todas las mujeres de la capital y del interior del país. Dicho comité se encargaría de habilitar un libro “con la elegancia posible de las circunstancias actuales” [4], en el cual se registrarían todas las manifestaciones de las ofrendas de las mujeres y se incluirían las reseñas de las reuniones celebradas en la capital y en los distritos del interior. El acta de la reunión concluía con la siguiente declaración: “El Libro en donde se consignarán los donativos se conservará para perpetua memoria” [5].
La mujer paraguaya, es nuestro orgullo, que hubo entusiasmo en las reuniones parciales, no solo ofrecen sus joyas y alhajas, sino también sus brazos y sus vidas para demostrar con hechos que son hermanas de los héroes que forman el ejército nacional [...] Todas las mujeres grandes y pequeñas, ricas y pobres confundidas como verdaderas republicanas, preparan la realización de su pensamiento que hará temblar a nuestros invasores e inmortalizará a la mujer paraguaya. Sabemos también que en la campaña bulle el mismo entusiasmo, y que los ofrecimientos de joyas y alhajas y de su vida misma se hace con una animación que raya el frenesí...” [6].
No todas las mujeres que acudieron a las asambleas ofrecieron sus joyas
Tras la asamblea realizada en Asunción, y a instancias de esta, como ya se aludió, se sucedieron reuniones similares en el interior del país. Al examinar las actas asamblearias de los 73 pueblos y de los distritos de Asunción y cotejar los nombres que aparecen en los Libros Mayores de Caja, obrantes en el Archivo Nacional, se constata que algunas mujeres que figuran como asistentes a las reuniones de las citadas jurisdicciones no aparecen sin embargo declarando las joyas de su posesión a ser donadas. Hecho llamativo con el cual se desmitifica -en cierta medida- la concepción de que todas las mujeres fueron obligadas a desprenderse de sus joyas y reliquias por medidas coercitivas provenientes del gobierno o de los referentes importantes de la sociedad capitalina. Ese es uno de los mitos en torno al libro.
Viva la República del Paraguay
Asunción... Marzo 14 de 1867
Joyas y alhajas pertenecientes a la que suscribe y que manifiesta a la comisión encargada de la toma de razón de dichas alhajas en esta capital para la ofrenda de las hijas de la Patria al Gefe Supremo de la República para aumentar los elementos de la heroica defensa de la causa nacional [7].
Una vez recepcionadas las boletas en Asunción, estas eran asentadas en tres volúmenes, denominados Libros Mayores, con tapas de cuero y en papel inglés, cuyas páginas están foliadas consecutivamente: Libro A, folios 1 al 487; Libro E, folios 488 al 970, y Libro E2, folios 971 al 1151. En los tres Libros citados se escribieron los nombres de los distritos y de las mujeres por orden alfabético. Si eran casadas, aparecían mencionadas por el apellido del esposo. A continuación, se expone un modelo de registro del inventario de una mujer de Villa de San Pedro:
Natalia Falcón de Palacios y su hija Eugenia
Dos rosarios de oro con cruces de peso de cinco onzas y dos adarmes.
Una cadena de oro y peso de 15 adarmes.
Un par de zarcillos de oro y peso de 15/5 adarmes.
Otro zarcillo de oro y ligas de cristal de peso de 5 adarmes.
Otros zarcillos de cuentas de oro con peso de 3 6/5 adarmes.
Un anillo de oro con aguamarina y peso de 11 adarmes.
Tres anillos de oro. Uno con topacio de peso de 11 adarmes.
Cinco canutillos de oro de peso de 2/2 adarmes [8].
La cifra total de inscriptas en los tres Libros de Registro es de 22.311 mujeres incluyendo a las 5 mujeres de los campamentos. Es importante precisar que, unas 902 mujeres signadas en los citados libros declararon en sus inventarios, además, a sus hijas o nietas, pero sin mencionar la cantidad de las mismas. Por lo tanto, la cifra hipotética podría llegar a unas 25.000 mujeres.
Para contextualizar esta cifra es necesario referirse a otro mito relacionado con la guerra, que es el relacionado con la magnitud de la población paraguaya antes del conflicto. Hay quienes afirman que más de 600.000 mujeres manifestaron sus joyas, en base a la cifra que había divulgado Alfred Du Graty [9] en 1862. Este citaba un empadronamiento supuestamente realizado en 1857 de 25 ciudades y villas, y aseveraba que el Paraguay en ese entonces contaba con una población total de 1.337.439 habitantes [10].
Notas
[1] Juan Andrés Gill fue el primer ministro de Relaciones Exteriores que tuvo el Paraguay y, por ende, el primer diplomático.
[2] Idalia Flores de Zarza. La mujer paraguaya protagonista de la historia, Asunción: El Lector, 1987, p. 138.
[3] Los 5 distritos de Asunción en 1867 eran: Catedral, San Roque, Encarnación, Recoleta y Trinidad.
[4] Flores de Zarza, La mujer paraguaya, pp. 158-160.
[5] Ibid, p. 162.
[6] “Asambleas del Bello Sexo Nacional”. El Semanario (Asunción), 28 de febrero de 1867, p. 1.
[7] Archivo Nacional de Asunción, Paraguay (en adelante PY-ANA). Boletas de manifestaciones de joyas. Sección Nueva Encuadernación (en adelante SNE). Vols. 2850-2865.
[8] PY-ANA, Libro Mayor ii, Villa de San Pedro, p. 11.
[9] No se llegó a encontrar en ningún repositorio nacional o extranjero el supuesto censo efectuado por Du Graty. Es probable que en connivencia con el propio presidente Carlos A. López se haya acrecentado en demasía la cifra para presentar una imagen de país desarrollado con una pujante y próspera población.
[10] Alfred Marbais Du Graty, La República del Paraguay, Bezancon, Imprenta José Joaquín, 1862, p. 364.
[11] Ernesto Maeder, “La población del Paraguay en 1799. El censo del gobernador Lázaro de Ribera”, Estudios Paraguayos, Vol. iii, N° 1, Asunción, 1975, pp. 63-65.
Nota de edición: El presente texto es un fragmento de la disertación titulada “El Libro de Oro, de los imaginarios a las páginas: reexaminando la documentación en torno a la ofrenda del bello sexo”, presentada por la autora en el coloquio internacional dedicado al Libro de Oro, organizado por la Secretaría Nacional de Cultura y celebrado en Asunción en 2018. Las actas fueron publicadas en 2021 por Tiempo de Historia, editorial que gentilmente autorizó su reproducción en nuestras páginas. Delphine Demelas y Guillaume Candela (editores). El Libro de Oro y su época. Historia, sociedad y patrimonio del Paraguay (1850-1890), Asunción: Tiempo de Historia, 2021. pp. 79-89. La imagen de apertura corresponde a la muestra "Paraguaya imaginada", realizada en 2017 en el Museo Casa de la Independencia.
* Mary Monte de López Moreira es historiadora, centra sus investigaciones en la historia social y de género. Fue docente de Historia Antigua: Grecia y Roma, América Colonial e Historia del siglo XX, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción. Asimismo, en la Universidad Católica enseñó Historia del Paraguay e Historia de la Cultura. Ha realizado más de 70 publicaciones en revistas locales y extranjeras. Es presidenta de la Academia Paraguaya de la Historia.