El arte como herramienta de lucha social
Cuando se habla de arte, a menudo muchos piensan que el arte es aquel cuadro o pintura que combinan perfectamente los colores o melodías conocidas que suenan en nuestro entorno. Sin embargo, el arte es mucho más que una simple representación de lo bello.
Según la Real Academia Española, "el arte es la manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros". El arte, desde casi el inicio de la humanidad, ha sido y sigue siendo un medio, una forma y una fuente de expresión de los sentimientos y percepciones humanas. Cumple un papel crucial a lo largo de la historia, especialmente como forma de manifestación y lucha social.
Desde la antigüedad, el arte no solo expresa la alegría o la cara amable de la vida, sino también puede otorgar voz a los muertos que sacrificaron su vida por la democracia, visibilizar a los oprimidos por diferencias sociales o exigir los derechos universales. En un contexto socioeconómico complicado como el actual, no cabe duda de que la hiperconectividad, las secuelas del uso excesivo de las redes sociales y la dependencia tecnológica distorsionan cada vez más nuestra percepción de la realidad. Por ello, hoy más que nunca es necesario valorar y apreciar el arte, ya que este refleja la realidad sin prejuicios.
El arte ha sido una piedra angular en las luchas sociales a lo largo de la historia. En el caso de Corea, es indispensable mencionar el papel que ha desempeñado el arte en las manifestaciones cívicas y en la resistencia social. Un ejemplo concreto es la obra de la reconocida autora Han Kang, ganadora del Premio Nobel En su libro Actos humanos, describe la cruel realidad de quienes lucharon por la democracia en la década de 1980 en Corea. A través de su escritura, rinde homenaje a quienes entregaron su vida por la libertad. Con un lenguaje sencillo pero penetrante, Han Kang saca a la luz el oscuro pasado de la dictadura militar, especialmente en relación con la lucha cívica del 18 de mayo de 1980.
En cuanto a la pintura, durante siglos numerosos artistas han plasmado sus denuncias sociales sobre lienzos y muros. Particularmente durante las dictaduras, el arte urbano jugó un papel clave en la denuncia de la opresión social, como lo demuestran las obras de Byung Soo Choi. Uno de sus grabados más conocidos de 1987, titulado Hagan vivir a Hanyeol, se convirtió en un símbolo del movimiento democrático. Y este es un claro ejemplo como una obra de arte puede asumir un papel trascendental para generar profundas transformaciones sociales en el proceso del desarrollo social.
En las manifestaciones coreanas, es común el uso de la música y el baile como herramientas de lucha pacífica. Existen canciones representativas de cada movimiento, como Rocío de la mañana (아침이슬), que se convirtió en un himno del movimiento democrático coreano al haber sido censurada durante la dictadura militar de los años 70. Esta canción transmitió la esperanza en una época de opresión y funcionó como un medio de cohesión social de la época.
"Me voy ahora a ese desierto salvaje / Dejando todo mi dolor atrás, me voy ahora."
(Traducción de un verso de la canción)
No se puede dejar de mencionar un episodio político ocurrido en diciembre pasado en Corea. El presidente en funciones decretó la ley marcial de manera sorpresiva y unilateral, sin el consentimiento del Congreso. Aunque dicha ley fue derogada posteriormente, ese hecho desencadenó una masiva manifestación ciudadana que exigía su destitución. Durante el invierno, los coreanos salieron a las calles y utilizaron diversas formas de arte —baile, teatro, canciones, pinturas, etc.— para expresar su descontento. Incluso la música K-pop se convirtió en una fuente de inspiración y en un medio para canalizar las inquietudes y demandas sociales. Muchos manifestantes afirmaron preferir el arte porque representa los valores fundamentales de la democracia: la libertad y la paz. Este peculiar fenómeno de protesta pacífica a través del arte llevó a que medios internacionales calificaran el movimiento como "K-democracia".
Según el filósofo y sociólogo John Dewey, en su obra El arte como experiencia, "el arte es una forma de vivencia que une al individuo con la comunidad mediante una emoción compartida. El arte permite que las personas comprendan y sientan en común, generando empatía y cohesión social. Socializa porque transforma lo subjetivo en algo comunicable y accesible para otros. Cuando la obra de arte se separa de la vida activa de la comunidad, pierde su significado vital". Así, el arte fue —y sigue siendo— una herramienta indispensable en las luchas democráticas que han transformado a la sociedad coreana y al mundo.
* Silvia Jung es licenciada en letras y oficial consular de la Embajada de Corea.