Alejandrino Meza: Diarios de guerra, más allá de las acciones militares

Acaban de aparecer los “Apuntes diarios de Alejandrino Meza (1933-1934)”, libro compilado por Alejandro Barcza que inaugura la Colección Guerra del Chaco de la editorial AranduBook. Aquí compartimos el prólogo.
Alejandrino Meza: Diarios de guerra, más allá de las acciones militares

A diferencia de otros diarios de guerra, el de Alejandrino Meza que se reproduce en este libro no presta mucha atencio?n a las acciones militares. Brinda, en cambio, muchos detalles sobre la organizacio?n, las preocupaciones y la vida cotidiana de los combatientes paraguayos durante una etapa importante de la Guerra del Chaco.

Alejandrino Meza (1897-1972) no era hombre de armas sino hombre de derecho. Nacido en Asuncio?n, se formo? en el Colegio Nacional de la Capital y en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Fue profesor en institutos de ensen?anza secundaria y colaborador de perio?dicos estudiantiles, asi? como, ma?s adelante, de El Diario y El Liberal. Cuando estallo? la guerra, en 1932, llevaba ma?s de una de?cada consagrado al Poder Judicial. Habi?a sido procurador de pobres y ausentes, defensor de reos pobres, fiscal en lo criminal, fiscal en lo civil y comercial y, desde febrero de 1932, juez de primera instancia en lo criminal [1]. Su movilizacio?n al Chaco se produjo en octubre de 1933, como consecuencia de la reorganizacio?n de los tribunales militares del eje?rcito en campan?a.

Por iniciativa del doctor Pedro R. Espi?nola, auditor de guerra del Comando en Jefe del Eje?rcito en el Chaco, el general Jose? Fe?lix Estigarribia habi?a dispuesto la creacio?n de juzgados de instruccio?n militar en los comandos de cuerpos, divisiones, destacamentos y plazas militares importantes, asi? como tribunales militares de sentencia en el Comando en Jefe y los distintos cuerpos de eje?rcito, con sus respectivos agentes fiscales. Estos o?rganos tendri?an cara?cter permanente y funcionari?an mientras el eje?rcito estuviese en operaciones.

La decisio?n se adopto? en vista de las deficiencias de la organizacio?n establecida en los primeros meses de la guerra, y con el propo?sito, conforme explico? el doctor Espi?nola, “de evitar que militares profesionales estuvieran manejando cuestiones legales alejadas a su funcio?n especi?fica”. El auditor propuso, en consecuencia, integrar la justicia militar del eje?rcito en campan?a con abogados y procuradores distinguidos del foro de Asuncio?n. Adujo ante el comandante Estigarribia que era conveniente que en la Guerra del Chaco no se repitiesen los tribunales de sangre de San Fernando, en alusio?n a los cuestionados juzgamientos dispuestos durante la guerra con la Triple Alianza, para lo cual debi?an imperar la ley y la disciplina. An?adio? que eso se conseguiri?a “dejando las cuestiones legales a cargo de profesionales”. Espi?nola elaboro? una lista de los que podri?an ser movilizados, sin tener en cuenta sus inclinaciones poli?ticas, sino solamente su capacidad juri?dica, y se solicito? la movilizacio?n de los seleccionados [2].

Entre ellos estuvo Alejandrino Meza, juez de primera instancia en lo criminal, a quien el Superior Tribunal de Justicia concedio? permiso para marchar al frente de operaciones. Por orden general 140 del Comando en Jefe del Eje?rcito en el Chaco, del 11 de octubre de 1933, fue designado juez de instruccio?n de la Octava Divisio?n de Infanteri?a, de la que se hari?a cargo el teniente coronel Fe?lix Cabrera y que cubri?a el sector del forti?n Falco?n. El 30 de octubre siguiente, por decreto del Poder Ejecutivo, se le incorporo? al eje?rcito, con otros abogados, procuradores y estudiantes de los u?ltimos cursos de la Facultad de Derecho, en calidad de teniente segundo de reserva en comisio?n, primer grado en el escalafo?n de oficiales, conforme a lo previsto en la legislacio?n entonces en vigor [3].

Antes incluso de su designacio?n e incorporacio?n al eje?rcito, el 10 de octubre, Meza se embarco? en el puerto de Asuncio?n a bordo de la motonave Pingo, con direccio?n al Chaco. Teni?a 35 an?os y au?n no habi?a formado familia. De esa fecha arrancan sus apuntes diarios. Asento? que con e?l viajaban Miguel Bestard y J. Augusto Saldi?var, y que los tres iban como voluntarios, invitados para constituir los tribunales militares en el frente de operaciones. Indico? tambie?n que el doctor Pedro R. Espi?nola le habi?a visitado en su despacho pocos di?as antes, a efectos de invitarle, en nombre del general Estigarribia, a sumarse a los tribunales militares que se constituiri?an.

La permanencia de Alejandrino Meza en territorio chaquen?o se prolongo? por poco ma?s de tres meses. En enero de 1934, retorno? a Asuncio?n con goce de licencia por razones de salud, y en marzo siguiente, Juan Cli?maco Ferna?ndez fue nombrado, en su reemplazo, juez de instruccio?n militar de la Octava Divisio?n de Infanteri?a [4]. En todo caso, estuvo en el Chaco durante el desarrollo de la batalla de Zenteno-Gondra, la rendicio?n de la Cuarta y Novena Divisiones bolivianas en Campo Vi?a, el armisticio subsiguiente y la reanudacio?n de hostilidades en enero de 1934. Meza contemplo? de cerca esos acontecimientos relevantes, y ello solo justificari?a la importancia de sus apuntes diarios. Sin embargo, estos apuntes son importantes, asimismo, por las descripciones de los lugares y del ambiente general que contienen. Muestran lo que vio un civil ilustrado, curioso y perspicaz, que atraveso? gran parte de los campos por donde se efectuo? la movilizacio?n del contingente militar paraguayo y en donde se libraron los combates de la primera mitad de la guerra.

En sus anotaciones diarias, Meza describio? la navegacio?n por el ri?o Paraguay, la escala en Concepcio?n, la situacio?n de Puerto Casado y el viaje hacia el interior del Chaco, pasando por la estacio?n de Kilo?metro 145, Casanillo, Pozo Azul y Campo Esperanza. Registro? cuanto podi?a llamar la atencio?n de quien se internara en los lugares donde se estaba desarrollando el enfrentamiento armado. Luego, apunto? detalles sobre Isla Poi? o Villa Militar, la “capital del eje?rcito” paraguayo, y sobre la forma en que se vivi?a alli? en momentos en que las fuerzas del Paraguay emprendi?an la ofensiva. E?l y el doctor Bestard debieron permanecer unos di?as en ese sitio hasta el retorno del general Jose? Fe?lix Estigarribia, que se encontraba en el frente de operaciones. El 17 de octubre prestaron el juramento de rigor ante el comandante en jefe. Estigarribia le impresiono? como un hombre “sereno, ecua?nime y suave”. Escribio? que no pareci?a “un militar sino un maestro filo?sofo”. Se hablaba ya en el comando de la pro?xima derrota de Bolivia, y se senti?a que el Paraguay estaba cada vez mejor organizado para afrontar la guerra.

La guerra es el ma?s monstruoso y el ma?s estu?pido de los cri?menes. El castigo del crimen gravita sobre los inocentes" [...]

Finalmente, Alejandrino Meza partio? el 22 de octubre al forti?n Falco?n, asiento del comando de la Octava Divisio?n de Infanteri?a. Desde Falco?n, acompan?o? el avance hacia Pozo Favorito; y se enfrento? a los horrores de la guerra. Escribio? luego de visitar un hospital: “La guerra es el ma?s monstruoso y el ma?s estu?pido de los cri?menes. El castigo del crimen gravita sobre los inocentes. Los culpables viven tranquilamente en las ciudades 'comiendo bien y bebiendo mejor'. He aqui? la tremenda injusticia de la guerra. Quisiera traer a los guerreristas para exhibirles este cuadro horripilante que subleva la conciencia”.

Sus descripciones sobre lo que ocurri?a son detalladas y elocuentes, con un hondo sentimiento de compasio?n hacia los combatientes de ambos bandos. Dejo? constancia de los bombardeos ae?reos, los combates, el envi?o de patrullas, el estado lamentable en que llegaban los prisioneros. Tambie?n registro? su propia actividad, que incluyo? la instruccio?n de sumarios por casos de autoheridas, deserciones, la agresio?n de un camillero que hirio? a su jefe en el brazo por un incidente, y la supuesta tentativa de violacio?n de una enfermera por dos choferes. Durante las marchas, el juzgado se instalo? bajo “arbolitos descarnados”, y cuando llovi?a los papeles se guardaban bajo las carpas de los jefes, “previo permiso y venia”. El juez de instruccio?n militar colaboraba, adema?s, ordenando el archivo del estado mayor divisionario.

De Falco?n, se traslado? a Rancho 8, Florida y Nanawa. En el avance a Pozo Favorito, observo? las construcciones e instalaciones abandonadas por el enemigo y consigno? muchos detalles sobre las actividades de los campamentos en los ratos libres, y sobre las duras condiciones clima?ticas en que se combatio? en vi?speras de la rendicio?n de Campo Vi?a, con lluvias torrenciales y calor sofocante. Conquistado Zenteno o Alihuata?, la Octava Divisio?n de Infanteri?a siguio? hacia Charata o Alihuata? Viejo. Meza describio? en sus apuntes ambos fortines; y, el 11 de diciembre, asento? la “gran noticia” de la rendicio?n de dos divisiones bolivianas en Campo Vi?a. Un compan?ero le dijo, con los ojos hu?medos: “Sen?or juez, la guerra ha terminado”. “Jolgorio indescriptible -escribio?-. De noche, esponta?nea velada literario-musical. Todos se sienten oradores y poetas. Las viejas estrofas marciales que aprendimos en la infancia se cantan con entonacio?n bravi?a”.

Tras Campo Vi?a, la Octava Divisio?n siguio? adelante. Se apodero? de Puesto Sosa y Puesto Moreno. El juez Meza recogio? declaraciones de los prisioneros y documentos de cara?cter militar. Encontra?ndose el eje?rcito paraguayo pro?ximo al forti?n Mun?oz, se anuncio? un armisticio. Cayo? Mun?oz y comenzo? la tregua. En ese tiempo, Meza visito? Puesto Ortiz, estancia utilizada como invernadero de vacunos; el forti?n Mun?oz, que habi?a sido base de operaciones del eje?rcito boliviano; y Campo Vi?a.

¡Que? difi?cil es salir del Chaco y co?mo se abren todas las puertas cuando vamos entrando!".

A pesar de las expectativas de que se alcanzara la paz, las hostilidades se reanudaron en enero de 1934. La Octava Divisio?n recibio? orden de marchar a Platanillos. El juez Alejandrino Meza ya no la acompan?ari?a. Con la salud deteriorada, obtuvo permiso de evacuacio?n. Los apuntes diarios registran lo complicado que le resulto? dejar el Chaco. “¡Que? difi?cil es salir del Chaco -acoto?- y co?mo se abren todas las puertas cuando vamos entrando!”. El 16 de enero embarco? en el buque San Jose? que lo llevo? de regreso a Asuncio?n, de donde habi?a partido, como se indico? antes, el 10 de octubre de 1933.

Las experiencias, impresiones y observaciones de su paso por el Chaco esta?n recogidas en el diario que ahora se publica. Se trata de un documento sustancioso y muy interesante, que da luz sobre la organizacio?n militar del Paraguay durante las acciones que concluyeron en diciembre de 1933 con la rendicio?n de Campo Vi?a, las condiciones en que actuaron las fuerzas paraguayas y la vida que llevaban quienes se encontraban en la inmediata retaguardia y en el frente. El lector podra? recorrer los caminos y apreciar los fortines, los campamentos, las trincheras y los combates, desde la perspectiva de un hombre sin mayor instruccio?n militar, es decir, desde una perspectiva accesible para cualquiera que desee contemplar la realidad de la larga guerra que enfrento? a bolivianos y paraguayos en el Chaco entre los an?os 1932 y 1935.

Al regresar a Asuncio?n, Meza reasumio? el cargo de juez de primera instancia en lo criminal. Despue?s, contrajo matrimonio con Silvia Vaesken, con quien tuvo descendencia; y, desde 1939, se desempen?o? como fiscal general militar. Tras la cai?da del Partido Liberal, en el que militaba, llegaron para e?l, como apunto? Rafael Eladio Vela?zquez, “treinta an?os largos de luchas, de exilios, de prisiones y confinamientos”. Sen?alo? Vela?zquez lo siguiente: “De su confinamiento de un lustro en Villeta, vino en diciembre de 1946 a la Convencio?n de su partido y pronuncio? un discurso definitorio, que deshizo confusiones y afirmo? principios. Vuelto de otro exilio, se conto? entre los primeros que en 1949 se incorporaron al Directorio Delegado, constituido en la clandestinidad, y, apresados sus miembros, fue precisamente Alejandrino Meza quien dio, en nombre de todos, la debida respuesta al 'mandama?s' de entonces”. Actuo? como director partidario; “como redactor de panfletos, cuando no habi?a perio?dicos, y de perio?dicos, cuando estos podi?an aparecer; como luchador en todo momento, en las horas duras; y desde 1968, como senador de la nacio?n” [5]. Fue tambie?n convencional en la Convencio?n Constituyente de 1967.

Se sabe que en esos tiempos colaboro? con Heraldo, perio?dico que los liberales paraguayos volvieron a editar desde 1949 en Buenos Aires, y al que Meza enviaba arti?culos de actualidad desde el Paraguay. Escribio? luego para El Enano y, desde 1967, para El Radical, en el cual mantuvo la columna “Salpico?n al paso” [6].

Alejandrino Meza fallecio? en mayo de 1972, cuando se desempen?aba como senador por el Partido Liberal Radical. En su sepelio, entre varios oradores, el presidente del Directorio Radical, Efrai?m Cardozo, llevo? la voz del partido en el que habi?a militado. Destaco? Cardozo que Meza fue “un consejero, un orientador, un maestro y un gui?a”. “No quiso ser caudillo -agrego?- y al ebulliciente foro de las masas, prefirio? la paz del gabinete, la tribuna del orador, la pluma del periodista, la banca del legislador o del constituyente para la lucha por sus ideales de Patria y libertad”. Sen?alo? tambie?n cuanto sigue: “Como magistrado y como parlamentario, como periodista y como jurista, como hombre pu?blico y como hombre de hogar, este paraguayo tallado en acero y de corazo?n de rosas, de hablar sosegado y mirada li?mpida, mostraba lo que era, sin trastiendas, a la luz del sol: un combatiente sin miedo de las buenas causas, un hombre que nunca transigio? con las detentaciones y las violaciones de los derechos, un ciudadano de los tiempos de la fundacio?n de la Repu?blica”. Acoto?, adema?s, que habi?a sido un hombre cordial y abierto a todos, “sin odios ni mezquindades, que no concebi?a ni la maldad ni la envidia”; y que “su rectitud no teni?a desvi?os cuando aplicaba a la realidad nacional los recios cartabones de sus convicciones y doctrinas” [7].

En el Senado, durante la primera sesio?n posterior al deceso, su colega y correligionario Rafael Eladio Vela?zquez le dedico? un homenaje, en el que resalto? que, desde joven, “en la judicatura, en la prensa y la tribuna, en las lides poli?ticas y en la zona de operaciones durante la Guerra del Chaco, [habi?a dado] pruebas fehacientes de su patriotismo, de su vocacio?n de servicio, de su honestidad y de su intransigencia frente al mal; y, sobre todo, de esa dignidad insobornable, de esa dignidad firme, valiente, sin condescendencias indebidas, que [signo?] toda su trayectoria vital”. Se adhirieron al homenaje los senadores Carlos Levi Ruffinelli del Partido Liberal y Ezequiel Gonza?lez Alsina del Partido Colorado, quien pidio? un minuto de silencio en su memoria [8].

La edicio?n de los apuntes diarios de Alejandrino Meza, por tanto, adema?s de aportar informacio?n valiosa para el estudio y la comprensio?n de la Guerra del Chaco, permitira? conocer mejor la actuacio?n de un destacado dirigente poli?tico paraguayo, en momentos significativos de su vida.

Notas

[1] Carlos R. Centurión, Historia de la cultura paraguaya, Asunción, Biblioteca Ortiz Guerrero, 1961, 2, p. 251; Arquímedes Laconich, Ochenta años de vida tribunalicia, Asunción, s.e., 1951, passim y Enrique B. Bordenave, La administración de justicia en la época liberal. Algunos datos, Asunción, Archivo del Liberalismo, 1991, p. 97.

[2] Alfredo M. Seiferheld, Conversaciones político-militares, 2, Asunción, El Lector, 1984, pp. 269-270; Horacio C. Sosa Tenaillón, Cincuenta años después (Recuerdos de la Guerra del Chaco), Asunción, Arte Nuevo Editores, 1985, pp. 164-165 y Carlos Pastore, Relación histórica y sociológica de episodios de la Guerra del Chaco, Asunción, Criterio Ediciones, 1987, pp. 47-49.

[3] Orden General 140, Cuartel General, 11/10/1933, Archivo del Instituto de Historia y Museo Militar, del Ministerio de Defensa Nacional y Mauricio T. Osuna y Osvaldo Masi Pusineri, De la epopeya del Chaco, 4, Asunción, Litocolor, 1991, pp. 150.

[4] Orden General 238, Cuartel General, 30/03/1934. Archivo del Instituto de Historia y Museo Militar, del Museo de Defensa Nacional.

[5] Honorable Cámara de Senadores, Sesión ordinaria del 8 de junio de 1972, pp. 4-5.

[6] José Fernando Talavera, Historia del periodismo liberal, Asunción, Archivo del Liberalismo, 1989, p. 88 y “Alejandrino Meza: Una gran figura del Partido Liberal Radical”, El Radical, Asunción, 8/06/1972.

[7] “Alejandrino Meza: Una gran figura del Partido Liberal Radical”, El Radical, Asunción, 8/06/1972.

[8] Honorable Cámara de Senadores, Sesión ordinaria del 8 de junio de 1972, pp. 4-6.

Nota de edición: Alejandro Barcza (compilador), Apuntes diarios de Alejandrino Meza (1933-1934), Asunción: AranduBook.

* Ricardo Scavone Yegros (Asunción, 1968) es abogado e historiador, miembro de número de la Academia Paraguaya de la Historia y miembro correspondiente de las Academias de Historia de Argentina, Bolivia, Colombia, España, República Dominicana y del Instituto Histórico y Geográfico del Brasil. Publicó diversas monografías, resultado de sus investigaciones en archivos de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay. Es director de la Academia Diplomática y Consular del Ministerio de Relaciones Exteriores.