(A) o los velos de la imagen

A propósito de "(A) Imagen de dioses y espectros", muestra que Fernando Allen acaba de inaugurar en Fábrica Galería de Arte.
(A) o los velos de la imagen

Desde la noche de los tiempos, la ma?scara ritual ha sido uno de los dispositivos ma?s potentes para conectar a los individuos con las instancias veladas de las estructuras sociales, de las pra?cticas poli?ticas, de los sistemas religiosos. Tanto para aquellos que se ocultan detra?s, como para los que son confrontados por esta contracara, es posible vislumbrar la aparicio?n de prete?ritas y secretas formas que dieron origen y sentido a nuestras sociedades. La ma?scara es ese rostro que precede al individuo: es el pellejo de los dioses antiguos, aquellos que fueron lanzados del firmamento para luego ser cazados hasta darles muerte. “Escamoteando su propio rostro, el individuo se recupera desde el rodeo de lo otro”, dice Ticio Escobar [1]. Por ello, la ma?scara es tambie?n la imagen de la alteridad que nos habita, el reflejo que se precipita en nos-otros, una puesta en abismo.

Fernando Allen, de la serie (A) Imagen de dioses y espectros. Fotografía. Cortesía

Supongamos que la escenificacio?n de un rito se asemeja a un “horizonte de acontecimientos” al cual el convocado puede aproximarse e incluso tocar la escena, pero no atravesarla. Porque esto u?ltimo significari?a ingresar en la verdad flagrante de los dioses, aquella que quema la “visualidad ta?ctil”. En otros lugares, seri?a la imposibilidad de regresar de un territorio poblado por espectros familiares. Para acceder a esos mundos, el individuo se procura, se protege y se disimula en la ma?scara.

Fernando Allen, de la serie (A) Imagen de dioses y espectros. Fotografía. Cortesía

Existiri?a para los seres humanos una imposibilidad “real” de ver el mundo tal cual es, si no fuera a trave?s de un filtro o “pantalla-tamiz”. Hal Foster, citando al psicoanalista Jacques Lacan, sugiere que asi? como nosotros vemos las cosas, las cosas tambie?n nos devuelven la mirada “en el punto de la luz”, y si no hubiese mediacio?n que tamizara el efecto de la devolucio?n de esa mirada, lo real nos cegari?a, como un rayo fulminante que parte del mundo y quema la rai?z misma de nuestra percepcio?n. Asi?, el cedazo para nosotros, lo que nos protegeri?a de lo real -o lo que sea aquello que esta? ma?s alla? de nuestra comprensio?n filtrada por tantas capas de realidades construidas- seri?a el lenguaje o, ma?s bien, las convenciones del lenguaje. Foster sen?ala algunas: “las convenciones del arte, los esquemas de la representacio?n, los co?digos de la cultura visual”, y cierra el concepto con la siguiente frase: “esta pantalla-tamiz media la mirada del objeto para el sujeto, pero tambie?n protege al sujeto de esta mirada del objeto” [2].

Fernando Allen, de la serie (A) Imagen de dioses y espectros. Fotografía. Cortesía

En ese sentido, la imagen fotogra?fica tiene la particularidad de ser tamiz y rasgadura que nos protege pero tambie?n nos toca. En el caso de las fotografi?as que Fernando Allen fue realizando a lo largo de ma?s de dos de?cadas en fiestas populares y rituales indi?genas, se puede ver claramente el funcionamiento de este dispositivo: las ima?genes de rostros y cuerpos que palpitan detra?s de ma?scaras, de disfraces, o cubiertos de pintura, nos interpelan desde el otro lado del velo fotogra?fico, al tiempo que resguardan los secretos maravillosos o terribles de esos otros mundos.

Fernando Allen, de la serie (A) Imagen de dioses y espectros. Fotografía. Cortesía
Notas

[1] Ticio Escobar (2012). La belleza de los otros. Segunda edición. Servilibro, p. 158.

[2] Hal Foster (2002). El retorno de lo real, la vanguardia a fines de siglo. Akal, p. 143.

 

* Fredi Casco es artista visual, editor y curador. Es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, director artístico de Fundación Texo para el Arte Contemporáneo y miembro del consejo editorial de El sueño de la razón, revista latinoamericana de fotografía.