120º aniversario de la primera “Fiesta del árbol” en Paraguay
Las “fiestas del árbol” se volvieron populares en Europa y América entre finales del siglo XIX e inicios del XX. Su auge está asociado al higienismo, corriente de pensamiento que abordaba los problemas urbanos generados a partir de la revolución industrial, particularmente los referidos a la salud, intentando contrarrestarlos con diversas medidas en las que la vegetación y los espacios verdes tenían una consideración prioritaria.
Bastante adelantada a aquellas festividades que serían populares un siglo después, es la de Villanueva de la Sierra, una pequeña localidad de Zamora (España) que cuenta con apenas 500 habitantes, que ostenta el prestigio de ser el sitio donde se desarrolló por primera vez en la historia moderna una fiesta del árbol, en 1805. Por decreto de la Comunidad Autónoma de Extremadura, la actividad fue declarada como bien de interés cultural inmaterial en 2017 y está tan presente en el imaginario colectivo que incluso una calle del pueblo lleva con orgullo esa denominación.
En Paraguay existen registros de similar festividad desde inicios de siglo XX. A mediados de la década de 1940, en algunos periódicos se trató el tema del origen local de la actividad. La duda estuvo en determinar si el primer evento fue desarrollado en Villarrica, Asunción o Luque.
Villarrica del Espíritu Santo tenía a su favor el reconocimiento público de la labor del maestro Ramón Indalecio Cardozo, quien había organizado para mediados de agosto de 1904 la primera fiesta del árbol de esa ciudad. La actividad, sin embargo, debió ser pospuesta por unos años. El propio Cardozo lo narró unos años después: “En 1909 conseguí realizar en Villarrica la primera gran fiesta del árbol, ideada ya en 1904, pero fracasada por la revolución del mismo año. La plantación se hizo con el concurso municipal y de la Sociedad de Tiro al blanco 'El Guaireño' en el terreno de ésta. Los arbolillos los conseguí en la Escuela de Agricultura de la Santísima Trinidad, que entonces estaba a cargo del señor José Benítez Chilavert. En esa ocasión los árboles de la tipa (Tipuana tipu), ovenia (Hovenia dulcis) y el álamo (Populus alba) fueron plantados en Villarrica. Yo creo que fueron los primeros introducidos en la región”.
En Asunción la festividad se desarrolló oficialmente a partir del año 1921. Entiéndase por oficial el haber sido programada por instituciones de gobierno, en este caso Municipalidad y Ministerio de Educación. Nuevamente fue Ramón Indalecio Cardozo quien estuvo entre los promotores, esta vez por parte del Ministerio. Como corresponde, la actividad más importante fue la plantación masiva de árboles y el sitio que atrajo la mayor cantidad de concurrentes fue el Parque Municipal, actual Parque Caballero.
Asunción tiene sin embargo antecedentes muy anteriores. La Escuela Nacional de Agricultura, dirigida por Moisés Bertoni, ya había auspiciado en 1905 una fiesta del árbol, en el predio de la iglesia de Trinidad, en el barrio del mismo nombre, próximo a la sede de la Escuela. En el Acervo Bertoni, que se encuentra en el Archivo Nacional de Asunción, consta una fotografía con la inscripción “Fiesta del árbol, 1905”, donde se aprecia una multitud en los alrededores de la iglesia.
Un año antes, en abril de 1904, en el periódico El Agricultor (órgano oficial de la Escuela Nacional de Agricultura), ya se mencionaba la necesidad y las bondades de instalar la actividad. Bajo el título “Fiesta del árbol. Su necesidad en el país” se expresaba: “En el Paraguay, donde cada año va en aumento la tala inconsiderada de los bosques, que unida a otras prácticas no menos perjudiciales hacen sentir ya poco a poco sus consecuencias, el gobierno nacional está en el deber de oponer alguna barrera que desvíe esa corriente devastadora y de funestos resultados en el porvenir de una nación, así como tratar por los medios más conducentes a repoblar sus bosques”.
La primera edición de junio de 1904 del mismo periódico incluyó el dato más importante. Con el título “Una fiesta simpática”, el artículo decía: “En el vecino pueblo de Luque, el día 5 del mes pasado, a iniciativa del muy activo Vice-Director de la Escuela Graduada, Don Timoteo Martínez, y con el concurso de ambas escuelas, se llevó a cabo la 'Fiesta del árbol' con toda lucidez. A las 2 de la tarde del mismo día, los alumnos reunidos en la chacra escolar, empezaban a arrancar las plantitas del almácigo, observando los prolijos cuidados que requieren los trabajos de esa naturaleza, para luego dirigirse en perfecto orden, y al son de la banda de música que amenizaba el acto, a la plazoleta de la Iglesia, que era el lugar designado para la plantación”. En su discurso de apertura del evento, Martínez se dirigió a los alumnos con estas palabras: “Sabed, queridos niños, que con los arbolitos que debéis fijar en tierra, sembráis la simiente fecunda de nuestra prosperidad y la del país”.
Décadas después, en la edición de agosto del año 1944 de la Revista Municipal de Asunción, bajo el título “El día del árbol. Fiesta significativa y benéfica”, recordando aquellos antecedentes Genaro Romero mencionaba: “... corresponde a la ciudad de Luque el honor de haber celebrado por primera vez en el país la fiesta del árbol, a iniciativa del agrónomo paraguayo D. Timoteo Martínez, uno de los egresados de la primera escuela de agricultura que se creó en el Paraguay. A Luque también le corresponde el honor de ser el primer pueblo de la República que fundó una sociedad pro árbol, cuya comisión directiva se constituyó el 17 de febrero de 1914 con estas plausibles finalidades: propender a la arborización del pueblo y del departamento; contribuir a despertar y difundir el interés por los árboles; propiciar la formación de un huerto escolar en donde los niños aprendan a cuidar las plantas; crear estímulos y premios para fomentar la arboricultura y la jardinería”.
En 1945, un artículo publicado en la Cartilla Agropecuaria (posiblemente también autoría de Genaro Romero), titulado “El día del árbol en el Paraguay”, reafirmaba que aquel evento en Luque fue la primera festividad del país: “Existe instituido el 'Día o Fiesta del Árbol' para las escuelas públicas, cuya organización tiene su origen en la antigua Escuela de Agricultura que funcionaba en Santísima Trinidad y esta primera iniciativa se debió al agrónomo paraguayo don Timoteo Martínez, uno de los primeros egresados de aquel instituto agronómico”. Al año siguiente, en la misma revista, nuevamente se recordaba el caso: “Corresponde a Luque la gloria de haber realizado por primera vez en Paraguay [...] la Fiesta del Árbol a iniciativa del malogrado perito agrícola paraguayo señor Timoteo Martínez”.
Además de las tres localidades mencionadas (Asunción, Villarrica y Luque), la Fiesta del Árbol fue realizada desde entonces y durante muchos años en todo el país. En la mayoría de los casos con participación directa de instituciones educativas, autoridades municipales e incluso la Iglesia Católica. Una crónica de agosto de 1921 en la célebre revista IHSOINDIH (Ysoindy), titulada “Fiesta del Árbol”, mencionaba los preparativos en Yaguarón, confirmando la participación conjunta de tales actores: “... la celebración de la 'Fiesta del árbol', que tendrá lugar en este pueblo en la primera semana del mes entrante, gracias a la labor conjunta de la Escuela, Jefatura Política, Municipalidad e Iglesia a los efectos de despertar en el corazón de los educandos y del pueblo el amor y el respeto a las plantas [...] Arborízanse las principales avenidas y el Parque de la Iglesia con plantas de ovenia [...] El trabajo auspiciado reviste una gran importancia para el porvenir de Yaguarón, porque los árboles plantados y desarrollados transformarán el aspecto colonial de la población, hermoseando las calles e higienizando el ambiente”.
La puesta en vigencia del plan de reforma escolar impulsado por Ramón I. Cardozo en 1924 potenció esta festividad, volviéndola obligatoria en todas las escuelas del país. Los diarios de la época informaban sobre la realización de sucesivas ediciones de la fiesta en diferentes ciudades como San Lorenzo, Pilar o Puerto Casado, entre otras. Aunque participaban todos los miembros de la sociedad en las plantaciones, los escolares eran los destinatarios especiales de la actividad, entendida entonces como acción pedagógica estratégica.
Pese a la oficialización de la actividad y al impulso dado desde el sistema educativo, a partir de la segunda mitad de la década de 1930, fue mermando paulatinamente. La “fiesta” que en promedio duraba de tres a cinco días, fue reducida a una sola fecha. Varios municipios dejaron de celebrar el día e incluso en escuelas y colegios dejó de ser actividad fija en el calendario. Un artículo titulado “El día del Árbol”, publicado en IHSOINDIH (Ysoindy) en junio de 1956, confirmaba la desidia: “Anteriormente la Fiesta del Árbol se realizaba en las escuelas públicas con nutrido programa de discursitos, canciones, recitaciones y ceremoniales alusivos al acto, y se practicaba la arborización de patios, calles, parques, etc., con resultado satisfactorio. También esta enseñanza práctica de las escuelas ha decaído en perjuicio de la educación moral y del pueblo”.
Para la década de 1960, el tono del discurso y sus destinatarios habían cambiado. La distopía de un país sin bosques ya no era una posibilidad lejana sino una realidad en gestación. A través de un programa radial, el Dr. Antonio Sánchez González, miembro de la Sociedad Nacional de Agricultura, expresó, entre otras cuestiones, el 19 junio de 1964, en el día del árbol, lo siguiente: “Muchas especies de alto valor comercial están disminuyendo considerablemente y otras de múltiples aplicaciones son devoradas por el fuego o por la tala irracional para poder obtener las primeras, porque así lo exige el sistema del mínimo esfuerzo o práctica rudimentaria que se utiliza [...] La madera ha sido un fuerte renglón de exportación, pero actualmente su contribución a la balanza comercial ha disminuido aproximadamente un 60%”.
Los temores de hace 120 años respecto a la amenaza de un futuro sin bosques, terminaron haciéndose realidad. El Paraguay actual presenta una de las tasas de deforestación más altas del mundo, habiendo resignado en el proceso no solo sus áreas verdes sino toda su industria y tecnología maderera que, siendo en aquellos años uno de los principales rubros que dinamizaban la economía, se desarrolló torpemente sin estrategias sostenibles, en la creencia de que nunca se acabaría la materia prima.
Y así como van extinguiéndose los bosques, se diluyen en el tiempo y la memoria colectiva los esfuerzos más notables por protegerlos. La primera Fiesta del Árbol es un hito histórico no solo para Luque sino para todo el Paraguay. Sin embargo, nada en esa ciudad recuerda el evento ni el nombre de su propulsor. Timoteo Martínez, el perito agrónomo, el docente abnegado y visionario, es un integrante más de la larga lista de célebres desconocidos de nuestra rica historia civil.
* Carlos Zárate es arquitecto, docente, investigador, magíster en Restauración y conservación de bienes arquitectónicos y monumentales, coordinador de área de Teoría y Urbanismo (FADA-UNA) y miembro del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas (CPCH).