Desde Paraguay hasta Islandia
—¿Desde cuándo vivís en Islandia? ¿Qué te llevó a elegir ese país y cómo pudiste integrarte y desarrollar tu vida allí?
— Vivo en Islandia desde mayo de 2019, o sea, desde un mundo pre-pandémico. Fuimos con mi pareja, y muchas veces art-dúo, Juanjo Ivaldi. Él tuvo una oferta laboral como chef y fuimos "por tres meses". En mi caso, no puedo decir que elegí este país para vivir, puedo decir que nos fuimos quedando en un lugar que nos viene dando muchos "sí". Al principio, me tomé un tiempo solamente para sentir el impacto de ese "otro mundo", sentir y escribir. Así transcurrieron los primeros meses que devinieron en racimos de poemas que acompañan fotografías de paisajes deconstruidos: "Mirada extraviada", una muestra colectiva junto a Juanjo Ivaldi con curaduría de Francis y Eduardo Naranjo.
— Después de ese tiempo -detenido-, me animé a probar y aplicar a un fondo de cultura con un proyecto de teatro físico con jóvenes rurales en torno a mitos de la región: "Stories with Bodies/Historias con cuerpos". Ese fue el primer gran sí que me dio Islandia. Me encontré compartiendo en una geografía lejana lo que había aprendido en siete años de la compañía Hara Teatro junto a los maestros Wal Mayans y Raquel Martínez. Al día siguiente de la performance final que presentaron los jóvenes en un altillo del puerto de Höfn (pueblo pesquero al sur de la isla) llegó el bloqueo de bordes por la pandemia. Nos quedamos del otro lado de nuestras familias y nuestros afectos en uno de los momentos de mayor incertidumbre mundial. Fue emocionalmente muy tremendo y, al mismo tiempo, la vivencia en Islandia fue totalmente diferente; por su vastedad y poca población, nunca tuvimos la experiencia de encierro.
— Fue en ese tiempo que un amigo colombiano que vive hace muchos años en Islandia me indicó una posibilidad laboral en Seyðisfjörður, un fiordo remoto al este de la isla donde cuatro meses no se ve el sol y lugar donde hasta hoy está nuestra casa. Apliqué como profesora de arte en escuela primaria y trabajé dos años con niñes y jóvenes entre 7 y 15 años. Tanto en la escuela y como en la biblioteca del pueblo me fui presentando a través de mi espectáculo de títeres en miniatura "Reptilia", un teatro lambe lambe producido junto a mi compañera de Kunu'u títeres Carola Mazzotti, dirigido por la mendocina Gabriela Céspedes. Creo que fueron los títeres mi puente a la integración como persona y como artista. En un país con una lengua muy difícil de aprender, el lenguaje de los títeres me permitió expresarme y comunicar mi necesidad de conectarme. Participé del primer festival internacional de títeres en Islandia y años después Carola y yo participamos en otra edición del mismo. Diseñé un taller de construcción de títeres inspirado en teatro lambe lambe y empecé a itinerar por varios pueblos y la capital. Me sumé a la Unión de Titiriteras y Titiriteros de Islandia y, el gran paso se dio hace dos años, cuando fui titiritera del elenco ganador del premio a las artes escénicas islandesas GRIMA al mejor espectáculo para infancias en 2024. Los títeres me abrieron camino de manera sorprendente y placentera.

Diálogo de extremos: Paraguay y el norte
— Tu trabajo habita dos geografías muy distintas: Paraguay e Islandia. ¿Cómo dialogan el calor, la fe, la memoria y el gesto del sur con la quietud, el silencio y la mitología del norte? ¿Qué nace en ese encuentro de extremos?
— Hermosa tu pregunta. Yo me siento y defino artista del sur -sudaka, como dice la maravillosa artista Susy Shock-. Una sudaka viviendo cerca del polo norte. Siento desde una memoria poética y política del sur del mundo, habitando una cultura que trato de comprender y una geografía que estimula otras memorias ligadas a la naturaleza y lo telúrico. El diálogo entre las dos geografías naufraga muchas veces y me encuentro muy lejos de mis "con quienes" y, a veces también, el diálogo se va tejiendo en colaboraciones artísticas en las que participamos desde el diseño y el quehacer con Carola, y, también en ocasiones con Noelia Buttice, mis compañeras artísticas hace 16 años. En pandemia se dio también una colaboración con Edu García y audiovisualeros de Puller: "Trilogía de cosas cotidianas", tres cortos con lenguaje objetual sobre experiencias existenciales durante la pandemia. En la misma época realizamos "Lúdicas", una mixtura de artes visuales y poesía junto a la artista Jarumi Nishishinya, de Resistencia, Chaco argentino. El diálogo artístico cura la sensación de estar partida. Podría decir que los extremos que me habitan recién pudo encontrar un modo escénico en el unipersonal que estrenamos hace dos semanas, porque recién luego de seis años pude condensar en una propuesta narrativa corporal mi experiencia migrante.
La memoria que se hace cuerpo
— En Sæhjarta, las historias de las mujeres migrantes se transforman en materia escénica, en cuerpo, voz y objeto. ¿Qué descubriste sobre la memoria cuando deja de ser un relato y se vuelve una presencia viva en el espacio teatral?
— Descubrí, sobre todo, una necesidad imperiosa de contar y ser contada como parte de un colectivo de 25 mujeres migrantes que entregaron sus relatos en un proceso de nueve meses y ocho encuentros donde las memorias hablaban a través de objetos, de olores, y de otras cosas perdidas.
— El mito de la "mujer selkie" aparece como un eje simbólico del proyecto, una mujer que muda de piel para sobrevivir. ¿Qué representa esa piel para vos hoy, como artista, mujer y migrante?
— Sí, la "mujer selkie" aparece como arquetipo para contar sobre el ser mujer y ser migrante. Esa piel es una metáfora habitada de preguntas. La piel es una pregunta sobre aquello que perdemos y aquello que se sutura en cada migración. Es una pregunta sobre la identidad: ¿Quién es ella? O sea, yo... Y, ¿qué es casa? o, ¿dónde me hallo una vez migrada? Y es también muchas preguntas más. Esa piel también habla de migraciones internas y continuas, habla de adaptaciones de la cuerpa a los cambios de contexto, clima, aire, modos de vida.
Lo hecho a mano como resistencia
— Tu trabajo con títeres y objetos siempre tuvo un pulso artesanal, casi ritual. ¿Qué lugar ocupa esa poética de lo hecho a mano en tu forma de entender el arte como espacio de transformación y de resistencia?
— El lenguaje de títeres y objetos tiene una ritualidad, sí, y también tiene mucha dedicación en el detalle y en la preparación corporal. En nuestra compañía es Carola Mazzotti la diseñadora y hacedora de títeres. Ella me ha enseñado mucho de la poética de la materia. Y, sobre todo, ella me ha enseñado una escucha que no conocía como actriz; la escucha a lo que te pide un objeto o un títere. En cuanto a la materialidad elegida para desarrollar mis talleres itinerantes de construcción de títeres, apuesto por lo que tenemos a nuestro alcance y usualmente desechamos, o sea, materiales de reciclaje. Mi propuesta combina el lenguaje de títeres con la transformación de materiales de desecho en protagonistas y escenarios de historias. En esto veo la resistencia: la resistencia de la necesidad de contar historias, de generar espacios de escucha y la resistencia al consumo y la cultura del desecho. Elegir desarrollar talleres de títeres reciclados y apostar por lo "hecho a mano" me ha llevado a colaborar con una artista taiwanesa, Arlene Tucker, con quien en 2023 desarrollamos en Islandia un proyecto itinerante para chiques y sus familias y cuidadores: "Our Dream Worlds/Nuestros mundos soñados".

Paraguay en el corazón
— Decís que el teatro es tu manera de volver. ¿De qué forma el Paraguay, su memoria, su ritmo, su lengua, siguen habitando tus creaciones, incluso a miles de kilómetros de distancia?
— Sí, el teatro, y particularmente el teatro de títeres, es mi manera de volver. En Paraguay vive mi otra mitad, mi compañera de Kunu'u títeres, y ambas sentimos la necesidad de seguir creando, creciendo y contando historias. "Secretos de ñandutí", nuestra última producción -no verbal- existe para seguir circulando en lugares donde la gente habla otros idiomas. Es una obra de títeres y teatro de sombras donde el ñandutí va hilando memorias de la Guerra Guasú (1870) con la histórica tarea de cuidado de las mujeres por generaciones y la necesidad de sanar heridas colectivas. El año pasado, itineramos con esta obra y un taller de storytelling tejido por Islandia y por Madrid, junto a Carola Mazzotti y Noelia Buttice. Fue muy emotivo encontrar que gente del otro lado del planeta sienta identificación con una obra que expresa algo tan nuestro como el ñandutí. Actualmente, formo parte de un elenco internacional (Islandia, Gran Bretaña, República Dominicana, Eslovaquia, Japón, República Checa y Paraguay). Estrenaremos en abril de 2026 "Rooted/Raíces", un espectáculo musical de títeres donde mi personaje es una "abuela" que viene de Paraguay a visitar a su nieto nacido en Islandia. Durante este proceso creativo elegí compartir con el elenco partes del texto Ayvu Rapyta y la directora fue tomando e integrando al relato total imágenes de la cosmogonía mbya guaraní, como el colibrí y la niebla primigenia. En el proceso también me tocó compartir sobre la dictadura stronista y los efectos en diásporas de personas que fueron expulsadas del país de diferentes modos. Mi corazón es sudaka, como te decía, y desde ahí, desde esa sensibilidad, ese acento y esa mirada política, voy buscando la poética en mis propuestas como actriz, como titiritera y como creadora.
Entre el silencio del fiordo y el eco del guaraní, Tessa borda con hilos invisibles la distancia: cada títere, una casa; cada historia, una piel que vuelve a nacer. Su teatro florece donde la lengua se vuelve silencio, y el silencio, memoria.

* Manu Portillo es actor, productor y comunicador.