Entrevista

"La noche en común", una poética de lo inmedible desde los Archivos del Terror

El solo performático de Alegría González, con dirección escénica de Brune Comas, propone un acercamiento no literal a los Archivos del Terror, explorando sus capas afectivas, físicas y simbólicas. A partir del cuerpo, objetos, luces, sombras y video, la obra busca interrumpir las narrativas convencionales y abrir espacios de contemplación y reflexión.
"La noche en común", solo performático de Alegría González, con dirección escénica de Brune Comas. Cortesía

—"La noche en común" parte de los Archivos del Terror, pero se distancia de la representación directa. ¿Cómo se construye una poética de lo inmedible sin caer en el didactismo o la denuncia literal?

—Alegría: Desde el principio, con Brune tuvimos claro que queríamos ahondar en un "algo más" que no se limitara únicamente a la historicidad con la que suelen enmarcarse estos temas dentro de lo que se entiende por "democracia" y "memoria". Esto implicaba apartarnos de frases ya muy armadas y de consignas que, con el tiempo, tal vez estén caducando frente a las formas actuales de pensar y sentir. Buscábamos un lenguaje propio que pudiera escapar de una narrativa empaquetada porque, si bien hoy los Archivos del Terror pueden medirse, ubicarse y explicarse, su fondo seguirá siendo siempre inabordable.

Trabajar con Brune ha sido clave. Al principio, él acompañaba más la producción y nos puso en contacto con Viviana Iasparra en Buenos Aires. A medida que esos encuentros avanzaban, empezamos a tomar las clases de Vivi juntas. Por iniciativa propia y con una visión fresca sobre lo que necesitaba el proyecto, Brune me propuso acompañar desde la dirección escénica. Ahí comenzó un trabajo mucho más estrecho entre nosotras. Además de tener un vínculo de amistad muy contenedor, esta propuesta amplifica un espacio de afecto que pudo alojar inquietudes y reflexiones. En definitiva, nuestro lazo afectivo ha sido sustancial para el resultado.

En este proceso, que ya tiene más de seis años, a los materiales que se ponen a prueba durante la obra -aunque cargan con una intimidad y una poética propia- no bastaba con mostrarlos tal cual son. Había que ponerlos en contra: someterlos a otras temporalidades, exponerlos a gestos y acciones que les permitieran activar otras capas de lectura capaces de interrumpir una forma de medición que, hoy, está muy lejos de orientar hacia los derechos que dice defender.

—Brune: Cuestionamos la representación como única forma de compartir expresiones. Operar sobre lo mimético o hacer pantomimas de las cosas no es la única manera de habilitar espacios sensibles; es más, podría decir que es una trampa buscar representar, significar o simbolizar asuntos de manera directa. Alegría quería seguir trabajando con los archivos, despegándose de sus usos tradicionales y restringidos, lo que nos inspiró a buscar nuevos modos y sentidos, pero con la sensibilidad y la responsabilidad que amerita el tema, ya que estamos hablando de materiales de personas perseguidas, muchas veces asesinadas, y de un sistema de control y opresión que sigue operando hasta hoy. Lo didáctico o aleccionador subestima el pensamiento crítico y la capacidad de expectación, por lo que el primer paso para compartir un tema profundo tiene que ver con no tomar a la gente de tonta o de escolar.

"La noche en común". Cortesía

—¿Qué ética del cuerpo atraviesa esta obra cuando lo performativo se sumerge en archivos cargados de violencia política y silencios institucionalizados?

—Alegría: Me ubico más bien como una facilitadora y circuladora de estos archivos. El encuentro con estos materiales, que son íntimos y ajenos a la vez, revela una resistencia a la institucionalización. Este archivo en particular tiene un origen extraño, ya que no parte de la producción directa de la Policía, sino de materiales incautados a personas perseguidas durante la dictadura, a quienes registraron hasta lo más íntimo en busca de "pruebas" que justificaran su captura. Asumir los problemas y abordarlos nos obliga a tomar decisiones y a asumir una ética respecto a nuestros modos de aproximación. Esto nos hace ser conscientes del material con el que trabajamos, evitando negar o embellecer estas capturas, sino poniéndolas en diálogo con el presente y ensayando la capacidad de articular sentidos de unidad que nos exige actuar con un pasado.

"La noche en común". Cortesía

—Brune, desde la dirección escénica, ¿cómo se traduce una investigación afectiva y política en decisiones formales dentro del espacio?

—Brune: Es importante que prime la acción en escena, en pos de la creación de imágenes y ambientes que generen climas por sí solos. No dimos lugar a psicologías o experiencias biográficas personales. No es pensar en la escena, sino pensar toda la experiencia como una sumatoria de elementos que generan condiciones de imaginación o reflexión por uno mismo.

Aparecen el fuera de campo, lo sugerido, la fracción, el no-rostro, lo difuso... todas esas cualidades que permiten a quien participa componer un relato propio. Se borra el acento en la opinión personal para presentar el tema y que cada cual lo lea desde su sensibilidad.

"La noche en común". Cortesía

—Alegría, ¿cómo negocia tu cuerpo con el peso histórico de los documentos y qué espacios de fuga encontrás para no quedar atrapada en la literalidad del archivo?

Alegría: Existe una distancia generacional que facilita una lectura distinta. Quienes no vivimos ese tiempo, el traspaso de lo ocurrido parece no haber permeado igual. El contenido obliga a diseñar una forma de aproximación diferente, no desde los marcos teóricos tradicionales de la historia, sino desde la acción, el ensayo y la afectación. Aunque no provengo de la performance ni de las artes visuales, sabía que las prácticas artísticas serían el medio para trabajar con este archivo, tan válido como cualquier método científico para elaborar articulaciones concretas que respondan al pensamiento y la sensibilidad que cargan los Archivos del Terror.

—La obra se presenta como un "solo", pero emerge desde un trabajo colectivo e interdisciplinario. ¿Qué implica esa tensión entre lo individual y lo común?

Brune: Aunque el cuerpo de Ale está solo en escena, está atravesado por nuestras miradas y colaboraciones. Hay mucho en común, como cita el título de la pieza. Creemos que nuestro aporte es sumar una perspectiva alternativa a cómo se trata el tema de la memoria en el contexto local, para inspirarnos mutuamente a generar otros discursos que desafíen el statu quo.

"La noche en común". Cortesía

—En tiempos de saturación visual y sobreinformación, ¿qué lugar ocupan el silencio, la sombra o la imagen abstracta en su propuesta?

Brune: Ocupan un lugar desobediente. No es necesario llenar la escena de elementos; pocos con mucho espacio pueden generar más. Buscamos que durante la obra prevalezca la mirada, la escucha y cierta calma, para que emerjan reflexiones y opere la poética.

Alegría: Hoy todo parece estar a la luz y ser obvio. Esta propuesta apela a un atrevimiento para responder, llevando las acciones al mínimo y dejando que las cosas operen, que impriman en el cuerpo las capas de sentido que se desprenden.

 

Nota de edición: Este jueves 28 y mañana viernes 29 de agosto se desarrollarán funciones a las 19.30 horas en el Instituto Cultural Paraguayo Alemán (Juan de Salazar 310 casi Artigas). La obra surge de surge del proceso de investigación "Archivos de sentimiento", desarrollado entre Paraguay, Argentina y Colombia a lo largo de seis años, y cuenta con el apoyo de la Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay, Fondos de Cultura de la Municipalidad de Asunción y el Instituto Cultural Paraguayo Alemán. El equipo está conformado por Alegría González, quien se desempeña como intérprete, directora e investigadora, junto a Brune Comas, responsable de la dirección y de la puesta escénica. Lucas Olivares es realizador de los videos y el asesoramiento artístico está a cargo de Viviana Iasparra. La producción cuenta con la asistencia de Liz Haedo, el sonido es de Tere Fernández y la fotografía es de Cristian Palacios. El proyecto puede seguirse a través de Instagram.

 

* Alegría González es fotógrafa independiente y artista visual. Su obra explora experiencias vinculadas con la sensibilidad individual y colectiva, indagando en las formas de sentir y expresar la historia, así como en el desarrollo de la memoria, a través de soportes audiovisuales que transitan entre el videoarte, la instalación y la performance. En 2024, recibió la Beca Seed Award, otorgada por el Prince Claus Fund de los Países Bajos, que reconoce a 100 talentos emergentes del Sur. 

* Brune Comas es artista disidente, investigador de la performance. Coordina una plataforma de gestión y creación llamada Vena Rota. Desde el 2016 desarrolla trabajos individuales y colectivos en Argentina y Paraguay. Ha recibido varios premios, como el Seed Award 2021 (Fondos Príncipe Claus). Participa en espacios artísticos y de activación política en Buenos Aires, como el programa "Con final feliz", de trabajadoras sexuales y el Bloque de Trabajadorxs Migrantes. En Paraguay colabora con Conamuri, organización de mujeres campesinas e indígenas, y con otros artistas.

* Manu Portillo es actor, productor y comunicador.