Artes visuales

La algazara doméstica. El campo y sus formas

Sobre la última exposición de Carla Ascarza, "Ñande Sy y la poética del campo", que será inaugurada el próximo sábado en Galería del Rey en el marco de Noche de Galerías 2026.
Carla Ascarza, obra que será exhibida en la muestra. Detalle

Había sido fuerte y animosa. Había cantado al sol, lavando medias y camisas.

Había fregado loza, tenedores, cucharas y cuchillos, con gran algazara doméstica. Había barrido victoriosamente. Había triunfado en la cocina, ante las sartenes trepidantes, dando manotones a los chicos golosos. Había engendrado y criado mujeres como ella, obstinadas y alegres. Había por fin sucumbido, porque las energías humanas son poca cosa enfrente de la naturaleza implacable.

Rafael Barrett, "De cuerpo presente".

Mientras observo los dedos leñosos del personaje que aparece en estas pinturas, pienso en el resto del cuerpo. Su resto o su suma. En aquella historia cultural que la atraviesa y, allí, en aquel cuento de Barrett que ilustra una vida entregada a labores domésticas, sostenida en la alegría aún en la precariedad. Es a partir de estas imágenes que se construye en mí un relato común, de anacronismos y sensibilidades compartidas, de la vida en otras orillas, de otros usos y otras formas.

Ascarza ofrece una reflexión visual acerca de la vida en el campo paraguayo, acerca del tiempo insondable que atraviesa esta carne femenina y su contexto inmediato. De entre el resabio de la ciudad y sus maneras, emerge la figura -a veces ficcionada, a veces retrato histórico- de esta mujer que, me gusta pensar, lleva en sí la memoria de sus ancestras y la futura experiencia de su descendencia, como si de alguna serena prescindencia del presente se tratara. 

Las obras que componen esta exposición abarcan exploraciones nuevas en el hacer de la artista: sus pinturas se complementan con  trazos preliminares en grafito y una instalación que se ensambla a partir de vestidos estampados -nostalgia por las figuras maternas tradicionales de este territorio- sobre la cual se proyecta material visual en formato gif. A partir de ciertas nociones de lo doméstico y la memoria, así como de enseres propios de la vida hogareña, Ascarza propone un recorrido transmedial por la imaginada presencia de la madre, la abuela, la memoria y su cúmulo, su herencia, las formas elementales de la vida en el campo, sus bártulos, sus trastiempos, sus modos y configuraciones.

Carla Ascarza, obra que será exhibida en la muestra. Cortesía

Lo doméstico, lo femenino

La indumentaria revela los usos. Aquí, los vestidos y delantales de telas floreadas indican la domesticidad y la rutina propia -históricamente- de las mujeres. En este contexto, pienso en la casa popular paraguaya de bucólica belleza, en esa domesticidad de gallinas y jarro-lata, en el mate en pava de hierro y el fogón a leña... Pienso en eso y en María Rosa Leiva, mi abuela, que cocina aún en la olla [1] que fuera de su bisabuela; en la mujer que aparece en estas piezas, en sus manos, en la manera rudimentaria de vivir la casa y de habitar el territorio íntimo/familiar.

En "De cuerpo presente", Barrett articula un entorno de alegría por la vida a pesar de la muerte, como si la dicha traspasara la humanidad para enfocarse en el vínculo [2]. Esta cuestión es comparable con el texto Filosofía de la casa. El espacio doméstico y la felicidad (2024) donde su autor, Emanuele Coccia, menciona:

Morar no significa estar rodeado de algo ni ocupar una determinada porción del espacio terrestre. Significa tejer una relación tan intensa con ciertas cosas y ciertas personas que la felicidad y nuestro aliento se vuelven inseparables. Una casa es una intensidad que cambia nuestra forma de ser y la de todo lo que forma parte de su círculo mágico. (...) Toda casa es una realidad puramente moral: construimos casas para acoger en una forma de intimidad la porción de mundo —compuesta por cosas, personas, animales, plantas, atmósferas, acontecimientos, imágenes y recuerdos— que hace posible nuestra propia felicidad. [3]

Es decir, el espacio que se habita se cimenta más en las sensibilidades compartidas -con todo tipo de seres animados e inanimados- que en la tierra en su acepción inmobiliaria. Esa intensidad mencionada por Coccia, aquella que cambia lo que le bordea y atraviesa, tal vez tocó la vida de Ascarza de manera irreparable y simbólica, orillándola a resolver ese trastoque a través de su cualidad creativa y a re-pensar otras formas de felicidad doméstica. 

Carla Ascarza, obras que serán exhibidas en la muestra. Cortesía

El conjunto de obras que componen esta exposición reflexionan acerca de esta figura femenina desde rastros de su hábitat, como en las pinturas de pequeño formato que retratan las cosas de la protagonista, pero sin ella. Este ejercicio de representación resumida parece evocar aquel tejido de relaciones intensas que menciona Coccia: entre los objetos domésticos y la ama de casa, entre la casa y su ama, entre los enseres y su huella. La estrechez de la(s) relacione(s) entre la mujer y sus cosas (las representadas en estas obras) pretende, quizás, abordar lo perteneciente a la casa y sus maneras desde una especificidad femenina, de madre, de vida. 

El campo, otros modos

Existe una oposición fundamental entre la ciudad y el campo, una que parece olvidar sus vínculos anteponiendo sus divergencias. Sospecho que lo mismo sucede con las maneras de habitar ambos espacios terrestres: por un lado, el conjunto de cuestiones, experiencias y sensibilidades situadas (El Todo/lo citadino); por otro, "el resto"/lo campestre, ese sitio donde mora lo que no cabe en la invención de la ciudad. 

En estas obras, la artista propone la dignididad del resto, de aquello y de la humanidad que la permea. Ascarza decide poblar su imaginario pictórico no sólo de otras posibilidades de expansión expresiva, sino también de rastros de lo que no cabe en las dinámicas de las grandes ciudades, ni en sus estructuras ni en sus funciones: las ancianas y sus paños en la cabeza, sus tazas de lata, las sillas rurales de madera, los surcos que fundan los años en la piel... Estas obras celebran esos surcos.

 

Pienso ahora en el campo como lugar de enunciación de estas reflexiones visuales. Proclamar la felicidad, a pesar de las posibles carencias que en la vida en el campo acaecen, suele ser un síntoma propio de este territorio más que una cuestión de romantización social; alguna parte del Paraguay rural todavía mantiene cierta inocencia -que los tiempos de la ciudad no admiten-, aquí todavía se teme al sereno, no se silba ni se barre al caer la noche, no se descalzan las madres recién paridas, no se habla fuerte en viernes santo, se lavan medias a mano y con jabón de coco, se observan las aves de corral para comprender el clima, se cierne la noche sobre los jardines comunitarios, se habita la casa con danza y risa.


Notas

[1] Olla de hierro fundido, tradicional en las cocinas paraguayas de campo. 

[2] Barrett, R. (s/f). "De cuerpo presente", en Cuentos breves, Editorial América.

[3] Coccia, E. (2024). Filosofía de la casa. El espacio doméstico y la felicidad, Siruela.

 

* Tim MiRaquel es una artista y docente que vive y trabaja en Areguá. Es profesora universitaria de filosofía del arte y ha expuesto su obra de forma individual y colectiva en varios países de América Latina y España.