El teatro también respira desde Yaguarón
Desde el interior del país, más precisamente desde Yaguarón, un grupo de jóvenes artistas decidió apostar por su territorio, su gente y sus problemáticas como punto de partida para crear teatro. Así nació Teatro YARA (Yaguaroninos Realizadores de Arte), un elenco fundado en 2018 que llega al Teatro Municipal Ignacio A. Pane el viernes 26 de julio a las 21:00 horas con El macatero de Villa Yvytú, una obra escrita por Luis Recalde Ramírez, en la que el humor, el realismo mágico y el compromiso ambiental se entrelazan con identidad local y poesía escénica.
En esta entrevista, su autor y gestor, Luis Recalde Ramírez, comparte el origen del grupo, la inspiración detrás de la obra, y los desafíos de hacer teatro de calidad desde el interior del país.
—¿Cómo nació Teatro YARA y qué significa hacer teatro desde Yaguarón?
—Teatro YARA (cuyo nombre significa "Yaguaroninos Realizadores de Arte") nació en Yaguarón en febrero del 2018. Fue creado por jóvenes que ya veníamos haciendo teatro desde hace tiempo, con el impulso de seguir creando desde nuestra comunidad. En ese entonces, y hasta hace dos años, nuestro director y también uno de los fundadores del elenco, fue Héctor Lozzca, actor de cine, televisión y teatro. Desde el inicio nos propusimos dos objetivos que seguimos llevando como banderas: primero, ofrecer un espacio para que niños y jóvenes de la comunidad puedan expresarse artísticamente a través del teatro y, segundo, demostrar que en el interior también se puede hacer teatro de calidad. Yaguarón es una verdadera cuna de artistas. Por eso, por todos los que vinieron antes de nosotros, y por los que quieren seguir nuestros pasos, hacer teatro en Yaguarón es para nosotros una gran, pero hermosa, responsabilidad.
—¿Cuál fue la inspiración detrás de El macatero de Villa Yvytú?
—En Teatro YARA siempre nos gusta presentar obras que, además de hacer reír o emocionar, dejen un mensaje social que invite a la reflexión. Esta obra nació uno de esos días en los que el aire estaba irrespirable por el humo. La contaminación del aire es un problema cada vez más presente y preocupante, una inquietud de la que pienso que vale la pena hablar. Quise abordarlo de una manera cercana, que conecte con la gente, y así surgieron los personajes pintorescos de Villa Yvytú. Cada uno de ellos representa virtudes y defectos de personas que podríamos encontrar en la vida real, pero también funciona como metáforas de los males que nos afectan como sociedad. El macatero, con su aire misterioso y mágico, encarna esas soluciones externas que parecen fáciles, pero que muchas veces terminan agravando el problema. La obra se inspira en lo que vemos a diario: cómo a veces esperamos que otros resuelvan lo que, en el fondo, nos toca resolver a nosotros mismos.
—La obra mezcla humor, realismo mágico y conciencia ambiental. ¿Cómo se construyó esa mirada?
—Surge mucho de observar la vida en el interior del país, donde la risa convive con la tristeza, y donde las creencias y supersticiones forman parte de lo cotidiano. Me parecía fundamental que el mensaje ecológico no fuera algo acartonado ni rígido, sino algo que llegue al corazón, que se sienta cercano y humano. Desde el conflicto con la vecina que quema basura todos los días, hasta los discursos vacíos del político que promete pero no actúa, creo que la gente podrá encontrar elementos con los cuales se va a sentir identificada. Entonces, la obra usa el humor para abrir puertas, el realismo mágico para conectar con nuestras raíces, y la conciencia ambiental para provocar una reflexión real.
—¿Qué desafíos enfrentan los grupos teatrales del interior para llegar a escenarios en la capital?
—El principal desafío es la falta de visibilidad. Desde conseguir el apoyo de patrocinadores, pasando por acceder a medios de comunicación y redes de difusión, hasta convencer al propio público, no es fácil hacernos ver y escuchar. Muchas veces tenemos que remar el doble para demostrar que también desde el interior se produce arte de calidad, que vale la pena apostar por nuestro trabajo. A pesar de todo eso, nos mueve el deseo profundo de compartir lo que hacemos, de ocupar espacios de mayor relevancia dentro del mundo artístico en Paraguay y de seguir demostrando que nuestras voces también tienen lugar en los grandes escenarios.
—¿Cómo fue el proceso de creación con jóvenes actores y actrices de la comunidad?
—Desde nuestro nacimiento, en Teatro YARA cultivamos una cultura de trabajo basada en dos pilares: primero, para nosotros no existen barreras, solo oportunidades; y segundo, la disciplina es fundamental a la hora de preparar una obra. Nuestros jóvenes actores y actrices abrazan plenamente esos principios, y trabajan con un nivel de profesionalismo altísimo. En El macatero de Villa Yvytú, el director es Arturo Martínez, un joven de apenas 19 años que hace teatro desde los siete, con un talento increíble y un liderazgo admirable. Todos los actores del elenco tienen menos de 30 años y comparten el mismo amor por el teatro. Hay muchísima energía juvenil. Somos, al mismo tiempo, una familia y un equipo de trabajo muy comprometido con lograr una obra de calidad.
* Manu Portillo es actor, productor y comunicador.