En el filme, Diro Romero interpreta a Narciso, un personaje inspirado en la historia de Bernardo Aranda, poeta y locutor cuya muerte se convirtió en uno de los episodios más simbólicos de la persecución a las disidencias durante la dictadura. En esta entrevista, Romero repasa su experiencia en el proceso de casting, el trabajo físico y emocional del rol, y reflexiona sobre lo que este proyecto significa en su camino artístico y en un cine paraguayo que empieza a mirarse con mayor profundidad y libertad.
—¿Cómo fue el proceso de casting para Narciso y en qué momento sentiste que ese personaje podía ser tuyo, más allá de la prueba y del resultado?
—El llamado a casting general se lanzó a mitad del 2021 a través de una publicación de La Babosa Cine en redes sociales. Desde el momento en que leí que la historia se basaba en el caso del locutor Bernardo Aranda, de1959, me propuse conseguir ese personaje. Casualmente, ese año yo había empezado a estudiar la carrera de locución radial y televisiva. Además, sentía cierta cercanía con la descripción del personaje que buscaban. Me dije: "Este personaje es mío" y a eso fui. Me convocaron al primer casting en agosto de ese año, al cual fui nervioso, pero con una convicción extraña. Luego de eso pasó mucho tiempo y, entre pausas, hubo varias etapas hasta que finalmente, en febrero del 2023, me confirmaron.
—¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con Marcelo Martinessi?
—Para un actor, lo más enriquecedor es el proceso previo de exploración del personaje: es ahí donde comenzamos a conocerlo. Marcelo tenía una visión muy clara de lo que buscaba, y yo me permití adaptarme a su forma de trabajar. Esa apertura me dio la libertad de explorar, tomándonos el tiempo necesario para acercarnos lo más posible a lo que cada escena requería. Gracias a ese proceso, pude llegar al rodaje conociendo mejor al Narciso que queríamos proponer.
—Narciso te lleva a un Paraguay de finales de los años cincuenta. Como actor, ¿qué fue lo primero que te movió al habitar ese tiempo desde el cuerpo, la ropa y los silencios?
—Cuando empecé a prepararme para el personaje, además de los ensayos de escenas, tuve que tomar clases de baile de rock & roll de los años 50, lo cual para mí fue fundamental para empezar a encontrarle la forma a Narciso; con eso empecé a dibujar sus movimientos, su corporalidad. Y una vez que inició el rodaje, ya con vestuario, peinado y maquillaje, cada jornada era un viaje en el tiempo; al pisar el set se sentía que estábamos en 1959. El minucioso trabajo del equipo de arte y locaciones fue fundamental para situarnos.

—Tu personaje transita una libertad que incomoda. ¿Cómo se siente encarnar eso hoy, en un Paraguay donde ciertas formas de ser y expresarse siguen generando resistencia?
—El personaje de Narciso incomoda porque no teme enfrentar lo que tenga que enfrentar para imponerse. En mi caso, trabajé desde la empatía con una persona que vivió esos momentos y esas situaciones. Y en un contexto actual, donde todavía hay resistencia a lo diferente, a "lo de afuera", a lo que no se ajusta a líneas impuestas, una propuesta artística lo que hace es abrir la mirada hacia tensiones sociales no resueltas y de las que es necesario conversar.
—¿Qué significa para vos esta oportunidad y esta proyección internacional, y cómo dialoga con tu presente como actor y con el momento que vive el cine paraguayo?
—En lo personal, más que un punto de llegada, lo tomo como un nuevo punto de inicio. Es una validación a todo el camino previo que hice para que mi trabajo llegue a un espacio de tal magnitud como es la Berlinale. Durante años trabajando como actor, principalmente en obras de teatro, no bajé los brazos ni la mirada hacia lo que quería lograr. Y tenía la convicción de que podía hacerlo. No tengo miedo a decir que muchas veces lo único que falta es que confíen en nuestro trabajo. Pero cuando llega la oportunidad, es el momento de demostrar por qué estás ahí. Y eso aplica al cine paraguayo, que empieza a encontrar cada vez mayor presencia y visibilidad.
—Para quienes alguna vez escucharon "no sos", "no podés" o "no tenés", ¿qué mensaje te gustaría dejarles hoy desde tu experiencia y desde un recorrido que demuestra que sí se puede?
—Hay una voz interior que te dice que sí lo vas a lograr; si la escuchás, estás destinado. Nunca dejes de confiar en vos mismo. Ante un rechazo, agradecé la oportunidad y el aprendizaje, y seguí hacia lo que viene. Un "no" no te define.
En un cine paraguayo que comienza a expandir sus límites y a explorar nuevas sensibilidades, su recorrido confirma que es posible construir identidad desde la honestidad y el trabajo sostenido. Romero se perfila, así, como una figura en formación constante, con proyección internacional, preparada para dialogar con otras cinematografías y públicos, llevando consigo una voz propia que nace del territorio, pero aspira a una circulación más amplia, sin perder profundidad ni raíz.
* Manu Portillo es actor, productor y comunicador.