Hoy, con obras como Nunca estuve en Dublín, Anna Cappelli y ¿Cómo es posible que te quiera tanto?, además del último estreno de Hay un cuerpo muerto en la galería, Diego Mongelós se consolida como una de las voces más presentes y particulares del teatro paraguayo contemporáneo. Actualmente también desarrolla una intensa labor pedagógica como docente en El Estudio, donde impulsa una nueva edición del Taller Intensivo de Actuación "El lugar donde se ve", en el mes de julio, una propuesta de formación para actores y estudiantes avanzados centrada en la exploración del cuerpo, la imagen y los lenguajes contemporáneos de la escena.
—En este momento tenés varias obras en simultáneo en cartelera. ¿Cómo vivís este momento de tanta exposición y actividad como director?
—La verdad, no paré a pensarlo. Es una linda casualidad que hayan coincidido en cartelera, pero lo que sentís en el día a día es el ir y venir del trabajo, de los ensayos, de las funciones y eso se disfruta. Pero si lo miro desde afuera: cerramos Nunca estuve en Dublín, que tuvo una temporada con doce funciones agotadas y una segunda vuelta a pedido del público con la misma afluencia de gente, al igual que la obra ¿Cómo es posible que te quiera tanto? con temporada en el Teatro Latino y Anna Cappelli en Espacio Casa Mayor. Este mes de junio estrenó en sala la Correa Hay un cuerpo muerto en la galería. No sé si llamaría a eso exposición. Lo veo más como consecuencia del trabajo constante.

—Tus puestas suelen combinar humor, tensión, ironía y vínculos humanos muy intensos. ¿Sentís que hay una línea estética o temática que atraviesa tu trabajo?
—Creo que sí, aunque no es algo que me haya propuesto construir de antemano. De hecho, no hice una elección deliberada de casi todas estas obras sino que llegaron como propuesta y obviamente resonaron en mí, por eso me interesaron. Son muy diferentes en temática y estilo pero, si buscamos un factor común, en todas encontramos personajes atrapados en algo que ellos mismos construyeron: una dinámica familiar que nadie quiere pero todos sostienen, una relación que ya no funciona pero nadie abandona, una versión de sí mismos que no se corresponde con lo que son. Eso me parece interesante. Cuando el humor aparece, no es como fin en sí mismo sino como manera de hablar de ciertas cosas desde la ironía, sin ponernos solemnes.
— ¿Cómo es posible que te quiera tanto?, Nunca estuve en Dublín, Anna Cappelli y Hay un cuerpo muerto en la galería manejan distintos tonos pero comparten cierto universo de conflicto y absurdo. ¿Qué te atrae de ese tipo de dramaturgia?
—Creo que lo que tienen en común esos textos es que el conflicto no viene de afuera. No hay un antagonista o un villano. Hay personas comunes que pasan por circunstancias que las desbordan y que, en lugar de resolverlas, las hablan, las rodean, las evaden o terminan reaccionando de manera desproporcionada e ilógica en algunos casos. Eso me resulta mucho más inquietante que cualquier drama externo. Nunca estuve en Dublín presenta una familia que se pasa la noche tratando de evitar hablar de temas incómodos, invisibilizando sus conflictos. Anna Cappelli es alguien que construye una identidad entera sobre una ilusión. ¿Cómo es posible que te quiera tanto? tiene la forma de un thriller pero el fondo es sobre el deseo de ser visto y amado, de validar la existencia. Y Hay un cuerpo muerto en la galería empieza con alguien muerto en el centro de una exposición sobre la muerte, y todos los que lo rodean prefieren discutir antes que actuar. Justamente esta última obra acaba de estrenarse y seguirá en cartel durante todo el mes, con funciones a las 20:30 hs los días miércoles en Sala La Correita. Para mí lo interesante de todas estas situaciones absurdas es que no son trágicas o cómicas por separado. Son las dos cosas a la vez. Se presentan de la misma manera en la que vivimos.

—¿Cómo observás hoy al público teatral en Asunción? ¿Sentís que cambió la manera en que la gente se acerca al teatro después de los últimos años?
—Sí, creo que de a poco se van dando cambios en la manera en que el público recibe un espectáculo. Siento que hay una necesidad de pasar por una experiencia vivencial. En el teatro se construye una relación viva, coincidente en tiempo y espacio, un intercambio entre actores y espectadores, eso es lo maravilloso de este fenómeno artístico: la posibilidad de un acontecer. Hay mucha gente que fue al teatro por primera vez en los últimos años y se quedó. Y hay algo distinto en cómo están en la sala: más atentos, o más dispuestos. Creo que en ese sentido debemos ofrecer al público algo más que mero entretenimiento y darle la oportunidad de salir movilizado, de ser espectador activo.

—Dentro de esta etapa de crecimiento y múltiples proyectos, ¿qué desafíos personales o artísticos sentís que todavía querés explorar como director?
—Muchísimas cosas por explorar. Me interesa el lenguaje escénico en sí mismo como territorio de exploración, no solo la historia sino el lugar formal desde donde la contás. Me pregunto cada vez más qué pasa cuando tensionás ciertas convenciones del teatro, cuando traés a escena un lenguaje que no le es propio y que la escena tiene que procesar. Hay recursos que vienen del cine, de la instalación visual, del relato documental, de lo performático, posibilidades expresivas muy potentes. No se trata de incorporarlos o mezclarlos por novedad, sino de entender qué te permite contar cada uno más allá de los límites del texto dramático. Qué produce una imagen cuando no ilustra la palabra sino que la contradice. Qué pasa cuando el tiempo de la escena no coincide con el tiempo de la historia. Nada de esto es nuevo en el teatro mundial y local, pero creo que sobre esto todavía hay mucho por explorar. Creo que el lugar del quiebre es sumamente interesante cuando no es caprichoso sino cuando la ruptura es la única forma honesta de abordar ciertos materiales. Hay historias que no se pueden sostener desde el realismo y necesitan otras reglas de juego con el espectador. Me interesa explorar eso con criterio, no solo como experimento, sino entendiendo su necesidad dramatúrgica.
Con una carrera atravesada por la investigación escénica, la actuación y la dirección contemporánea, Diego Mongelós continúa construyendo un lenguaje propio dentro del teatro paraguayo. Entre nuevos proyectos, búsquedas formales y obras que dialogan con el absurdo, la ironía y el conflicto humano, su nombre aparece cada vez con más fuerza dentro de la escena local.
Para conocer más sobre sus obras y próximos proyectos se puede seguir su trabajo en Instagram.
* Manu Portillo es actor, productor y comunicador.