Valenzuela ante Peña: "La corrupción está volviendo anémico al país"
Al finalizar la Misa Central por el Día de la Virgen de Caacupé, el monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de la Diócesis de Caacupé, aprovechó la presencia del presidente Santiago Peña y del vicepresidente Pedro Alliana, así como algunos ministros, para dar lectura a una carta abierta en donde no se guardó ninguna sola crítica hacia las autoridades de turno. Cuestionó que en toda la era democrática no se haya logrado mejorar la situación del país.
En primer momento, destacó que considera que la religión no puede ser marginada de la esfera individual y que, no está solamente para "preparar las almas para el cielo", sino que va más allá, como es defender y representar a la comunidad humana. "Dios no quiere que el ser humano, hecho a su imagen y semejanza, viva mal", afirmó, al tiempo de animar a los laicos a no temer la interacción con la política.
"Hace unos meses hemos tenido elecciones nacionales, y ya hemos decidido quién y quiénes deben gobernar nuestro país. El tiempo corre y sigue su curso, no se detiene; y es imperioso entrar en la dinámica de la acción. Es urgente activar las instituciones porque el hambre, la enfermedad, la falta de empleo digno y la inseguridad no se detienen. ¡No hay tiempo que perder!", dijo.
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"La ciudadanía ha sido generosa en confiar nuevamente en ustedes; pues, pese a los desaciertos y graves omisiones que originaron múltiples pérdidas, les ha renovado el “contrato”. Todos reconocemos que el pueblo paraguayo es noble y generoso; cree en las promesas electorales; es paciente y sufrido; pero no es prudente abusar de la confianza depositada en ustedes", agregó.
Además, indicó que al haberse elegido a las autoridades, no por eso debemos sentarnos a esperar pacientemente algún resultado. Tampoco vale el simple lamento por el incumplimiento de las promesas electorales. "Lo que estamos viendo es que las autoridades en las que hemos depositado nuestra confianza no parecen darse prisa; están actuando con lentitud, con demasiadas pausas, una apatía que ya empieza a repercutir en la paciencia colectiva".
Pidió que para los altos cargos, sean los mejores quienes asuman las más altas responsabilidades, los más honestos y meritorios, capaces de poner, por encima de todo, el bien del pueblo, el cual es el sujeto y el objeto de la democracia. "Nuestro sufrido pueblo paraguayo, que espera paciente una solución a sus problemas, experimenta dificultades que van en aumento y que son cada vez más complejos. Peñatendemína, autoridades nacionales, regionales y locales, la ñande gente kuéra problémare. Es una sentida petición con acento de ruego", manifestó.
Lamentó igualmente el último intento de modificar la ley del sistema jubilatorio, afirmando que ese fondo debe permanecer cerrado para su único objetivo, asegurar una vida digna a los obreros y trabajadores después de tanto esfuerzo: poder disfrutar de su propio aporte jubilatorio cuando le corresponda su retiro del mundo laboral. Remarcando que: "Ojalá sea el Estado el que cuide y vigile esos fondos reservados, pensando en un futuro seguro y mejor de los ciudadanos que han aportado".
Ya pasaron siete gobiernos de cinco años cada uno, en democracia; y en todo este tiempo no supimos frenar la sangría de la corrupción que está volviendo anémico al país".
"Pero la máxima preocupación del pueblo es la corrupción y la impunidad, lacras que siguen carcomiendo los cimientos de la nación. Parecería no tener límites y resulta muy preocupante, muy serio y grave a la vez, que la sociedad se vaya acostumbrando a observar cómo los delitos cometidos contra del bien común permanezcan impunes, sin que se demuestre ganas ni voluntad de repudiarlos, y menos aún de exigir castigo a las personas responsables de esos hechos. Todos sabemos que al delito de robar corresponde la privación de libertad y la devolución de lo robado", enfatizó.
Recordó igualmente la popular frase “el horno no está para bollos”, para comparar la situación que desató la guerra entre Rusia y Ucrania, diciendo que, si bien nuestro país está lejos de las guerras, "todos nos merecemos vivir en paz". Afirmó que en contextos como el de nuestro país, la sociedad busca vencer las injusticias en una prolongada “guerra” que parece no tener fin, para lo cual se requiere de la pacificación basada en estrategias bien diseñadas; y donde el pueblo humilde vive defendiéndose de sus propios compatriotas que actúan como agentes de abusos, atropellos, marginaciones y olvidos, urge una respuesta justa.
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