Un gobierno en modo avión
Desde que Santiago Peña asumió la presidencia el 15 de agosto de 2023, Paraguay ha tenido un jefe de Estado que parece sentirse más cómodo en aeropuertos que en Palacio de López. En apenas 20 meses de gestión, Peña ya ha realizado más de 40 viajes internacionales, superando ampliamente el ritmo de sus antecesores.
Los destinos han sido variados: desde visitas de alto nivel a EE. UU., Israel, Francia y El Vaticano, hasta eventos regionales en Brasil, Argentina, Uruguay y otras naciones latinoamericanas. En cada viaje, el presidente ha prometido alianzas estratégicas, inversiones y una nueva imagen para el Paraguay. Sin embargo, a casi dos años de su mandato, el país sigue esperando que esa política exterior se traduzca en mejoras concretas.
126 días sin presidente en casa
El dato es preocupante: 126 días fuera del territorio nacional, lo que equivale a más de cuatro meses de ausencia en poco más de un año y medio. Es decir, uno de cada cinco días de su presidencia, Peña no ha estado en el país.
En un contexto marcado por la crisis del sistema de salud, conflictos sociales, reclamos docentes, inseguridad, y denuncias de corrupción en instituciones claves, la ausencia del jefe de Estado genera malestar y sensación de abandono entre la ciudadanía. Su despacho se ha vaciado en momentos claves, y las decisiones políticas han quedado delegadas frecuentemente al vicepresidente Pedro Alliana.
Gastos millonarios y nula rendición de cuentas
Según reportes de prensa con acceso a información oficial, el Estado paraguayo ha gastado al menos G. 4.370 millones (unos USD 585.000) solo en pasajes para el presidente y su comitiva. A esta suma deben sumarse viáticos, hoteles, escoltas y gastos logísticos que no siempre son informados con claridad. Las críticas más duras no solo apuntan al gasto, sino a la ausencia de resultados concretos.
Por ejemplo, uno de los principales fracasos diplomáticos fue la campaña impulsada por Peña para que el canciller nacional Rubén Ramírez asuma la Secretaría General de la OEA. A pesar de múltiples viajes para "hacer lobby", la candidatura no prosperó. Tampoco se han concretado inversiones extranjeras importantes derivadas directamente de sus giras.
Un presidente más visible afuera que adentro
Peña ha mostrado mayor protagonismo en foros internacionales que en la política interna. Mientras el país atraviesa reclamos ciudadanos, crisis hospitalarias y protestas de gremios docentes y campesinos, el presidente suele publicar desde el extranjero fotografías sonrientes con mandatarios, empresarios y religiosos, promocionando lo que él llama una "diplomacia moderna".
Sus viajes a Jerusalén, París, Miami y Dubái han despertado dudas incluso dentro de sectores oficialistas, que en privado comienzan a admitir que el mandatario ha descuidado la gestión interna en favor de una agenda diplomática sin frutos palpables.
Viajes que coinciden con ausencias simbólicas
Una de las ausencias más simbólicas fue la del 8 de diciembre de 2024, durante la festividad de la Virgen de Caacupé. Peña, lejos de acompañar a los miles de fieles católicos, se encontraba en una gira por Europa y Medio Oriente. La crítica no tardó en llegar: en un país con profundas raíces religiosas, la ausencia presidencial en la fiesta mariana fue interpretada como una desconexión cultural y emocional con la ciudadanía.
Lo mismo ocurrió durante la crisis en el IPS, cuando se revelaron múltiples irregularidades en compras públicas. Peña se encontraba en Israel y no brindó declaraciones hasta su regreso, días después, lo que generó la sensación de un presidente distante.
¿Diplomacia o turismo de Estado?
La pregunta que se hace buena parte de la ciudadanía y la oposición es si estos viajes realmente responden a una política exterior coherente o si son simplemente una excusa para mantener al mandatario alejado de los conflictos internos. Muchos de los encuentros internacionales de Peña no han sido seguidos por comunicados oficiales, rendición de cuentas o informes sobre acuerdos firmados.
Incluso algunos viajes han tenido tintes personales y religiosos, como su visita al Muro de los Lamentos o reuniones privadas con líderes religiosos, que poco o nada tienen que ver con la gestión pública.