PolíticaAyuda es ínfima

Sumergidos en agua y en el olvido

La crisis se profundiza con más lluvias en el Chaco, mientras el Gobierno responde a cuentagotas. Comunidades enteras están aisladas, sin alimentos, ni energía eléctrica, ni asistencia sanitaria. Autoridades locales denuncian abandono total y advierten que la emergencia es inédita.

29 Mayo de 2025
29 Mayo de 2025
Chaco bajo agua.
Chaco bajo agua. Web.

En pleno siglo XXI, el departamento de Alto Paraguay vive una de las peores crisis humanitarias de su historia reciente. Las intensas lluvias que azotan al Chaco desde abril han dejado aisladas a más de 6.000 personas, sin acceso a alimentos, atención médica ni energía eléctrica. Pese a las promesas del Gobierno, el socorro no llega en tiempo ni en forma, y la situación solo empeora con las previsiones de nuevas precipitaciones para los próximos días.

"Estamos en una emergencia total, nunca antes vista", lamentan las autoridades locales. Las comunidades de Toro Pampa, María Auxiliadora, San Carlos, Fuerte Olimpo y Bahía Negra siguen completamente incomunicadas. "Hace dos meses que no llega nada. Ya no hay qué comer, no hay medicamentos, no hay esperanza", denunció Lorenzo Lezcano, concejal departamental. "El Gobierno parece ciego ante la magnitud del drama que vivimos acá".

Comida hervida y caminos fantasmas

En San Carlos, los pobladores sobreviven consumiendo carne hervida donada por ganaderos, ante la total ausencia de alimentos en los comercios. La última vez que la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) entregó kits de víveres fue el 7 de abril: 22 kilos por familia. Desde entonces, nada. Mientras tanto, más de 500 familias rurales de Fuerte Olimpo y alrededores siguen esperando un segundo envío que nunca llega.

Las vías de acceso siguen intransitables, aunque las aguas hayan retrocedido en algunas zonas. Pero ni aun así se han movilizado las maquinarias del Estado. Fue la misma gente, con palas, azadas y tractores prestados, la que tuvo que abrir los caminos. Un ejemplo de esta voluntad popular es Nicasio Meza, trabajador de la Municipalidad de Fuerte Olimpo, quien llevó alimentos a Toro Pampa por cuenta propia y terminó con su tractor atascado en un pozo, arriesgando su vida por una causa que debería estar en manos del Estado.

La SEN responde, pero no alcanza

El titular de la SEN, Arsenio Zárate, aseguró que el Gobierno trabaja en un plan interinstitucional para restablecer la conectividad vial y brindar asistencia a las familias afectadas. Sin embargo, los resultados son escasos. Hasta el momento, se entregaron unos 650.000 kilos de alimentos no perecederos a unas 26.500 familias, de un total de 38.000 que requieren ayuda urgente en los tres departamentos chaqueños: Alto Paraguay, Boquerón y Presidente Hayes.

"Estamos haciendo todo lo que podemos", afirmó Zárate. Prometió que el Estado proveerá combustible, mientras que los municipios y gobernaciones deberán poner a disposición sus maquinarias para reparar los caminos. Pero en Alto Paraguay, el testimonio de la gente es otro: las maquinarias no aparecen, las rutas están destruidas y las familias siguen esperando.

Promesas que no se cumplen

El 30 de marzo, la Junta Departamental de Alto Paraguay declaró el estado de emergencia por cien días. El 25 de abril, el Poder Ejecutivo promulgó una ley para ampliar el Presupuesto Nacional, asignando 15.000 millones de guaraníes a la SEN para asistir a los damnificados. A más de un mes de esa decisión, los caminos permanecen bloqueados, el aislamiento se mantiene y la ayuda no llega a todos.

Mientras las autoridades reparten cifras y planifican reuniones en Asunción, los pobladores del Chaco sobreviven entre el barro, la desesperación y la indiferencia. "No hay embarcaciones, no hay helicópteros, no hay presencia real del Gobierno. Todo lo que llega es tarde y mal", sostienen referentes comunitarios de Toro Pampa y María Auxiliadora.

El peligro que se avecina

Lo más alarmante es que las lluvias no han cesado, y las previsiones climáticas apuntan a nuevas precipitaciones en la región chaqueña. Esto podría agravar todavía más el cuadro de catástrofe que ya viven miles de personas. La población, además de estar sin servicios básicos ni alimentos, se encuentra en estado de alerta permanente ante el riesgo de más inundaciones.

La falta de planificación estructural y de inversión en infraestructura crítica queda una vez más al descubierto. Los hospitales del Chaco siguen siendo precarios, obligando a muchos pacientes a viajar durante horas -si es que el camino lo permite- para recibir atención médica. La falta de ambulancias, medicamentos y personal de salud es tan crónica como el olvido al que está condenado el Alto Paraguay.

Una tragedia repetida y sin solución

Cada vez que las lluvias golpean el Chaco, la historia se repite: caminos destruidos, familias aisladas, instituciones colapsadas y un Gobierno ausente. Las soluciones de fondo brillan por su ausencia, mientras las autoridades improvisan respuestas que solo alcanzan para paliar momentáneamente el desastre.

"Pareciera que el Estado está más cómodo asistiendo con limosnas que resolviendo los problemas estructurales del Chaco", critican desde organizaciones sociales locales. La ayuda humanitaria llega como un favor, no como un derecho. Y así, con cada emergencia, se alimenta una dinámica perversa de prebendarismo y politiquería, en la que el ciudadano queda en el último lugar.

Alto Paraguay clama por justicia y atención

Mientras los altos funcionarios se felicitan por lo poco que logran hacer, los chaqueños siguen esperando. No se trata solo de enviar víveres, sino de construir un modelo de Estado que atienda y prevenga, que respete la dignidad de su gente y actúe con la rapidez que las emergencias exigen.

El Chaco paraguayo está bajo agua. Pero más que agua, lo que lo inunda es el abandono. Y frente a las lluvias que se avecinan, las alarmas están encendidas. La pregunta es: ¿cuántas tragedias más se necesitan para que se actúe con responsabilidad?

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