Sin Peña al frente, el Gobierno intenta armar un plan de urgencia por la crisis del transporte
La crisis del transporte público volvió a escalar este fin de semana y dejó triste postal: miles de usuarios atrapados entre la falta de buses, la incertidumbre y los traslados de emergencia. Desde las 09:00 de este Domingo de Ramos, las autoridades del Poder Ejecutivo permanecen reunidas en Mburuvicha Róga para coordinar el plan de contingencia ante la falta de buses anunciado por transportistas para este lunes.
Lo notable fue la ausencia del presidente de la República, Santiago Peña. La reunión fue encabezada por altos funcionarios del Gabinete y buscó ordenar una respuesta frente al conflicto con los transportistas, que amenaza con extenderse al inicio de la semana laboral.
Los empresarios del sector condicionaron la normalización del servicio al desembolso efectivo de las compensaciones estatales, y advirtieron que varias unidades no pueden operar con normalidad por falta de combustible y flujo de caja. La pulseada ya no es solo operativa, sino política: el Estado promete pagos, pero el sector responde que las promesas ya no alcanzan.
En ese contexto, el llamado "plan de contingencia" aparece más como una respuesta de emergencia que como una solución estructural. El Gobierno movilizó buses gratuitos, camiones militares, unidades de apoyo institucional y refuerzos de Itaipú, además de sumar a los buses eléctricos E1, E2 y E3, en un intento por amortiguar el impacto sobre los usuarios durante las horas más críticas. Pero la escena del sábado ya dejó en evidencia el límite del sistema: pasajeros trasladados en condiciones precarias y una ciudadanía cada vez más harta de un servicio que colapsa con demasiada facilidad.
La reacción social, de hecho, ya no pasa solo por la queja, empieza a convertirse en agotamiento. En redes y espacios ciudadanos, la indignación giró en torno a una sensación cada vez más extendida de abandono, precariedad y normalización del mal servicio. Lo que para el Gobierno puede leerse como una crisis puntual, para miles de trabajadores, estudiantes y usuarios del área metropolitana es apenas otro capítulo de un problema crónico que nunca termina de resolverse. Y la ausencia presidencial, en ese contexto, no pasó desapercibida: cuando el transporte colapsa, no solo faltan buses; también empieza a faltar conducción.

