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Sin Cartes presente, el oficialismo se fragmenta y desata lucha por el poder

El analista político Hugo Duarte advierte que la convalecencia del líder de Honor Colorado deja al descubierto una interna marcada por disputas silenciosas, reacomodos de poder y una creciente incertidumbre sobre quién ordena el movimiento en un momento clave del calendario electoral.

12 Abril de 2026
12 Abril de 2026
Honor Colorado.
Honor Colorado. Web.

La convalecencia de Horacio Cartes no solo abre interrogantes sobre su recuperación, sino que desata una crisis de coordinación dentro de Honor Colorado, donde emergen tensiones, liderazgos en disputa y una competencia interna desordenada en pleno año electoral.

La situación de salud de Horacio Cartes, que lo mantiene apartado del manejo cotidiano del movimiento Honor Colorado, comienza a mostrar efectos políticos concretos y cada vez más visibles dentro del Partido Colorado. Más allá del proceso de recuperación del exmandatario, el impacto se traduce en una reconfiguración interna del poder, marcada por incertidumbre, tensiones y movimientos estratégicos de distintos actores.

En entrevista con El Nacional, el experto en Ciencias Políticas Hugo Duarte advierte que lo que está ocurriendo no puede leerse de manera superficial, sino desde una lógica estructural. "Tengo que dar una visión desde la ciencia política, un poco más rica que cualquiera que pueda hablar, porque sobre este tema pueden hablar mucho porque están a la vista los hechos, pero en realidad lo que acá hay que mirar es que en estructuras como Honor Colorado el liderazgo de Horacio Cartes cumplía tres funciones simultáneas", explicó.

Un liderazgo que ordenaba todo

Duarte sostiene que Cartes no solo era una figura central, sino el eje organizador del movimiento. "Era un liderazgo consensuado para empezar. Nadie cuestionaba. Y esas tres funciones simultáneas ordenaban el movimiento, distribuían recursos, ordenaban la competencia interna y evitaban la fragmentación. Mantenía la unidad", detalló.

Sin embargo, ese esquema se vio alterado de forma abrupta. "¿Qué pasa cuando en este momento ese liderazgo entró en una pausa de forma imprevista? Entonces, cuando ocurre eso, no hay una transición institucional", señaló.

En ese contexto, lo que emerge es un escenario de desorden. "Lo que apareció es una crisis de coordinación", afirmó Duarte, describiendo el efecto inmediato de la ausencia del líder.

Crisis de coordinación y disputa territorial

El impacto se traslada directamente a la dinámica interna del movimiento. Según el analista, los dirigentes que antes respondían a una conducción central ahora se ven obligados a reorganizarse.

"La coordinación de los dirigentes regionales, los que no tienen mucho acceso pero estaban acostumbrados a coordinar con el líder, van a tener que buscar otro mecanismo de coordinación con el movimiento, y es allí donde puede ocurrir un problema", advirtió.

Ese problema se traduce en disputas territoriales. "Si existen más de un liderazgo en un territorio, al no haber coordinación, entonces la disputa por el control está abierta", explicó.

Duarte remarcó que esta disputa no responde a diferencias ideológicas, sino a una lógica de supervivencia política. "No porque tengan diferentes formas de pensar ni diferentes visiones, sino sencillamente ante esa pausa que entra en un limbo de incertidumbre que no se sabe dónde va a terminar, lo primero que el político necesita es asegurar su supervivencia política inmediata".

Lealtades líquidas y alianzas de corto plazo

Uno de los conceptos centrales que introduce el analista es el cambio en las reglas internas del juego político. "Se puede decir que las lealtades se vuelven líquidas. Las alianzas empiezan a ser transaccionales y tienen corto plazo de duración, no tienen largo plazo", afirmó.

En ese escenario, el rol arbitral del liderazgo desaparece. "El conflicto que anteriormente estaba regulado por el líder deja de estar regulado", sostuvo.

Como consecuencia, lo que se observa es una transformación del poder. "Lo que ocurre no es una lucha ideológica ni doctrinaria, sino una reconfiguración del acceso al poder", puntualizó.

Fragmentación y microfacciones

A corto plazo, Duarte identifica un fenómeno claro: la fragmentación interna. "La consecuencia inmediata es una fragmentación competitiva interna. Aparecen los polos de poder, aparecen los proyectos que estaban ahí incubándose y aparecen las figuras como para decir: 'aquí estoy yo'", indicó.

Aunque formalmente el movimiento mantiene una imagen de unidad, en la práctica la dinámica es otra. "No se ve como una estructura formal porque se cuidan las formas, pero sí empieza a haber la sensación de que dentro hay como micro facciones, hay liderazgos regionales que empiezan a dejar de coordinar", explicó.

El resultado es un escenario inestable. "El escenario es de una unidad formal, pero en la práctica hay una turbulencia", resumió.

Autopreservación como regla dominante

En este contexto, el comportamiento de los actores políticos cambia de manera evidente. "Ahí aparece lo que la política es: las conductas de autopreservación", afirmó Duarte.

Cada dirigente comienza a proteger su espacio. "Cada actor político busca asegurar recursos propios, busca cerrar su base territorial para que nadie entre allí, porque ese es su verdadero capital", detalló.

Además, se produce un reacomodo constante. "Empieza a reubicar lealtades, empieza a ver dónde le va a colocar a los leales", agregó.

Incluso los operadores políticos, considerados el eslabón más débil, se mueven rápidamente. "Empiezan a tratar de un liderazgo a otro en cuestión de semanas", advirtió.

Impacto directo en el gobierno

La crisis no se limita al movimiento partidario, sino que también afecta al gobierno. "Impacta de la misma forma que impacta en el movimiento", explicó Duarte.

Esto se debe a que muchos actores del Ejecutivo tienen su base de poder en los cargos que ocupan. "Hay actores cuyos territorios son los cargos que tienen en las instituciones donde fueron puestos, ya sea con el aval político del líder del movimiento o el aval político del presidente", indicó.

En ese escenario, también predomina la lógica de supervivencia. "Esa gente entonces privilegia su autopreservación y empieza a tratar de mostrarse con posibilidades de supervivencia", señaló.

El caso Leite como síntoma

Duarte menciona como ejemplo concreto el caso del embajador Gustavo Leite. "Leite mostró o quiso mostrar que tiene músculos propios, que es una persona del cartismo duro", afirmó.

Sin embargo, ese intento terminó en retroceso. "Culminado a retractarse de todo lo que dijo", recordó.

Para el analista, este tipo de episodios refleja el momento político actual. "Esos son los mismos escenarios que ocurren en un movimiento político, ocurren también dentro del gobierno", explicó.

La razón es clara: la ausencia del árbitro. "El que actuaba de árbitro y el que ordenaba la competencia o la presión interna contra el gobierno era el líder. Y el líder entró en pausa de forma imprevista", sostuvo.

La incógnita del liderazgo

Ante este escenario, surge la pregunta sobre si existe un liderazgo capaz de reemplazar a Cartes. Duarte es cauteloso.

"He conocido el liderazgo de Luis María Argaña, el de Lino Oviedo y el de Horacio Cartes. Lo que te puedo decir es la enseñanza que me dejan esos procesos de vacío de poder", señaló.

Según su análisis, el liderazgo no se define previamente. "El poder no se puede decir si existe o no, sino en la reconfiguración del liderazgo", explicó.

Lo que suele ocurrir es la aparición de nuevas figuras. "Siempre aparece alguien que tiene la capacidad, que demuestra mayor capacidad de control, y generalmente surge de una coalición que al principio es inestable, pero después se consolida", afirmó.

Sin embargo, aún es temprano para identificarlo. "Decir que ahora mismo hay es muy difícil porque esos liderazgos aparecen en el momento de crisis y reconfiguración del poder", indicó.

Un proceso sin democratización

Finalmente, Duarte advierte que este escenario no implica una apertura democrática dentro del movimiento.

"La experiencia dice que el vacío de poder o la ausencia temporal del liderazgo no va a generar democratización, sino una fase de competencia muy desordenada que va a privilegiar la autopreservación de los liderazgos políticos", concluyó.

Así, la convalecencia de Horacio Cartes no solo plantea un desafío personal, sino que abre una etapa de incertidumbre política dentro del cartismo, donde la lucha por el control ya está en marcha, aunque todavía se mantenga bajo una aparente unidad.

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