PolíticaEjecutivo

Se reglamentó ingreso de contratados públicos a Caja Fiscal: más aportantes, pero también más presión

Hasta ahora, uno de los principales problemas del sistema era su base limitada: pocos aportantes activos sosteniendo a un número creciente de jubilados.

29 Abril de 2026
29 Abril de 2026
Palacio de López.
Palacio de López. Cortesía

El Poder Ejecutivo avanzó en la reglamentación de uno de los puntos más sensibles de la reforma previsional: la incorporación de funcionarios contratados al sistema jubilatorio de la Caja Fiscal. La medida, que forma parte del proceso de implementación de la reciente reforma estructural, apunta a ampliar la base de aportantes en un esquema que enfrenta crecientes tensiones financieras.

La decisión se enmarca en la aplicación de la Ley N.º 7633/2026, que redefine el sistema de jubilaciones del sector público con el objetivo de asegurar su sostenibilidad en el tiempo. Ley 7633/2026 de Reforma de la Caja Fiscal establece nuevas reglas de aportes, edades y beneficios, en un contexto donde el déficit del sistema viene acelerándose y obligando al Estado a cubrirlo con recursos fiscales.

En Paraguay, apenas una fracción de la fuerza laboral contribuye al sistema previsional, lo que genera un desequilibrio estructural. La inclusión de contratados busca corregir parcialmente esta distorsión, incorporando a un segmento históricamente excluido de los aportes formales.

Desde la perspectiva oficial, el objetivo es doble: aumentar los ingresos del sistema y avanzar hacia mayor equidad entre trabajadores del Estado. En la práctica, implica que miles de contratados deberán comenzar a aportar, lo que también les permitirá acceder en el futuro a beneficios jubilatorios. Este cambio introduce un componente de formalización dentro del propio sector público, donde coexistían regímenes desiguales.

Cuestionamientos

Sin embargo, la medida no está exenta de cuestionamientos. Economistas y especialistas advierten que ampliar la base de aportantes no necesariamente resuelve el problema de fondo si no se corrigen los desequilibrios estructurales del sistema. La Caja Fiscal arrastra déficits millonarios —solo en 2025 superaron los USD 380 millones— y su sostenibilidad sigue en entredicho incluso tras la reforma.

Además, la incorporación de nuevos aportantes implica, en el mediano plazo, también nuevos beneficiarios. Es decir, si bien mejora el flujo de ingresos en el corto plazo, puede incrementar las obligaciones futuras del Estado si no se acompaña de reglas actuariales más estrictas. Este es uno de los dilemas centrales de los sistemas previsionales: ampliar cobertura sin comprometer la viabilidad financiera.

El trasfondo es más amplio. La reforma impulsada por el Gobierno —que incluye aumento de aportes, cambios en la edad de jubilación y ajustes en beneficios— ya fue calificada por algunos analistas como insuficiente para frenar el deterioro del sistema, funcionando más como un "parche" que como una solución estructural. La reglamentación sobre contratados se suma a ese paquete de medidas graduales.

En términos políticos y económicos, el Gobierno intenta enviar una señal de responsabilidad fiscal, en línea con la necesidad de contener el creciente peso de las jubilaciones sobre el presupuesto público. Pero el desafío sigue siendo mayor: equilibrar inclusión, sostenibilidad y previsibilidad en un sistema que, de no mediar reformas más profundas, podría enfrentar serias dificultades en los próximos años.

La incorporación de contratados a la Caja Fiscal marca, en ese sentido, un paso relevante, aunque insuficiente por sí solo. Es una medida que amplía derechos, pero también compromete al Estado a administrar con mayor rigor un sistema previsional que ya opera bajo presión. El verdadero test estará en su impacto real sobre las cuentas públicas y en la capacidad de avanzar hacia una reforma más integral.

Últimas noticias