Que no falte el pan: Capitalismo solidario o socialismo voluntario

Que no falte el pan: Capitalismo solidario o socialismo voluntario

Por Alan L. Redick

Caravaggio se consagró como uno de los mejores pintores del Barroco. “La cena de Emaús” fue uno de sus temas favoritos, tanto así que pintó dos versiones, una en 1601 y otra versión más sobria, con personajes más parecidos al entorno del pintor, en 1606. El motivo teológico detrás del cuadro era sin duda motivo para volverlo carne en el lienzo.

La 'Cena de Emaús' está basada en una narración de los evangelios (Lucas24: 13 - 35; cf. Marcos 16: 12 - 13). Después de la muerte de Jesús, dos discípulos que iban caminando y debatiendo temas teológicos en el camino hacia la aldea de Emaús, se encontraron con Jesús resucitado, aunque en el camino no pudieron reconocerlo. Fue recién en Emaús, sentados a la mesa cuando Jesús tomó el pan y lo bendijo, y lo partió, y les dio, y fue ahí que sus discípulos lo reconocieron; no al discutir teología en el camino, sino al compartir el pan.

El capitalismo ha traído sin duda muchos avances cívicos y tecnológicos al mundo, pero en su forma salvaje y desregulada no ha sido tan positivo. El capitalismo extremo y sin solidaridad no puede ser bueno. Por otro lado, el socialismo parece un sistema ideal, especialmente para muchos jóvenes idealistas; sin embargo, en la práctica el sistema extremo ha fracasado históricamente en todas partes justamente por su falta de libertad. Es muy linda la idea de que todos tengamos beneficios y que los que más tienen paguen más por los que tienen menos; todo es muy lindo hasta que se empobrecen los ricos y se agotan las riquezas.

Conocemos la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37): un hombre fue golpeado y quedó tirado en un camino. Pasó un sacerdote y lo ignoró; luego pasó un teólogo y lo ignoró. Finalmente pasó un samaritano y se compadeció de él. Sin preguntarle nada lo ayudó y lo llevó a un sitio donde podían cuidarlo hasta que se recupere y pagó por ello, todo esto sin reclamarle nada. La historia iba a estar bastante incompleta si es que el samaritano no tenía nada de dinero. Por ventura, el samaritano tenía dinero y voluntariamente pudo ayudar al que necesitaba sin pedir nada a cambio.

Lo que al capitalismo extremo le hace falta es solidaridad y compasión. Lo que al socialismo le hace falta es que sea voluntario. El Paraguay hoy se encuentra en una situación privilegiada y está entre los países que más alimentos proveen al mundo entero; sin embargo, contamos con un alto porcentaje de compatriotas que viven en la inopia o pobreza extrema. Esta pandemia y la persistente corrupción del gobierno vinieron solo a empeorar las cosas y tenemos, ya para colmo, un altísimo número de compatriotas sin empleos. Solo los políticos y algunos empresarios salieron beneficiados con estas desgracias; el resto del pueblo se las apaña como puede.

Hace poco decidí preparar un cierto número de 'canastas de navidad' para familias que están pasando mal. Un grupo de amigos inmediatamente se sumó al esfuerzo y terminamos preparando unas canastas bastante 'paraguayas'. No son las tradicionales canastas navideñas, sino que más bien parecen canastas familiares llenas de productos nacionales, abundante arroz, frutas y verduras, aunque también tienen una sidra (porque hay que celebrar) y el pan dulce de producción nacional. Sorprendentemente, para lo que es, en pinta y calidad, resultó ser mucho más barato de lo que yo esperaba, y aún más con la colaboración de tanta gente que desinteresadamente donó una cantidad de cosas.

Cuentan los evangelios (Mt. 14:13-21; Mr. 6.30-44; Lc. 9.10-17; Jn. 6.1-14) que Jesús una vez dio de comer a cinco mil hombres sin contar las mujeres y los niños. Escrito está que ya haciéndose tarde le sugirieron a Jesús que despida a la multitud para que vaya a los pueblos cercanos para comer. Jesús les contestó que no hacía falta y les pidió a sus discípulos que ellos mismos alimenten a la multitud. Sus discípulos no tenían dinero para comprar comida para esa multitud y lo único que consiguieron fue el avío de un muchacho que decidió donar sus cinco panes y dos pececillos. Entonces Jesús tomó aquellos panes, y habiendo dado gracias los repartió entre sus discípulos, y éstos a su vez al resto. Lo mismo con los peces. Y comieron todos y se saciaron, y al final sus discípulos recogieron de las sobras doce cestas llenas.

El año pasado escuché un sermón de uno de estos predicadores seguidores de la hermenéutica o teoría de la interpretación de Rudolf Bultmann, que buscaba 'desmitologizar' los evangelios. En el sermón el predicador explicó, ya que tampoco estaba explícitamente en las Escrituras, que lo que muy posiblemente habría ocurrido en tal ocasión, fue que una vez que la muchedumbre vio que un muchachito se solidarizó con tanta gente que pasaría hambre, y donó lo poco que tenía, muchos de ellos se avergonzaron o se inspiraron en el chico y cada uno comenzó a donar sus viandas de modo que compartieron entre todos y al final, después de que todos se saciaron, terminó incluso sobrando doce cestas llenas (número significativo en la Biblia).La verdad es que haya sido del modo que fuera, el milagro se produjo y pudieron comer y saciarse todos, y hasta terminó sobrando comida.

La solidaridad suele ser contagiosa, y no solo es contagiosa, sino que también suele traer más abundancia si es en forma voluntaria.

Después de la resurrección de Jesús se testimoniaron varias apariciones suyas. Éstas quizás sean las partes más importantes del evangelio, pues es donde se evidencia la promesa. La 'Cena de Emaús' fue uno de esos eventos. Nuevamente los seguidores de Bultmann dirán que no fue realmente a Jesús a quienes vieron los dos discípulos, sino que al reconocer el rito de compartir el pan vieron cómo el Maestro no estaba muerto pues sus enseñanzas quedaron vivas en otros.

De cualquier manera, tanto para quienes creen en los hechos trascendentales como para aquellos que solo ven en Jesús a un gran maestro. El mensaje sigue siendo claro y moralmente bueno.

Otra aparición que se dio del Jesús resucitado fue cuando se le apareció a siete de sus discípulos que estaban pescando (Juan 21). Pescaron toda la noche, pero no sacaron nada, y a la mañana se les apareció Jesús desde la orilla, pero ellos no lo reconocieron. Jesús les preguntó cariñosamente si tenían algo de comer, a lo que ellos respondieron que no. Entonces Jesús les dijo que echen la red a la derecha de la barca, y así lo hicieron, y no pudieron casi sacar la red de tantos peces.

Juan lo reconoció y se lo dijo a Pedro, quien se puso la ropa y nadó hasta la playa, donde Jesús estaba ya preparando un asadito de pescado con pan. Los otros discípulos se sumaron y añadieron más pescados para el desayuno. Y Jesús les dijo “Vengan a comer”, y tomó el pan y les dio, y asimismo el pescado.

Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Simón Pedro “¿me amás más que éstos?” Y Pedro le respondió: “Sí, Señor, vos sabés que te amo”. Entonces Jesús le dijo: “dales de comer (?????) a mis ovejas”.

Volvió Jesús a preguntarle una segunda vez: “¿me amás?” Pedro le respondió: “Sí, Señor, vos sabés que te amo”. Y Jesús le dijo: “pastorea (????????) mis ovejas”.

Le dijo una tercera vez: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amás?” Pedro se entristeció de que le preguntase por tercera vez si le amaba, y le respondió: “Señor, vos sabés todo; vos sabés que te amo”. Y Jesús le dijo: “dales de comer (?????) a mis ovejitas”.

La teología de este pasaje es muy simple. Pedro fue quien negó a Jesús tres veces antes de que el gallo cante. El contexto tiene que ver con los alimentos. Pescadores con hambre que no habían pescado nada en toda la noche, pero Jesús los ayudó a que pesquen en abundancia, y a la orilla los esperaba con un asadito de pescado y pan que compartió con ellos. Dos veces se repite el verbo “alimenta” (?????), dales de comer o apacienta, y una vez el verbo pastorea o cuida (????????). Para mí no hay metáforas aquí, si lo amás, alimentá, dales de comer a sus ovejas y cuida de ellas.

Que no falte el pan para nadie. Si cada familia que tiene un poco más puede preparar un par de canastas, preferentemente de productos nacionales y sanos, estoy seguro de que todos comeremos y quedaremos satisfechos, y aún más, sobrarán doce canastas que podremos compartir con nuestros países vecinos que también la están pasando mal.

En este mes, unos conmemoran el nacimiento del salvador, otros el de un gran maestro para la humanidad; de cualquier modo, su mensaje fue claro. No serán con simples palabras ni teologías, sino que es dando gracias, partiendo y compartiendo el pan donde reconoceremos a la divinidad.

Amar es nutrir y cuidar.