"Presidente que no puede elegir a su vice, nace débil", sostienen analistas
En medio de la feroz interna en Honor Colorado, referentes y analistas como el diputado Roberto González y el analista Leandro Prieto advierten que las presiones para imponer la dupla de Pedro Alliana exponen una profunda crisis de liderazgo en el oficialismo y anticipan un proyecto político condicionado desde su origen, marcado por disputas de poder, falta de autonomía y cuestionamientos sobre el rumbo del gobierno.
Las críticas no solo giran en torno a los nombres que suenan para integrar la chapa presidencial, sino que también abren un debate más profundo sobre identidad partidaria, modelo de gestión y liderazgo dentro del oficialismo. El analista político Leandro Prieto lanzó cuestionamientos de fondo tanto a la figura de Juan Carlos Baruja como al perfil de otros referentes del movimiento.
Prieto fue contundente al comparar a los dirigentes y sostuvo que Baruja "es tres veces más colorado" que Pedro Alliana, marcando una diferencia en términos de identidad partidaria. Sin embargo, esa valoración no implicó una defensa cerrada del exgobernador, ya que también cuestionó con dureza su desempeño en la función pública.
Según explicó, la gestión de Baruja estuvo atravesada por reiterados fracasos en proyectos de viviendas sociales, obligándolo a "barajar y dar de nuevo" en múltiples ocasiones. A su criterio, el problema no solo fue administrativo, sino estructural, al señalar que existe un abismo económico que impide que los potenciales beneficiarios siquiera puedan sostener una vivienda, lo que termina haciendo inviables los programas estatales.
En ese sentido, el analista llegó a calificarlo como "casi un ministro fracasado", aunque aclaró que lo hacía sin malicia, sino como una evaluación de resultados. Para Prieto, Baruja enfrentó una "misión imposible" en un contexto social donde la pobreza limita cualquier política habitacional.
Críticas al modelo del gobierno
Más allá de los nombres propios, Prieto también apuntó contra el rumbo ideológico del oficialismo. Cuestionó que figuras como Alliana y el propio presidente Santiago Peña no encarnan, a su entender, el perfil tradicional del Partido Colorado, al que definió como profundamente social y comunitario.
En contraposición, sostuvo que el actual gobierno responde a una lógica "neoliberal" que alteró el orden de prioridades. Según su análisis, se produjo una inversión en la pirámide de valores: la actividad financiera pasó a ocupar el centro, la economía quedó subordinada a ella y el ser humano terminó relegado como una consecuencia secundaria.
"¿En qué momento dejamos de ser humanistas?", planteó, al advertir que la política dejó de estar orientada al bienestar social para responder a intereses económicos. En esa línea, lanzó otra de las frases más fuertes al afirmar que "vinieron para hacer negocios", en referencia a sectores del oficialismo.
Prieto desarrolló además una mirada crítica sobre la convivencia entre política y actividad empresarial. Señaló que el capital requiere dedicación constante y que la política, como "ciencia madre", también demanda tiempo y compromiso, por lo que consideró que ambas esferas difícilmente puedan coexistir sin generar distorsiones.
La disputa por la vicepresidencia
En paralelo a estas críticas, la interna por la definición del candidato a vicepresidente se volvió cada vez más intensa dentro de Honor Colorado. Distintos sectores comenzaron a promover nombres propios, generando una competencia interna que, lejos de ordenarse, expone fisuras en la conducción política.
También en contacto con esta redacción, el diputado Roberto González, referente y vocero de la disidencia colorada, se sumó a los cuestionamientos y fue directo al señalar que la nominación del vicepresidente debería ser "casi de potestad exclusiva" del candidato a presidente. Argumentó que esa figura debe ser alguien de extrema confianza, capaz de aportar al proceso electoral y luego al gobierno, sin convertirse en un factor de conflicto.
González advirtió que el actual escenario, donde gobernadores, senadores y otros actores impulsan sus propios candidatos, constituye "un despropósito" y "una joda", al entender que se trata de presiones que terminan debilitando al presidenciable.
Para el legislador, el problema no es solo político sino también funcional. Señaló que un vicepresidente impuesto podría generar tensiones permanentes dentro del gobierno, obligando al presidente a lidiar con conflictos internos en lugar de concentrarse en la gestión.
El cuestionamiento al liderazgo
Uno de los puntos más sensibles de su análisis fue la referencia a la autonomía de Pedro Alliana. González planteó que cuando un candidato necesita que se le "confiera" la posibilidad de elegir a su compañero de fórmula, en realidad está evidenciando que no tiene plena independencia para tomar decisiones.
En ese sentido, advirtió que el país no necesita un presidente condicionado, sino un liderazgo capaz de asumir tanto los aciertos como los errores por cuenta propia. De lo contrario, dijo, se corre el riesgo de tener un mandatario que actúe como "mandadero" de otros sectores de poder.
Además, alertó que la falta de claridad en este punto puede generar desmotivación dentro del propio equipo político, ya que quienes no sean elegidos podrían sentirse desplazados o incluso jugar en contra del proyecto.
El trasfondo de la crisis interna
La tensión actual dentro del oficialismo también se vincula con el momento que atraviesa el liderazgo del movimiento Honor Colorado. La reciente ausencia temporal de Horacio Cartes por motivos de salud generó un escenario de menor centralización en la toma de decisiones, habilitando movimientos internos y disputas por espacios de poder.
Durante ese periodo, distintos sectores comenzaron a posicionarse con mayor fuerza, lo que derivó en un reacomodo que hoy se refleja en la puja por la candidatura a la vicepresidencia. Aunque Cartes retomó protagonismo, las diferencias internas quedaron expuestas y siguen latentes.
En ese contexto, la definición de la dupla presidencial aparece como una prueba clave para medir la capacidad del oficialismo de ordenar su estructura y proyectar una imagen de unidad. Sin embargo, las declaraciones de Prieto y González muestran que, lejos de consolidarse, el escenario está marcado por tensiones, cuestionamientos y una disputa abierta por el rumbo político.





