Lo que debería ser un acto de orden institucional y de reafirmación partidaria se desarrolla bajo una tensión creciente entre los sectores que buscan mantener la identidad liberal y aquellos que, por conveniencia o cálculo, orbitan cada vez más cerca del cartismo.
La cita congrega a más de 500 delegados con el objetivo formal de actualizar el estatuto, autorizar alianzas para las municipales de 2026 y adecuar las normas internas a las exigencias de financiamiento político. Sin embargo, la agenda visible es apenas la superficie: el verdadero debate ocurre en los pasillos, donde se disputan espacios de poder, control sobre los movimientos internos y, sobre todo, el rumbo del partido frente a un escenario político que lo encuentra debilitado y dividido.
El bloque identificado como "liberocartista", liderado por figuras como Dionisio Amarilla, irrumpe con fuerza pese a las resistencias históricas dentro del liberalismo. De los once senadores electos por el PLRA, casi la mitad mantiene una relación funcional con el oficialismo colorado, un dato que preocupa incluso a los dirigentes más moderados. Lo que antes era un rumor hoy se evidencia: el liberalismo convive con una infiltración interna que desdibuja sus límites ideológicos y erosiona su papel como principal fuerza de oposición.
A esto se suma la polémica por la paridad de género, un principio aprobado en 2022 que ahora está en riesgo de ser eliminado de los reglamentos partidarios. Aunque la discusión no figura en el orden del día, sectores conservadores impulsan su revisión alegando dificultades operativas para aplicarla en listas municipales. En contrapartida, las dirigentas liberales y referentes del ala progresista advierten que revocar esa norma sería un retroceso histórico y una traición a la lucha por la participación equitativa dentro del partido.
El liderazgo de Hugo Fleitas llega a esta convención con un poder fragmentado. Si bien mantiene el control formal de la presidencia, enfrenta un escenario en el que cada movimiento interno busca posicionarse de cara a las elecciones de 2026. El sector Nuevo Liberalismo, que meses atrás intentó forzar una renovación anticipada de autoridades, se mantiene expectante. Y mientras tanto, la base liberal observa cómo su partido más antiguo parece extraviado entre cálculos personales y estrategias que se contradicen con su historia democrática.