Aunque reconocen que el sistema está en crisis y necesita cambios urgentes, sostienen que la magnitud del proyecto exige un debate amplio, técnico y transparente, hoy ausente por la aceleración impulsada desde el oficialismo.
El reclamo de los sectores afectados se volvió el eje central del debate en la Cámara de Diputados. Durante una extensa audiencia pública, gremios docentes, representantes de fuerzas públicas y personal de blanco coincidieron en una misma exigencia: frenar el tratamiento exprés de la reforma y abrir una discusión real, punto por punto, sobre el contenido del proyecto presentado por el Ejecutivo. Para ellos, el problema no es solo qué se reforma, sino cómo se está intentando reformar.
Los expositores cuestionaron que el oficialismo haya fijado una sesión extraordinaria para el 5 de febrero, apenas semanas después de la presentación formal del proyecto y sin que exista un análisis profundo de sus implicancias sociales, laborales y fiscales. En ese contexto, plantearon que avanzar de ese modo equivale a vaciar de contenido el diálogo y convertir la audiencia pública en un trámite meramente formal.
Pedido explícito de freno y mesa técnica real
Uno de los planteamientos más reiterados fue la necesidad de postergar el tratamiento legislativo y conformar una mesa técnica que no sea simbólica. Los gremios pidieron que esa instancia incluya a todos los sectores afectados, con acceso previo a los estudios actuariales y con la posibilidad concreta de introducir cambios al proyecto. A su criterio, discutir una reforma estructural en cuestión de días no solo es irresponsable, sino que puede generar consecuencias sociales graves.
Los representantes sindicales remarcaron que la reforma de la Caja Fiscal no es una ley más. Afecta derechos adquiridos, modifica edades de jubilación, eleva aportes y redefine reglas históricas para miles de trabajadores del sector público. Por eso, insistieron en que el Congreso debe tomarse el tiempo necesario para evaluar alternativas y no limitarse a convalidar una propuesta cerrada.
Desconfianza sobre los números y el sustento técnico
El reclamo por más tiempo también está vinculado a la desconfianza hacia los cálculos actuariales que sustentan la reforma. Los gremios señalaron que estos estudios fueron entregados cuando el cronograma legislativo ya estaba en marcha, lo que dificulta seriamente su análisis. Varios dirigentes expresaron dudas sobre los supuestos utilizados y cuestionaron que se pretenda aprobar una ley de largo impacto con información que recién ahora comienza a ser conocida.
Desde la perspectiva de los sectores afectados, sin un estudio técnico debatido y socializado, cualquier decisión corre el riesgo de ser injusta o desequilibrada. Por eso, plantearon que el déficit de la Caja Fiscal no puede analizarse de manera aislada, sin considerar factores como la corrupción, la mala administración histórica y la deuda acumulada del Estado con el sistema previsional.
El Congreso entre el reclamo social y la presión política
En medio de la audiencia, el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, admitió que el proyecto puede y debe ser modificado. Señaló que la intención es buscar una salida equilibrada y que los datos técnicos entregados por el Ministerio de Economía serán socializados con los sectores. Sin embargo, evitó confirmar una postergación de la sesión extraordinaria, lo que mantiene la tensión abierta.
Para los gremios, mientras no se suspenda el tratamiento acelerado, las garantías de un debate real siguen siendo débiles. Consideran que la mayoría oficialista en Diputados juega a favor de una aprobación rápida y que las señales de apertura al diálogo no se traducen aún en decisiones concretas.
Advertencias del sector docente y posibles medidas
El magisterio fue uno de los sectores más enfáticos en su pedido de freno. Sus dirigentes sostienen que el déficit previsional no es responsabilidad de los docentes y que cargar el ajuste sobre los trabajadores es una salida fácil pero injusta. En ese marco, el presidente de la Federación de Educadores del Paraguay, Silvio Piris, advirtió que si el proyecto avanza sin cambios sustanciales y sin debate, el conflicto podría trasladarse al inicio del año lectivo.
El mensaje fue claro: no descartan medidas de fuerza si se sienten atropellados. Para los docentes, la reforma no puede imponerse sin consenso, porque el costo social y político sería alto.
La postura del Ejecutivo frente al reclamo
Desde el Ministerio de Economía y Finanzas, el ministro Carlos Fernández Valdovinos manifestó apertura a escuchar propuestas, pero dejó en claro que algunos ejes del proyecto, como la edad mínima de jubilación, no son negociables. Argumentó que sin ese parámetro el sistema no es sostenible y que cualquier flexibilización debería compensarse con mayores aportes del Estado u otras fuentes de financiamiento.
El propio Gobierno reconoce que la reforma solo cubriría una parte del déficit de la Caja Fiscal, lo que refuerza la idea de que no se trata de una solución definitiva. Este punto es utilizado por los gremios para insistir en que no hay justificación para el apuro y que una reforma parcial no puede imponerse sacrificando el debate democrático.
Una pulseada abierta
El escenario que se configura es el de una pulseada entre la urgencia fiscal y el reclamo social por participación. Los sectores afectados no niegan la crisis de la Caja Fiscal, pero exigen que la salida no sea construida a espaldas de quienes sostienen el sistema. El pedido de frenar el tratamiento y abrir un debate profundo se convirtió en el eje central del conflicto.
En los próximos días, el Congreso deberá definir si escucha ese reclamo o si avanza con el calendario impuesto por el oficialismo. De esa decisión dependerá no solo el futuro de la reforma, sino también el nivel de conflictividad social que puede desatarse en un momento clave del año.



