En el texto, la Cancillería sostiene que la situación en Venezuela venía mostrando signos de deterioro sostenido y que, con el paso del tiempo, se convirtió en un factor de inestabilidad que trasciende las fronteras del propio país.
El comunicado plantea que Paraguay ya había advertido con antelación sobre el rumbo que tomó Venezuela bajo el liderazgo de Nicolás Maduro, al que menciona como una figura vinculada a una estructura señalada como amenaza para la región. En ese marco, el Gobierno remarca que la comunidad internacional no puede mirar para otro lado cuando la degradación institucional deriva en efectos que impactan en la seguridad y en la convivencia democrática del continente.
En su mensaje, Cancillería llama a privilegiar caminos políticos y democráticos que permitan encauzar la crisis sin alimentar una espiral de violencia. La idea central es que cualquier salida debe ordenarse en torno a reglas claras, con garantías y con legitimidad, evitando soluciones improvisadas que terminen profundizando el conflicto o abriendo un período de mayor inestabilidad.
El texto también sostiene que la salida del liderazgo cuestionado debe habilitar, de manera inmediata, un proceso de restauración institucional. En particular, señala como objetivo la recuperación plena del Estado de Derecho y el respeto de la voluntad ciudadana expresada a través de las urnas, presentada como el único fundamento válido para reconstruir el sistema político venezolano.
La postura oficial busca ubicarse en un punto de firmeza política, pero con un énfasis explícito en la necesidad de una transición ordenada. Con esa fórmula, Paraguay intenta marcar distancia de cualquier desenlace que se resuelva por la fuerza y, al mismo tiempo, deja sentado que el horizonte deseable es una recomposición democrática rápida, verificable y sostenida por el principio de soberanía popular.