Paraguay entra en fase decisiva en Itaipú
Las negociaciones para revisar el Anexo C del tratado de Itaipú quedaron congeladas desde abril, cuando el Gobierno de Santiago Peña decidió suspender todo diálogo con Brasil tras revelarse el presunto espionaje de la inteligencia brasileña a funcionarios paraguayos involucrados en las conversaciones energéticas. La crisis diplomática frenó abruptamente un proceso clave para el futuro económico y energético del país y mantuvo al Paraguay durante meses atado a un esquema tarifario antiguo, menos favorable y sin margen para corregir asimetrías históricas.
El costo político y económico de esa pausa prolongada fue inmediato: pérdida de oportunidades de ingreso, debilitamiento de la posición técnica del país y una señal de fragilidad que benefició a Brasil, que continuó operando sin cambios mientras Paraguay aguardaba una respuesta diplomática. Hoy el tiempo perdido es parte del daño, pero también un llamado de alerta.
Qué se negocia realmente en el Anexo C
El Anexo C es la columna vertebral financiera y operativa del tratado de Itaipú. Allí se definen la tarifa que Brasil paga por la energía paraguaya, las bases para calcular el Costo Unitario del Servicio de Electricidad, la utilización y venta de excedentes energéticos, los mecanismos de compensación social y los criterios de financiamiento de la represa.
Para Paraguay, la revisión del Anexo C es mucho más que una discusión técnica: significa recuperar soberanía energética, obtener ingresos acordes al valor real de la energía que produce, abrir la puerta a la libre comercialización con el mercado brasileño y fortalecer su capacidad de inversión en infraestructura, electrificación rural y políticas sociales. Cada punto de esa negociación define el modelo energético paraguayo para las próximas décadas.
El informe brasileño y el cierre formal del capítulo del espionaje
El lunes último, el Gobierno finalmente recibió el informe confidencial que Brasil debía entregar con las aclaraciones sobre el presunto espionaje. Con esa entrega, la Cancillería paraguaya dio por cerrado el conflicto diplomático que había mantenido congeladas las conversaciones y confirmó que ahora sí se retoma el camino hacia la renegociación del Anexo C.
La recepción del documento marca un antes y un después: ya no existe motivo formal para postergar el diálogo. La pelota vuelve a estar del lado paraguayo, que debe activar su equipo negociador, fijar posiciones claras y garantizar que las conversaciones avancen con la urgencia que merece un asunto estratégico para el país.
La urgencia de recuperar el tiempo perdido
Más de siete meses de parálisis no solo retrasaron la revisión del Anexo C: deterioraron la capacidad de negociación de Paraguay y pusieron en evidencia la fragilidad con la que el Gobierno encaró un proceso de vital importancia. Mientras Brasil mantuvo su ventaja estructural, Paraguay quedó en pausa, sin mejorar ingresos, sin ampliar autonomía energética y sin avanzar hacia un modelo más equitativo.
Ahora, con el conflicto diplomático cerrado, la urgencia es absoluta. Cualquier demora adicional prolonga las condiciones desfavorables para el país y postergará recursos que podrían destinarse al desarrollo nacional. El margen ya no existe: Paraguay debe sentarse a negociar con firmeza, con estrategia y con una visión país que supere la improvisación.
Lo que está en juego para el país
En esta renegociación se juega mucho más que un número en la tarifa. Se juega la posibilidad de que Paraguay utilice su energía para crecer, que pueda vender libremente lo que hoy Brasil se lleva por una tarifa regulada, que la represa se convierta en una palanca de desarrollo interno y no solo en un engranaje del suministro eléctrico brasileño.
También está en juego la soberanía energética: la capacidad real de decidir qué hacer con la energía paraguaya, cómo se comercializa, cuánto vale y qué impacto genera en la economía nacional. Itaipú constituye uno de los activos estratégicos más importantes del país, y entregar la negociación a la inercia sería renunciar a décadas de oportunidades.
Un momento bisagra para la conducción paraguaya
Con el informe en mano desde el pasado lunes, ya no hay pretextos diplomáticos, ni condicionamientos externos, ni formalidades pendientes. El Gobierno de Santiago Peña debe activar sin más demora la mesa de renegociación y liderar un proceso transparente, técnico y estratégico. Las decisiones que se tomen —o que no se tomen— en los próximos meses determinarán el rol de Paraguay en la represa por los próximos años.
El país tiene frente a sí una oportunidad histórica. Si vuelve a retrasarse, la pérdida será enorme. Si actúa con determinación, Itaipú puede convertirse en la base de un nuevo ciclo de crecimiento, autonomía y desarrollo. El tiempo de las excusas terminó. Empieza el tiempo de negociar por los intereses de todos los paraguayos.