Paraguay, ¿el Estado más rico del Brasil?
La convulsionada semana que termina, con violentos cortes de rutas que paralizaron la maquinaria económica del país y generaron un clima de convulsión política que el Gobierno no supo cómo afrontar, sumó ayer las desafortunadas declaraciones del ministro de Economía del Brasil.
Paulo Guedes, conocido por sus manifestaciones inoportunas, al punto de que los asesores de campaña del presidente Bolsonaro le aconsejaron “esconderlo” durante el periodo preelectoral, no dudó en afirmar que “el Paraguay es el estado brasilero más rico”, aludiendo a la pujanza de los empresarios del vecino país radicados en territorio nacional, motivados por las ventajas de un sistema tributario con impuestos bajos, o nulos, para ciertas actividades lucrativas. De este modo pretendió justificar su propuesta de disminuir los impuestos a ciertos sectores.
La cuestión es grave. Tales declaraciones, si bien referidas a un hecho puntual, dan cuenta de un problema estructural de larga data, así como de prácticas ilegales continuas que, minuto a minuto, van socavando la soberanía del Estado paraguayo. La presencia del Brasil en el Paraguay ha sido siempre muy relevante, y hoy abarca un amplio espectro de sectores que van desde el empresariado hasta las organizaciones criminales, incluyendo miles de colonos establecidos, inclusive, en tierras públicas.
¿Qué podemos leer en las declaraciones del ministro? Más allá del exabrupto, al que la Cancillería respondió con una frase meramente retórica y nostálgica, hay que analizar los alcances geopolíticos de las afirmaciones de Guedes. El Paraguay comparte 1.365 kilómetros de frontera con Brasil, límites fijados tras el fin de la Guerra de la Triple Alianza, una zona que se convirtió en una de las principales rutas del tráfico de armas y drogas en América del Sur, donde también impera el contrabando de mercancías y vehículos robados.
Por otra parte, grandes empresas agroganaderas brasileñas son dueñas de miles y miles de hectáreas dentro de la zona de seguridad fronteriza establecida por la Ley N.º 2532/2005, que determina que extranjeros de países limítrofes no pueden ser propietarios de tierras en una franja de 50 kilómetros adyacente a las líneas de frontera. Esta ley, lo sabemos bien, no se cumple. Los colonos brasileños dominan la economía de la zona e incluso han pretendido, en ciertos casos, imponer en su propiedad el idioma portugués, prohibiendo el uso del guaraní entre sus empleados paraguayos.
A esto se suma el hecho de que el Código Electoral habilita a todo extranjero, con un mínimo de cinco años de residencia en el país, a ser candidato a intendente. Esto ha llevado a que el poder político, en gran parte de la región oriental del Paraguay, esté en estos momentos en manos brasileñas.
Brasil desarrolló una estrategia geopolítica entre 1950 y 1960, basada en el concepto de “frontera móvil”. La idea es que la frontera no está propiamente en los límites trazados, sino en la ubicación de la población brasileña. “Brasil llega hasta donde llegan los brasileños”, se dice, y este proceso no se detiene. Y en este devenir hay un objetivo de primordial importancia: Itaipú, donde siempre Brasil buscó imponer su hegemonía.
Por esta razón, no es excesivo decir que las afirmaciones de Guedes deben generar alerta en el Estado paraguayo, a la luz de la historia y del actual contexto internacional. ¿Terminaremos siendo un protectorado del Brasil, como lo es Puerto Rico de los Estados Unidos? La debilidad institucional de nuestro país frente a la política expansionista del Brasil hasta permite pensarlo. Hemos asistido, en las últimas décadas, a una claudicación permanente de nuestra soberanía y hoy en día es más que evidente el grado de intervención extranjera al que estamos sometidos; para bien, en algunos casos, como el operativo A Ultranza Py.
Para el Paraguay, la lucha por su soberanía no es algo nuevo. Ya el Doctor Francia se vio obligado a cerrar las fronteras ante las pretensiones anexionistas de los países vecinos. Y si bien, luego, la política aperturista de Carlos Antonio López encontró el delicado equilibrio en las relaciones internacionales, la puja por el dominio territorial no tardó en manifestarse durante el gobierno de Francisco Solano López, haciendo eclosión en la Guerra de la Triple Alianza.
Lejos de cualquier postura xenofóbica, creemos que se hace imperativo analizar lo dicho por uno de los ministros clave del gabinete brasileño y garantizar la defensa territorial, razón primera de todo Estado-Nación. De otro modo, este Gobierno será responsable de que el Paraguay sea declarado un Estado fallido, sujeto a una eventual intervención.
D.D.W-S