Para Blinken, Quintana es un nombre de la narcopolitiquería, narcoeconomía y narcosociedad

Para Blinken, Quintana es un nombre de la narcopolitiquería, narcoeconomía y narcosociedad

En su breve y contundente declaración oficial del martes 6 de abril, el Secretario de Estado de los EE.UU., Antony J. Blinken expresó la extrema gravedad que representa para la seguridad nacional de su país, y ni qué decir para nosotros, la metástasis local de la narcopolítiquería, en pleno desarrollo aquí, el más grave peligro para el proceso político actual, iniciado poco más de tres décadas atrás. Implícita en las palabras de Blinken estaba también la gran preocupación estadounidense (que debemos hacer nuestra) por los fenómenos concomitantes de la narcoeconomía y narcosociedad. Acerca de estos dos neologismos no hay nada que aclarar.

Lo de narcopolitiquería debe ser explicado no en su obvio primer componente y sí en lo de politiquería. Este rótulo designa a la perversión y decadencia partidocráticas de nuestra política, que se ha vuelto predominante en la actualidad, y que históricamente tuvo su origen, en tiempos de la Guerra Fría mundial (1947-1989), en el último autoritarismo local, el del general Alfredo Stroessner (1954-1989). Este llegó al poder apoyado por el Partido Colorado al que stroessnerizó convirtiéndolo en dueño de los puestos públicos, y también por las FFAA. Sus miembros, obligatoriamente, si no estaban afiliados a la organización partidaria del régimen, debían hacerlo obligatoriamente al igual que los policías.

El componente narcotráfico en la política interna paraguaya igualmente tuvo su origen en el ciclo de la heroína, en los años sesenta del siglo pasado y de esos polvos surgen estos lodos actuales (sobre los cuales acaba de reiterar advertencias la Casa Blanca por medio de su Secretario de Estado), que ya corresponden a los tiempos del narcotráfico de la cocaína y de la ingeniería infernal del lavado de dinero (eje de la narcoeconomía) que sirve a corruptos, a narcos, a terroristas y a un muy largo etc., local e internacional. La corrupción sistémica en el Paraguay la inició J. Natalicio González (15-VIII-1948 a 30-I-1949), presidente de muy corta duración en la inmediata posguerra civil de 1947, la era contemporánea de la anarquía colorada a la que Stroessner puso fin desde 1954. Hoy estamos al borde de repetir lo de la anarquía, que en este caso será multipartidocrática y que, de no ser impedida y llegara a producirse su estallido, someterá al Paraguay no a una hegemonía sino al poder neototalitario de una cleptonarcocracia (este escribidor se honra en ser también el autor de tan horrible neologismo) en acelerado proceso de desarrollo

Después de 1989 la corrupción y el narcotráfico dejaron de ser patrimonio oficialista y militar y se pluralizaron, tanto que también permeó las barreras cívicas del otro tradicional partido, el Liberal Radical Auténtico (PLRA), por ejemplo, y, como lo demostrarán investigaciones en curso, asimismo influyen en la gestación de micropartidos y de neoliderazgos. En otra ocasión hablaremos de algo más grave: lo de la narcosociedad.

Un severo llamado de atención

Todo eso constituye el trasfondo de las actuales durísimas palabras textuales del jefe institucional de la diplomacia norteamericana, que fueron las siguientes:

“Hoy, anuncio la designación pública de un Diputado en la Cámara Baja de la Legislatura paraguaya, Ulises Rolando Quintana Maldonado, debido a su participación en actos de corrupción significativos. Durante su tiempo como diputado, el señor Quintana participó en actos que facilitaron la delincuencia organizada transnacional, socavaron el estado de derecho y obstruyeron la fe del público en los procesos públicos de Paraguay.

“Esta designación se realiza bajo la Sección 7031 (c) de la Ley de Apropiaciones 2021 del Departamento de Estado en Operaciones Extranjeras y Programas Relacionados. Además de la designación del Sr. Quintana, estoy designando públicamente a su esposa, Mirtha Beatriz Esperanza Fariña Velausteguiz. Esta acción hace que el Sr. Quintana y su esposa no sean elegibles para ingresar a los Estados Unidos.

“Estados Unidos sigue apoyando al pueblo de Paraguay en su lucha contra la corrupción y hace que sus líderes electos rindan cuentas. Esta designación reafirma el compromiso de Estados Unidos de combatir la corrupción en Paraguay, en la región de la triple frontera y a nivel mundial. (Para más información, por favor contacte con INL-PAPD@state.gov., y para ver el texto original en inglés ir a: https://www.state.gov/designation-of-representative-in-paraguayan-congress-for-involvement-in-significant-corruption/)”.

Las palabras de Blinkenno deben ser interpretadas como una manifestación actual del histórico intervencionismo mundial y hemisférico de la Casa Blanca (en su fase superpotencia pos 1945)que también padeció nuestro país.

La declaración del Secretario de Estado acerca del Paraguay, a la que nos referimos, es similar en importancia y contenido a otras emitidas igualmente por Washington en las últimas semanas, que deben ser correcta y rápidamente evaluadas por los poderes hoy nominales del Estado (o instituciones de nombre) y, además, por las asimismo frágiles instituciones político partidariasy de la sociedad, que ya no se dividen: se multiplican en fragmentos de fragmentos. Es en esta dimensión en que se vuelven de suma importancia las organizaciones de la sociedad, los partidos (empezando por los dos más grandes y tradicionales) y los medios de comunicación para construir una voluntad mayoritaria y democrática de la que emerja una real ciudadanía. A su gestación debemos acompañar todos con nuestra participación.

Peligro clepto-narco-partidocrático

La politiquería partidocrática es la que debe ser abandonada y esa lucha en primer lugar la deben dar los sectores democráticos de la sociedad y de los partidos políticos existentes, pues en medio del embate de la pandemia (la primera de naturaleza planetaria que conocemos en la historia mundial) estamos muy cerca de otro nuevo proceso de votación y no de uno de naturaleza electoral y democrática. Si no damos pasos efectivos en esa dirección nunca llegaremos a ser ciudadanos para empantanarnos solo en el rótulo de nacionales de una patria en profunda crisis en todas las dimensiones de realidad: social, económica, política y ni qué decir en materia de salud pública.

Sin ciudadanía no existen república, sociedad democrática y tampoco podemos ejercer la principal cualidad establecida constitucionalmente, la de elegir de manera periódica y como soberanos a quienes así convertimos en servidores públicos. Elegir realmente es participar en el funcionamiento de las instituciones democráticas, controlándolas además. Elegir es muy diferente a lo que hemos estado haciendo desde 1989: depositar papeletas en las urnas sin que hasta hoy hayamos decidido quienes nos gobernarán.

Padeciendo la democracia de pésima calidad actual es que nos desgobiernan los candidatos funcionales a las órdenes de los narcopolíticos, que de conquistar el poder establecerán el régimen de la narcopolitiquería. Es de todo esto, desde el interés nacional norteamericano que trata la declaración del martes 6 del secretario de Estado Blinken.

Pero todo el poder de la primera superpotencia mundial del presente (hablando en términos estratégico militares), los EUA, no logrará salvar del colapso a nuestro ideal de la república constitucional y democrática, el régimen político del todavía lírico “Estado social de derecho” de 1992.

Los habitantes del Paraguay debemos transformarnos en ciudadanos organizados en partidos democráticos para que la cooperación internacional, no solo la de EUA, pueda evitar que aquí emerjan el primer Estado y régimen político clepto-narco-partidocrático de Sudamérica.