En octubre de 2024, el Gobierno, liderado por el presidente Santiago Peña, promulgó la Ley N.º 7354, que establece como horario oficial para todo el año el tradicional "horario de verano" (UTC-3), suprimiendo así el cambio estacional que se realizaba en otoño y primavera. Esta medida, inicialmente impulsada bajo la premisa de un mayor aprovechamiento de la luz solar en las horas de la tarde, generó desde un principio una profunda división de opiniones en la ciudadanía, el Congreso y diferentes sectores de la sociedad civil.
Las razones del cambio
Desde el Poder Ejecutivo y parte del Congreso, el argumento central fue que mantener de forma permanente el horario de verano favorecería una mejor utilización de la luz solar por las tardes, reduciendo así potencialmente los índices de delincuencia, incrementando la productividad económica y disminuyendo el consumo eléctrico en horas pico. También se citó como referencia que países como Argentina, Uruguay, Chile y Brasil utilizan husos horarios similares sin cambios estacionales, buscando así alinear a Paraguay con sus vecinos comerciales más importantes.
Además, legisladores como el cartista Basilio Núñez y la senadora Lizarella Valiente defendieron que el cambio contribuiría a una "simplificación administrativa" al evitar los ajustes de horarios cada seis meses.
La otra cara de la moneda: críticas y preocupaciones
Sin embargo, la implementación no estuvo exenta de fuertes cuestionamientos. Desde diversos sectores surgieron advertencias sobre los impactos negativos que el nuevo régimen horario tendría, especialmente en los meses de otoño e invierno.
Una de las principales críticas apuntó a que, bajo el horario de verano permanente, el amanecer en Paraguay se produciría recién entre las 7:15 y 7:45 de la mañana durante los meses más fríos. Esto significa que estudiantes, trabajadores de la construcción, personal de salud, y otros sectores que inician su jornada temprano, tendrían que desplazarse a sus actividades en completa oscuridad, aumentando los riesgos de accidentes, inseguridad y afectaciones al rendimiento académico y laboral.
La senadora Blanca Ovelar fue una de las voces más firmes en contra de la medida. Advirtió que "no se puede legislar sobre el sol" y cuestionó la efectividad de pretender solucionar un fenómeno astronómico, como la reducción natural de horas de luz en invierno, mediante una ley. Señaló también que la decisión gubernamental no se basó en estudios científicos sólidos, sino en sondeos de opinión, principalmente en redes sociales.
Padres de familia, docentes y sindicatos se sumaron a los reclamos, organizando protestas y presentaciones de cartas públicas exigiendo la revisión de la norma.
Nuevas alternativas planteadas
Frente a la presión social, en las últimas semanas surgieron varias propuestas dentro del Congreso Nacional:
Retomar el sistema de cambio de hora estacional: La senadora Blanca Ovelar anunció que impulsará un proyecto para reinstaurar el sistema anterior, en el cual Paraguay atrasaba una hora sus relojes en otoño (marzo) y los adelantaba nuevamente en primavera (octubre), tal como se hacía históricamente.
Instalación de horarios escalonados: Otra propuesta surgió de la senadora Lizarella Valiente, quien anunció que trabajará en un proyecto de ley que permita establecer horarios de ingreso y salida diferenciados según el sector (educativo, bancario, gubernamental, entre otros). De esta forma, se buscaría mitigar el impacto de la oscuridad matutina en las poblaciones más vulnerables, especialmente los niños.
El objetivo de esta última idea es evitar que todos los sectores inicien sus actividades en plena noche, buscando una distribución más armónica de los horarios y un mejor aprovechamiento de la luz natural en la medida de lo posible.
La ciencia detrás del problema
Expertos en astronomía y cronobiología consultados por medios locales coinciden en que el problema de fondo no puede resolverse simplemente modificando el huso horario. La inclinación del eje terrestre y la posición de Paraguay en el hemisferio sur hacen que, durante el invierno, los días sean inevitablemente más cortos, independientemente del horario legal adoptado.
Cambiar la hora puede ofrecer una percepción de "mayor luz" en ciertos momentos del día, pero no altera la duración real del período de luz solar disponible. En invierno, Paraguay recibe aproximadamente 10 horas de luz diarias, mientras que en verano la cifra sube a más de 13 horas.
Además, estudios internacionales han advertido que la exposición a la oscuridad en las primeras horas del día puede alterar los ritmos circadianos de las personas, afectando la salud mental, el desempeño cognitivo y la calidad del sueño, especialmente en niños y adolescentes.
¿Qué se viene ahora?
El debate está abierto. El Congreso deberá analizar en los próximos meses las propuestas de modificación o ajuste al régimen horario. Mientras tanto, la ciudadanía sigue reclamando una respuesta que contemple tanto la eficiencia energética y económica como la salud y seguridad de las personas.
El desafío que enfrenta Paraguay no es menor: encontrar un modelo de horario que responda a sus características geográficas, climáticas, sociales y culturales, sin improvisaciones ni soluciones apresuradas.
Lo que es claro es que el reloj no se detiene, y que cada amanecer oscuro del invierno será un recordatorio para los legisladores de que las decisiones sobre el tiempo no solo se toman mirando al cielo, sino también escuchando a la gente.


