Nos gobierna la violencia
La debilidad institucional frente a los permanentes cortes de rutas y también al avance de grupos criminales pone en riesgo la seguridad en la integridad física de los ciudadanos paraguayos y de sus bienes. Durante los últimos días ha surgido una terrible escalada de violencia en todo el territorio nacional. Somos testigos de graves eventos sin que los responsables de la seguridad den explicación alguna a la población o busquen una solución a esta crisis. No hay voluntad política para detener este flagelo.
En los artículos 41 y 108, la Constitución Nacional (CN) explica claramente sobre el derecho a la libre circulación de todos los ciudadanos paraguayos dentro del territorio nacional. Sobre “La libre circulación de productos”, dice que: Los bienes de producción o fabricación nacional, y los de procedencia extranjera introducidos legalmente, circularán libremente dentro del territorio de la República; además, señala sobre “El derecho al tránsito y a la residencia” que: Todo paraguayo tienen derecho a residir en su Patria. Los habitantes pueden transitar libremente por el territorio nacional, cambiar de domicilio o de residencia, ausentarse de la República o volver a ella y, de acuerdo con la ley, incorporar sus bienes al país o sacarlos de él (...).
Los grupos de presión alcanzaron hasta el mismo ministro del Interior, pretendiendo, así, extorsionar al propio titular de esta cartera de Estado con maniobras viles e inentendibles. La inseguridad no se detiene en ningún aspecto, una muestra de ello es lo ocurrido en la propiedad del empresario ganadero Alberto Soljancic, donde hombres, con uniformes de tipo militar, atacaron su estancia de la zona de Tacuatí, departamento de San Pedro.
¿Por qué a pesar del presupuesto asignado y del esfuerzo que dice realizar el aparato estatal, los delitos y las víctimas continúan aumentando? La debilidad e inacción por parte de las autoridades se deben a la falta total de solidez institucional. Es consecuencia de que las leyes, los protocolos y las normas internas son vistos como una mera referencia y rara vez se aplican de manera efectiva.
La alevosía y ausencia de temor a las sanciones es nula. El Gobierno debe recuperar el rol para el que fue constituido y por el que renunciamos todos los ciudadanos a nuestras libertades individuales en la búsqueda de mejor convivencia social. La autoridad e imperium del funcionario y las instituciones públicas es indelegable. Grupos de interés no pueden desconocer el Estado de Derecho y a la misma soberanía.
¿Dónde queda el rol de las fuerzas públicas? ¿Hasta cuándo permitirán que inadaptados y marginales acaparen espacios de dominio público pertenecientes a todos los paraguayos? Los gobernantes deben estar en alerta ya que los ciudadanos no aguantarán por mucho tiempo estar en zozobra y más pérdidas económicas. Urge evitar que se tome justicia por mano propia para no llegar a una total anarquía. Los paraguayos merecemos vivir en un territorio regido por la ley y su Gobierno; no por la violencia de quienes la desconocen.
D.D.W-S