"Minerales críticos" es el nombre que se le da a un grupo de minerales y metales que hoy son imprescindibles para fabricar tecnologías clave (baterías, paneles solares, turbinas eólicas, semiconductores, redes eléctricas, equipos médicos y también sistemas de defensa), pero cuyo abastecimiento es frágil: están concentrados en pocos países, tienen cadenas de valor dominadas por un puñado de actores o dependen de rutas logísticas vulnerables. En la propia definición oficial de Estados Unidos, se trata de materiales esenciales para la economía y la seguridad nacional, con riesgo alto de interrupción en la cadena de suministro.
Ese marco global explica el movimiento diplomático que terminó poniendo a Paraguay en la conversación. El Ministerio de Relaciones Exteriores informó que el canciller Rubén Ramírez Lezcano recibió una invitación del Departamento de Estado para participar de la primera Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos, prevista para el 4 de febrero, con bienvenida del secretario de Estado Marco Rubio. La propia convocatoria subraya el objetivo central de Washington: "fortalecer las cadenas de suministro" con socios internacionales por considerarlo vital para su seguridad económica y nacional.
En Asunción, el tema se conecta con una agenda que viene creciendo en los últimos meses: la intención de modernizar el marco de la minería y posicionar al país como destino de inversión en recursos del subsuelo. El Viceministerio de Minas y Energía viene trabajando en una reforma integral del Código Minero y en una política minera nacional con foco explícito en "minerales críticos", buscando ordenar reglas, mejorar información geológica y atraer capital. En declaraciones publicadas en medios locales, el viceministro Mauricio Bejarano habló de apuntar a reservas probadas como uranio y titanio, de aumentar producción de oro y de "preparar el camino" para litio, tierras raras y cobre.
El interés de Estados Unidos, en ese sentido, no es un gesto aislado ni filantropía: es geopolítica de suministro. En los últimos años Washington aceleró una estrategia para diversificar proveedores y reducir dependencia de cadenas donde China tiene ventajas decisivas (sobre todo en procesamiento y refinación, además de algunos minerales específicos). Por eso empuja acuerdos, financiamiento y alianzas como la Minerals Security Partnership, orientada a "acelerar el desarrollo de cadenas de suministro diversas" de minerales críticos.
¿Por qué Paraguay? Primero, por potencial y oportunidad: el país sigue siendo, comparativamente, un territorio poco explorado en términos mineros, lo que para inversores significa "frontera" con margen de descubrimiento si las reglas y la información mejoran. Segundo, por estabilidad y alineamientos: para Washington, sumar socios confiables en Sudamérica es parte del rompecabezas regional en un momento de competencia abierta por materias primas estratégicas. Y tercero, por la posibilidad de "anclar" proyectos a estándares ambientales y de trazabilidad que hoy pesan cada vez más en el comercio internacional, algo que en Paraguay ya aparece como discusión vinculada a permisos, plazos y previsibilidad jurídica.
Ahora bien: que haya interés no significa que exista un "boom" inmediato. La minería, incluso con viento internacional a favor, necesita años. En el debate local, el propio sector advierte que sin reformas administrativas y seguridad jurídica los proyectos pueden quedar en carpeta. La Tribuna recogió la advertencia de Capami sobre permisos lentos y poco claros, y mencionó estimaciones de inversiones y plazos para proyectos (dos de uranio y uno de titanio) que podrían recién entrar en fase productiva en varios años, además de tiempos promedio de 8 a 10 años desde prospección hasta producción.
En el corto plazo, la señal concreta es política y diplomática: Paraguay fue invitado a una mesa ministerial que Estados Unidos arma para consolidar socios y mapear oportunidades, mientras en el plano interno se acelera la discusión de un nuevo marco minero para volver "bancable" un sector que hoy es incipiente. Si la apuesta avanza, el principal dilema va a ser el de siempre, pero con números más grandes: cómo atraer inversión sin repetir historias de extractivismo, con reglas claras, control ambiental serio y beneficios que se traduzcan en desarrollo local, no solo en exportación de roca y promesas.