Análisis político

Milda Rivarola: "Peña es intocable políticamente, pero vacío en resultados"

A dos años y dos meses de gestión, la historiadora y politóloga Milda Rivarola sostiene que el presidente Santiago Peña no logró consolidar autoridad ni resultados visibles, mientras el control del gobierno se concentra en Horacio Cartes y el movimiento Honor Colorado.
Milda Rivarola. Archivo

En la arena política crece la percepción de un liderazgo debilitado y un poder en manos ajenas. A dos años y dos meses de gestión, la historiadora y politóloga Milda Rivarola sostiene que el presidente Santiago Peña no logró consolidar autoridad ni resultados visibles, mientras el control del gobierno se concentra en Horacio Cartes y el movimiento Honor Colorado. Advierte que el oficialismo se fragmentará con el avance del calendario electoral y que el mandatario corre el riesgo de quedarse sin base política.

Un presidente sin peso propio

En entrevista con El Nacional, Milda Rivarola no titubea al describir el estado actual del gobierno: "Santiago Peña es un presidente invisible con resultados invisibles", sentencia. A su juicio, no hay un solo logro de peso que pueda atribuirse a su administración en más de dos años de mandato.

"Comenzó peleándose con el gobierno anterior, saltando de un escándalo menor a otro, pero sin repercusión porque tiene mayoría parlamentaria. Es intocable políticamente, pero vacío en resultados. Si me preguntan qué hizo el gobierno de Peña en este tiempo, no sabría qué responder", sostiene.

La politóloga señala que los grandes proyectos prometidos durante la campaña permanecen sin avances concretos. "El Metrobús sigue siendo un símbolo del fracaso estatal, y en política exterior lo único visible es la continuidad de la alineación con Estados Unidos e Israel, una herencia directa del gobierno anterior", agregó.

Rivarola remarca que los escándalos financieros, las denuncias de corrupción y la falta de gestión sólida han dejado al presidente sin narrativa ni identidad política propia. "No tiene peso ni iniciativa. Su gabinete refleja eso: ministros casi desconocidos, sin presencia, sin liderazgo ni gestión que valga la pena mencionar", expresa.

Los ministerios y la falta de gestión visible

En cuanto a la composición del gabinete, Milda Rivarola considera que la mayoría de los ministros "pasan inadvertidos", salvo contadas excepciones. "Son figuras invisibles, con escasa presencia pública. Tal vez se salva Baruja, por su exposición mediática, o la ministra de Cultura, que tiene cierta visibilidad. También Claudia Centurión, titular de Obras Públicas, pero más por su condición de mujer que por su desempeño", analiza.

Consultada sobre el Ministerio de Salud, Rivarola reconoce que ni siquiera logra identificar con claridad a su titular. "No sé quién es el ministro de Salud. Tampoco el de Educación, salvo por referencias previas. Esa falta de conocimiento es un reflejo de lo poco que proyecta este gobierno. No hay liderazgo, no hay acción, no hay rumbo claro", afirma.

Estas observaciones coinciden con un clima político donde aumentan las presiones internas dentro del propio oficialismo. El senador Silvio "Beto" Ovelar, referente cartista, viene exigiendo el reemplazo de la ministra María Teresa Barán, mientras que el liberal Dionisio Amarilla apunta contra Claudia Centurión, jefa del MOPC, por la baja ejecución presupuestaria.

Rivarola interpreta estas disputas como una muestra de desgaste: "Cuando un gobierno pierde iniciativa, las críticas surgen desde adentro. Ya no es oposición, es fuego amigo".

"No tiene dignidad presidencial"

En entrevista con el diario El Nacional, la historiadora amplió su análisis político y fue más dura con su diagnóstico: "Desde el comienzo, Peña demostró que no tiene peso político propio, y eso ya se sabía. Lo que no esperábamos era que fuera peor de lo previsto: un gobierno marcado por la inoperancia, la corrupción y la falta de dignidad presidencial".

"Hay una pérdida total del respeto a la investidura. Nunca se imaginó que un presidente —ni siquiera dentro del entorno de Cartes— llegaría a un nivel tan alto de sumisión. Es un gobierno sin carácter, sin autonomía, sin voz propia", enfatiza.

Para Rivarola, Peña no ejerce el poder: lo administra como un delegado. "Todo el peso político está concentrado en Horacio Cartes y en el movimiento Honor Colorado. Las decisiones estratégicas no salen del Palacio de López, sino de la estructura partidaria. Peña es un ejecutor, no un conductor", sostiene.

Un gobierno que se aproxima al desgaste

Rivarola pronostica que el desgaste político de Peña se acentuará el próximo año, cuando empiece el calendario electoral municipal. "En cuanto comiencen las internas municipales, se terminará lo poco que le queda de poder. Si la oposición gana distritos importantes o si lo hace la disidencia colorada, el presidente se quedará sin base política. Cada electorado se alineará detrás de su propio candidato y nadie se preocupará por lo que diga Peña", afirma.

A su entender, la única forma en que el mandatario podría sostener influencia sería imponiendo a sus candidatos personales en esas elecciones, pero ve esa posibilidad como remota. "No tiene chances políticas de hacerlo. Lo único que le queda es el dinero. A este nivel de desprestigio, solo con mucho dinero se puede sostener una candidatura, y más aún, una estructura", sentencia.

"No creo que no termine su mandato, es colorado"

Respecto a las versiones que apuntan a un eventual colapso institucional o a que Peña no llegaría al final de su mandato, Rivarola es clara: "No creo que no termine su gobierno. Es colorado. En la historia del Partido Colorado, ningún presidente dejó el poder antes de tiempo. La estructura partidaria garantiza la continuidad, incluso en medio del caos".

En su análisis, la cultura política paraguaya blinda a los mandatarios colorados. "Lo que para la oposición es un riesgo, para el Partido Colorado es un escudo. Esa lógica de protección mutua dentro del poder es lo que mantiene vivo al sistema, aunque sea disfuncional", explica.

Reelección y poder de Cartes

Consultada sobre los rumores de una eventual reelección presidencial, Rivarola lo descarta sin rodeos. "Ya no tienen tiempo. Si eso hubiera estado en la agenda, lo habrían hecho al inicio del gobierno, no ahora", sostiene.

Sin embargo, advierte que el levantamiento parcial de sanciones a Horacio Cartes puede influir en el equilibrio de poder dentro del oficialismo. "Se malinterpretó el tema de las sanciones. Lo que se levantó fue una medida del Departamento de Comercio, no las del Departamento de Estado. Cartes sigue sin visa y con una mancha de prestigio internacional que no se borra fácilmente", aclara.

Para Rivarola, ese detalle es crucial: "El verdadero problema de Cartes no es el dinero —porque sus finanzas nunca estuvieron en riesgo real—, sino la sanción moral y política de estar aislado diplomáticamente. Estados Unidos no olvida los expedientes de corrupción. El cambio de presidente en la Casa Blanca no modifica la política del Departamento de Estado. El expediente Cartes sigue abierto".

Un balance sin luces

En resumen, Milda Rivarola ve un panorama desalentador: un gobierno sin liderazgo, ministros sin presencia, una estructura partidaria que absorbe el poder presidencial y una ciudadanía que observa desde lejos.

"Peña no tiene discurso, no tiene gestión, no tiene equipo. Es un gobierno que flota entre la inercia y la dependencia. Lo único que mantiene estable al oficialismo es la maquinaria colorada, pero incluso esa base empezará a fracturarse cuando entren en juego los intereses municipales", concluye.