En una entrevista exclusiva con el diario El Nacional, Marcello Lachi, analista político, describe cómo en Paraguay el crimen organizado se ha integrado al sistema político como respuesta a la creciente necesidad de recursos para mantener estructuras clientelares cada vez más costosas y extendidas a todas las clases sociales.
En un trabajo investigativo realizado con el experto Juan Martens, cuyo tema central es la relación entre la política y el crimen organizado, se describe cómo este ha desarrollado un sistema clientelar sofisticado con el tiempo, dónde ya no bastan pequeños favores o ayudas para mantener lealtades.
"A veces el Estado y la corrupción no son suficientes y en ese espacio entra el crimen organizado", apuntó.
Lachi advierte que, en ese sentido, estamos ante una nueva fase: una fusión total entre políticos, crimen organizado y profesionales de cuello blanco (abogados, escribanos, financistas, etc.), que forman una sola red mafiosa orientada al poder y al negocio.
"El pase sucesivo a la construcción de una estructura mafiosa (cuando la política, el crimen organizado y en el medio: los profesionales de cuellos blancos -abogados, escribanos, financistas, bancarios, gentes profesionales de alta formación- se unen en un único proyecto) No es más el criminal que paga al político, no, son los tres grupos, unidos para hacer un negocio económico y de poder", alertó.
La política es clientelar
Para Lachi, la clientelar es la forma en que la gente entiende la política y esto se da porque en Paraguay la política no es ideológica.
"Ha sido siempre un enfrentamiento entre élites, pero que eran líderes de partidos masivos que se sostenían en primer lugar sobre la afectividad, es decir: uno es colorado porque nació en la familia colorada, porque se le afilió temprano. Son elementos afectivos y simbólicos similares al hincha del futbol. No hay una motivación ideológica o racional", indicó.
"Entonces, se debe asumir que Paraguay es un país clientelar. "La gente la interpreta en el sentido de que el político es la persona que me va a resolver el problema, no el Estado, y si el político no me lo resuelve, cambio de político -dentro del partido de referencia- no hay eso de un político colorado no resuelve, voy a buscar un liberal, puede ocurrir, pero no es la normalidad", agregó, al tiempo de asegurar que, lo normal sí es, no votar, como también se puede dar el voto, incluso cruzado.
Compra de votos
Para el experto también está la compra directa del voto (por G. 100.000 o G. 200.000) que lo señala como una práctica marginal, pero poco confiable y con resultados inciertos, mientras que la clientelar es la más segura pero más costosa.
"La venta del voto no te garantiza el voto, porque ¿cómo sé que realmente me votas? Mientras con la clientela es más seguro porque te resolví un problema y vas a querer que siga en el poder porque te conviene que esté en el poder para resolver cualquier otro problema", añadió.
Sin embargo, es una forma más costosa de mantener porque a veces hay que mover mucho para obtener el resultado.
Sostener el sistema clientelar
Según Lachi, la investigación realizada a casi un 70% de la población paraguaya arrojo que el clientelismo en Paraguay es transversal a todas las clases sociales, aunque con distintas motivaciones:
- Pobres y vulnerables: clientelismo por necesidad
- Clase media alta: clientelismo por Poder
Entonces, refiere que "el que quiere hacer política sabe que necesita muchos recursos para financiar eso, por eso uno debe construirse una reputación".
"Si estoy afuera no puedo, pero si estoy adentro sí, entonces la gente se piensa que sos una persona creíble que tiene una reputación", añadió.
No obstante, advierte que esta reputación y credibilidad se debe mantener y eso es lo costoso. "Si yo no resuelvo los problemas, no me votarán más y para resolver los problemas necesito recursos", opinó.
"Allí empieza el proceso de acercamiento del crimen organizado a la política porque la política necesita plata y el crimen organizado necesita tranquilidad en sus acciones", acotó.
Agregó que antes en la práctica era utilizar el Estado, vender tu voto en el Congreso o incluso hacer licitaciones a amigos y cobrar porcentaje, pero eso ya no es suficiente.