Mabel Causarano: "Es necesaria una pacífica alternancia de líderes y partidos"

Mabel Causarano: "Es necesaria una pacífica alternancia de líderes y partidos"

Mabel Causarano fue ministra de la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), desde el 2013 al 2018. Además de ser destacada por su alto nivel de preparación como arquitecta y urbanista por la Universidad de Roma La Sapienza, es conocida por haber escrito varias publicaciones y por su participación como miembro de importantes organizaciones a nivel mundial. Causarano quiere ganar un escaño en la Cámara de Senadores y forma parte de la lista de candidatos de la Alianza Encuentro Nacional. En comunicación con El Nacional, mencionó que uno de sus primeros deberes como parlamentaria será velar por la observancia de la Constitución y las leyes. Se refirió a las grandes carencias en materia de salud, educación, trabajo, que deben ser erradicadas. Aseguró que es necesaria "una pacífica alternancia de los líderes y partidos que ejercen el poder político en la dirección y administración del Estado", a fin de encontrar un verdadero cambio para el Paraguay.

¿Qué la motivó a candidatarse?

Fui invitada a integrar la lista de candidatos al Senado por la Alianza Encuentro Nacional, conformada por el Partido Encuentro Nacional, el Partido Hagamos y el Movimiento Despertar. Respondí afirmativamente a la invitación porque el Poder Legislativo incide fuertemente en la gestión pública; por tanto, es fundamental sostener el gobierno de la Concertación Nacional con las medidas legislativas pertinentes.

¿Cuáles son los principales ejes en los que pretende trabajar?

Considero que hay ámbitos temáticos que precisan ser atendidos por políticas públicas efectivas. Es el caso de la cultura y del desarrollo territorial. En ambos, la dispersión institucional de las competencias y funciones -en consecuencia, la asignación de los recursos presupuestarios- debilita fuertemente la acción del Estado y no favorece la participación social. El primer deber del Congreso es velar por la observancia de la Constitución y las leyes. Nuestra República se constituye en un Estado social de derecho, unitario, indivisible y descentralizado. Luego de 30 años de vigencia de la máxima norma republicana, la realidad social contradice tajantemente lo establecido en su artículo 1. Son enormes las carencias en materia de salud, educación, trabajo digno, seguridad, medio ambiente, condiciones que dificultan -cuando no impiden- la participación de vastos sectores como miembros plenos en la sociedad.

Descentralización

También es visible que la descentralización no ha desplegado sus potencialidades para impulsar el desarrollo territorial. En general, las municipalidades tienen dificultades para cumplir las funciones que les otorga su Ley Orgánica; tampoco las gobernaciones actúan como coordinadoras de las acciones intermunicipales ni como articuladoras de las ofertas y demandas departamentales con la esfera central del Estado. Estimo que no me equivoco al afirmar que, en estas tres décadas, el histórico centralismo estatal no tuvo fisuras. Las prácticas institucionales y culturales centralistas tienen plena vigencia. El ámbito de trabajo lo conforman las respectivas comisiones del Senado, entre ellas, la de Cultura, Educación, Ciencias, Tecnología y Deportes, la de Asuntos Departamentales, Municipales, Distritales y Regionales, la de Energía, Recursos Naturales, Población, Ambiente, Producción y Desarrollo Sostenible. Para un buen ejercicio, es indispensable nutrirse mediante el diálogo con los actores públicos y sociales, a través de sus organizaciones, al igual que de las audiencias públicas y afinar el uso de los canales de comunicación, tanto los medios masivos como las redes sociales.

¿Qué es indispensable para que ocurra el verdadero cambio en Paraguay?

Como prerrequisito, una pacífica alternancia de los líderes y partidos que ejercen el poder político en la dirección y administración del Estado, que estos asuman el compromiso con una visión de desarrollo equitativo e inclusivo, que cuenten con las capacidades para impulsarla y darle continuidad. Estas capacidades no son solo técnicas, sino, sobre todo, políticas y sociales. En tal sentido, el Congreso es un actor clave, al igual que las organizaciones sociales. El diálogo, la consulta, el contacto directo con las realidades territoriales, la escucha y la indignación ante la violación de los derechos garantizados por la Constitución son condiciones y medios para transitar hacia el cambio, que es un proceso de mediano y largo plazo, de alto dinamismo, que afecta al conjunto de la población y de sus instituciones, especialmente, a los patrones culturales que lo dificultan y a los sectores de poder que sostienen el actual sistema político.

¿Cómo se lucha contra la mafia y la corrupción?

Con instituciones fortalecidas y con un cambio cultural. Recordemos que el nepotismo, el clientelismo, el prebendarismo, la impunidad y la corrupción se han “normalizado”, que se extendieron y profundizaron y que son sostenidos por sectores políticos, sociales y económicos allegados a los gobiernos, tanto de la esfera central como descentralizada. Sería ingenuo suponer que desaparecerán de la noche a la mañana, pero sería irresponsable e imperdonable omitir como prioridad el combate a estas prácticas, que han hipotecado la condición republicana.

¿Cómo ve el sistema de listas desbloqueadas?

Tal vez sea conveniente aguardar este segundo ejercicio electoral para evaluar sus resultados y efectos en la calidad de la representación política y en la promoción del pluralismo en los órganos legislativos, tanto del Congreso como de las Juntas Departamentales. Los análisis políticos que, sin duda, se plantearán una vez cumplidas las elecciones internas y generales, darán los insumos para proponer cambios, si se considerasen pertinentes.¿Cree que es importante que la mujer se involucre más en la política partidaria y por qué?

Sí, somos la mitad de la población; una premisa básica sería que participemos y estemos representadas en la misma proporción, para lo cual deberían existir las condiciones socioculturales y económicas que nos habiliten; es decir, la igualdad de oportunidades y la superación de prejuicios en cuanto a las actividades que serían “apropiadas” para la mujer, entre las cuales no suele figurar la política. Es bajo el porcentaje de mujeres paraguayas que acceden a una educación, servicios de salud de calidad y pueden aspirar a un trabajo digno.

¿Por qué le parece que esto sigue ocurriendo?

Persisten patrones culturales que asimilan la mujer a roles que no siempre les permiten un desarrollo pleno, sobre todo, a quienes se encuentran en situación de pobreza, presentan discapacidades físicas, viven en comunidades nativas, entre otras. Por tanto, el ejercicio de la política se torna extremadamente difícil para la mayoría de las mujeres, aun las de clase media, que deben compatibilizar la atención a las tareas domésticas y laborales con una inversión de tiempo mucho mayor que la del varón. Esta precariedad material y el imaginario dominante privan al país de un aporte significativo de capital humano, porque se pierden potenciales talentos en todas las áreas del desarrollo: la ciencia, el arte, el ejercicio profesional en una amplia gama de disciplinas y sectores, el deporte. El subdesarrollo depende, básicamente, del incumplimiento de los derechos humanos, que, en nuestro caso, afecta a importantes sectores de la población e incide mayormente en las mujeres.

¿Qué piensa del actual escenario político y social del país?

Es un sistema en descomposición, cuya recuperación depende de la convergencia de voluntades y capacidades en torno a una visión de futuro y programas consensuados entre actores políticos, sociales y económicos. Juntos, será posible encontrar el “punto de apalancamiento” que permita la mejora sustantiva y sostenible del sistema. Muchos países en situación de crisis sistémica lo lograron, mediante acuerdos colectivos y el cumplimiento de lo acordado, lo cual favoreció la construcción o reconstrucción del capital social. Este último es una de nuestras mayores debilidades, a causa de la desconfianza entre actores y organizaciones, del consuetudinario incumplimiento de las normas legales y la transitoriedad de las redes de cooperación social.